Chile despertó en la Primavera de Octubre

Por equipo Indepecleta, organización cultural de ciclistas urbanos de la comuna de Independencia.

Qué difícil es partir esta editorial sin poner ciertos antecedentes en contexto. Asumimos con lucidez, pero también con rabia, pena, miedo e indignación, este tránsito y despertar histórico que vive nuestro país. Sentimos como un deber el recoger y expresar un mensaje de la experiencia acumulada en estos días.

Las miles de personas que usamos la bicicleta día a día, desarrollamos el equilibrio como una destreza clave para nuestra pasión, el mismo que nos impide caer y continuar pedaleando con fuerza y hacia adelante sin importar la superficie que recorramos. A ese equilibrio sumamos una mente fría, que permita tomar buenas decisiones, y esperar el momento exacto, incluso, para mirar atrás. Son parte de las destrezas o instintos que como usuaries de este noble medio desarrollamos. Ahora bien, cuando esto lo compartimos con otres y nos reconocemos en eso que nos apasiona, nos convertimos en comunidad.

Frente a los hechos acontecidos durante octubre, como agrupación Indepecleta tomamos acciones concretas. Considerando el clima de violencia de estado frente a las legítimas demandas del pueblo chileno, y la declaración de estado de emergencia que devino en la posterior salida de militares a la calle, comenzamos a pensar en intervenciones sociales realizables y posibles. Son estos hechos, desde una organización de usuarios de la bicicleta, los que pueden dar aliento, esperanza y utilidad a la comunidad en momentos de crisis y enorme incertidumbre.

Evaluamos las necesidades, vimos las posibilidades, recursos,  competencias y disposiciones, y nos pusimos a pensar en una acción que diera una respuesta al estado de conmoción que la ciudadanía sentía. Esto no podía quedarse limitado a la falta de metro o micros, había que sustentarlo en un apoyo para que el movimiento social no decayera por problemas de movilidad. 

 Frente a la crisis en el transporte público y a los efectos que traería en la ciudadanía los días de movilización con la ausencia de Metro, mucha gente adoptó la bicicleta como una solución a la crisis de movilidad. Para los que utilizamos la bicicleta a diario, sabemos lo que significa cuando esta tiene varios meses o años sin uso, como que con suerte tiene aire y frenos.

Concluimos, por ende, que más allá que una solución eso podría transformarse en un riesgo y posiblemente en un accidente o una mala experiencia. Si a eso sumamos un bombardeo de imágenes por redes sociales y televisión donde las violaciones a los derechos humanos son evidentes, obtienes un clima de desesperación, frustración, rabia y, para muchos, angustia y tristeza.

 ¿Qué hacemos, cómo lo hacemos y dónde? Son preguntas que nos planteamos sin intenciones de oportunismo y sustentadas en un pilar sólido: la solidaridad y el apoyo mutuo, pero por sobre todo la firme convicción de que en algo aportaría en términos comunitarios.

Sabíamos que en momentos de crisis acciones como compartir, estar y acompañar, conversar, sentir y entregar un buen trato,  vuelven a poner en equilibrio nuestras emociones. La colectividad y la comunidad vuelven a tomar sentido, lo que ratifica la pasión en lo que hacemos.

Así fue como luego de unas gestiones con el Laboratorio Ciudadano La Paz 482, gestionamos el espacio para el día domingo 20 de octubre, luego de tres días desde que el país viviera el inicio de uno de los procesos históricos más relevantes desde el retorno a la democracia. El despertar de Chile también despertó a Indepecleta, a través de una acción ciclista localizada.

En la práctica buscamos dar un servicio de mecánica básica: ajuste de frenos, aire y regular una que otra cosa. Simple, nada muy elaborado, pero tremendamente significativo y con un impacto concreto.

La invitación también era a conversar, a apoyar las movilizaciones y las legítimas demandas sociales. A reencontrarnos, abstraernos un poco de la cruda realidad de estos convulsionados días, de abrir un portal para reencontrarnos como vecines, como usuarios de la bicicleta y, por sobre todo, como comunidad.

 A eso sumamos la colaboración en la elaboración de rutas seguras de traslado, ya que para mucha gente era su primera vez al trabajo o a la universidad en bicicleta. Es una acción simple, basada en compartir saberes, trayectos, dar el apañe y el empuje a subirse a la cleta, de la forma más segura posible.

El espacio se mantuvo varios días. La respuesta fue positiva y la gente lo pidió. En estos contextos siempre llega alguien nuevo y lo cierto es que, sin esas ayudas nosotros no hubiésemos dado abasto por la alta concurrencia. Para suerte de todes, se nos unieron muchos voluntaries, interesados en seguir fortaleciendo el proceso que vivimos y que podían poner sus armas —llaves, bombines y cámaras— más su conocimiento y habilidad para aportar en esta idea. Hablamos de Gyrobike, Enhebra Estampa, integrantes del Colectivo Muévete, Femibike, Foco Migrante, y otros cleteros/as que aportaron una vez que llegaron al espacio.

Fueron, al menos, diez días de intensa represión a manos de agentes del Estado, Fuerzas Armadas y policiales, que vulneraron sistemáticamente los derechos humanos de miles de chilenos, amparados en un gobierno de derecha que mostró su lado más oscuro, tal como cuando transitamos por la época más siniestra de nuestra historia republicana, entre 1973 y 1990.  “Solo una cosa no hay. Y es el olvido”, como escribiera el prodigio Borges en 1964. Y es ese el llamado, a no olvidar, a fortalecer la memoria colectiva y los diversos mecanismos que la generan. A no decaer y seguir en la lucha, en un proceso de transformación que recién comienza y del que tenemos el deber ético de ser parte. Ese compromiso asumimos como Indepecleta.

Quienes nos movemos en las comunas al norte del río sabemos que nos enfrentamos cotidianamente a una ciudad  que no está pensada para las personas, mucho menos para las bicicletas. Pedalear al otro lado del río es también un acto revolucionario, contestatario de las muchas veces invisibles desigualdades territoriales, la segregación y la inequidad de la periferia.

Sabemos que al otro lado del río la bicicleta es más que una moda. La concebimos como una estrategia de economía doméstica, que genera ahorro a las familias y a las comunidades de los sectores más empobrecidos de la ciudad. Esto, como respuesta a un sistema que tiene el transporte público más caro de la región y donde la desigualdad es una vulneración de los derechos humanos por sí misma. Estamos seguros de que #PedaleandoSeAhorra, pero que también se cambia el mundo.

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