Chaski Cleta: comprometidos con la rapidez y eficacia en su servicio.

_MG_0169-webPor Myriam Salazar

A meses de su instalación el taller y tienda comienza a hacerse conocido en el multicultural barrio.

Rodrigo Quijada es geógrafo y desde muy joven las bicicletas le ayudaron a salir de más de alguna dificultad.  “Viví hasta los 19 años en Renca con mi familia, después me fui a estudiar a la Universidad Católica de Valparaíso. Estuve viviendo 4 años en Valpo a tiempo completo y el último año me vine para acá y viajaba de vez en cuando. Me titulé en marzo de este año, ya soy geógrafo. Empecé a buscar pega en Santiago pero me pedían como mínimo 2 años de experiencia y pagaban muy poco. Encontraba que por haber estudiado 5 años, que te paguen 400 lucas es un insulto del sistema, así que empecé a vender accesorios ciclistas en las ciclovías”.

“Hice la práctica profesional  pero no hubo continuidad, así que tuve rebuscármelas. Siento que la necesidad ha forjado mi camino. Desde chico andaba en bicicleta y antes de irme a la universidad sobrevivía un poco comprando partes de bicicletas en la feria, las arreglaba, las pintaba y después  vendía”.

 

 

_MG_0145-web¿Cómo aprendiste a reparar bicicletas?

Metiéndome y echando a perder. A veces me resultaba y otras no. Ensayo y error. Nadie me ha enseñado nada, mi papá andaba en bicicleta cuando joven pero ya no cachaba nada, estaba en otra. Tuve que empezar a arreglar las cosas solo y mientras estaba en eso a veces mandaba a arreglar las bicicletas donde un mecánico. Él trabajaba en la feria los sábados y los domingos, un día me invitó a trabajar con él. Gané poca plata pero aprendí mucho. Era divertido le decían “El Rata”, por su aspecto. Me enseñó hartas cosas como enrayar, centrar ruedas, todo dentro de la precariedad. Él no sabía escribir, sólo sumar los precios de las cosas, se manejaba con los números con las letras no, él me enseño. Cuando me fui a Valparaíso eso quedó en stand by. Me llevé la cleta para allá pero la usaba poco porque hay puros cerros, yo andaba en una velocidad y no tenía plata para arreglar la cleta.

De vuelta en Santiago la bicicleta volvió a surgir como una alternativa económica. “Creo que mi polola jugó un rol importante en esto, cuando la conocí su papá vendía repuestos para bicicletas en una ciclovía en La Florida y me invitó a trabajar con él porque no sabía mucho de mecánica. Retomé la mecánica y me di cuenta que me acordaba de las cosas. Con este trabajo me mantuve un poco económicamente mientras no sabía mucho que hacer, estaba como caballo de carrera tratando de terminar la universidad. Ahí de nuevo la necesidad de plata me llevó a reinventarme y me puse a vender accesorios para ciclistas en Lyon con Pocuro donde se juntan dos ciclovías, me iba bien”.

Con este improvisado negocio Rodrigo vio una oportunidad real de generar recursos. Junto a su hermana mayor se propusieron instalar un taller y desde hace unos meses están ubicados en San Pablo 2108. “De una semana para otra mi hermana arrendó el local y yo todavía seguía vendiendo accesorios en la esquina de Providencia, armamos el local de la nada”.

¿Cómo ha sido la recepción del público?

El barrio tiene muchas culturas distintas y nos han recibido bien, tenemos mucho cliente  extranjero que han llegado a Chile de todas partes. Nuestra clientela es 50% local y 50% extranjero. Lo bueno de los extranjeros es que valoran el servicio y se van satisfechos.

“Intento darle valor al oficio, porque es importante mantener en buen estado las bicicletas, promuevo lo bueno que es movilizarse en bici por Santiago. Además mientras estudiaba en la universidad hice mi tesis sobre movilidad sostenible, en alguna parte de mi cabeza me quedó dando vueltas la bicicleta y lo trataba de relacionar de alguna forma”.

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Junto a su hermana y cuñado vieron varias alternativas de nombre para el negocio familiar. “Estábamos en busca de un nombre que nos hiciera sentido, nos quedamos con Chaski Cleta en honor a la rapidez de los corredores incas, tratamos de plasmar esa rapidez y eficiencia al taller. Y también para que a la clientela extranjera le resonara el nombre, aquí llegan muchos peruanos”.

Reparaciones, venta de bicicletas y accesorios de todo tipo son la oferta de Chaski Cleta. “Intento no dejar fuera a nada, incluso reparo sillas de ruedas y los patines de las niñitas, todo lo que funcione a tracción humana lo reparamos. Sigo con la reparación y restauración de bicicletas usadas, las que vendo a precios bastante razonables, acordes al público que viene, generalmente extranjeros recién llegados o personas trabajadoras, mi público es ese.

 

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