Ciudades a escala humana

 Por Sebastián Seriani Awad, Profesor Investigador, Grupo de Estudios de Transporte, Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas, Universidad de los Andes. Miembro, Corporación Laboratorio de Estudios Territoriales LET

 La radiografía de la ciudad chilena actual es un clásico ejemplo de cuando el diseño de la gran urbe se basa en el enfoque tradicional de tránsito, en otras palabras, cuando se privilegia la circulación del auto por sobre otros medios de movilización y transporte. Es así como se ha transformado en algo común, ver ciudades con calles de 3 y hasta 7 pistas para autos, y donde cada vehículo va a alta velocidad y con una tasa de ocupación no alcanza los 2 pasajeros por vehículo. Como consecuencia, la tasa de fallecidos en accidentes de tránsito se ha mantenido estable, en el rango de 1400 a 1800 personas por año desde 2007, según datos de CONASET.

Seguir pensando que la solución a los problemas de tránsito es aumentar las pistas para autos, solo logrará mantener esta tendencia o empeorarla. Es por ello, que las ciudades se encuentran en un punto clave, donde la pregunta es: ¿queremos una ciudad para autos? o ¿queremos una ciudad para ciclistas, peatones y transporte público? Se debe elegir una opción y ponerse de acuerdo. Por mi parte, yo voto la segunda opción. 

En el caso de la bicicleta, si miramos los ejemplos internacionales, nos damos cuenta de que no es casualidad que Amsterdam sea un ejemplo de ciudad para ciclistas. En los años 70, en dicha ciudad, colapsada por automóviles, se hicieron la misma pregunta. La respuesta fue una estrategia exitosa donde se quitó espacio para autos y crearon nuevas ciclovías que lograron reducir la tasa de fallecidos por accidentes de tránsito a casi cero.

Una estrategia similar hemos propuesto en diferentes municipios. Por ejemplo, se podrían implementar ciclobandas por la calle como una estrategia más económica al utilizar la vialidad existente. La idea es limitar la velocidad máxima a 30 km/h y reducir el número de pistas para autos. Esto permitiría crear ciclobandas unidireccionales de al menos 1,5 m de ancho, lo cual hemos calculado que permitiría una capacidad de 3,500 ciclistas por hora por pista.

La ciudad pensada para el automóvil no puede subsistir más. El problema debe considerarse como una cuestión de salud pública. Si se miran las cifras, en el caso de Santiago, según la última Encuesta Origen Destino, la tasa de ocupación promedio de los autos es solo de 1,5 pasajeros y casi un tercio de los viajes diarios se realiza en auto. Por otro lado, otro tercio usa la caminata como medio de transporte y un 4% la bicicleta. Este último medio va en aumento a tasa de 10% anual, llegando actualmente a casi un millón de ciclistas diarios en las calles.

Lamentablemente, el aumento en la demanda de ciclistas no ha ido en la misma proporción que la infraestructura, donde aún se debe transitar por ciclovías desconectadas y de bajo estándar. Justamente ese es el desafío que debemos proponer: diseñar ciudades a escala humana, donde las distancias sean caminables y las facilidades para andar en bicicleta permitan tener un viaje seguro, cómodo y eficiente.  

 

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