Claudio Orrego: “Sin la sociedad civil no hubiésemos sido capaces de poner el tema de la bicicleta en la agenda”.

Este mes llegan a su fin sus cuatro años en el cargo. Y aunque no sabe muy bien qué va a hacer en el futuro, sí sabe que ahora, sin las restricciones propias del cargo, puede polemizar más e incluso darse una vuelta por las cicletadas del primer martes sin pudor.

Por Michelle Raposo

Fotos Víctor Rojas

Es el primer viernes de febrero y las actividades oficiales de la Fórmula E están partiendo. El Intendente de Santiago, Claudio Orrego, junto a autoridades de otros países, habla de las ciudades inteligentes en el FIA Smart City Forum, al día siguiente se subirá al podio del Santiago E Prix a entregar uno de los premios a los pilotos y el domingo finalmente saldrá de vacaciones a descansar de la prensa, las eventualidades de la carrera y las contingencias propias del cargo.

Se podría decir que el ruido de la competencia fue más fuerte que los mismos autos que corrieron en ella. “Pero no siempre el ruido es malo. La gente ha hablado más de la importancia de la electromovilidad en las últimas dos semanas que en los últimos 20 años y eso ya es un legado”, cuenta Orrego, quien se hizo un tiempo para respondernos algunas preguntas.

Un dato de esa discusión, por ejemplo, es que los autos eléctricos tienen entre 4 y 8 veces más cobre que un auto a combustión. Eso, sumado a las reservas de litio del país, nos dejan potencialmente como uno de los actores en el tema.

“Esta es la revolución del futuro. Chile siempre ha llegado tarde a todas las revoluciones. Llegó tarde a la Revolución Industrial, llegó tarde a la Revolución Digital. Esta es quizás la primera revolución en que podemos entrar por la puerta ancha. Yo espero que Corfo invierta millones de dólares con los privados para desarrollar las mejores baterías del mundo. Y que quizás las empresas se vengan a Chile a construir sus autos y el país entre a esta nueva revolución del planeta, que además es amigable con la naturaleza y el cambio climático”.

La transición de internacionalizar a Santiago, con actividades como la Fórmula E, tuvo sus costos, reconoce el Intendente. “Hay aprendizaje de las cosas que organizamos sin duda alguna. Todo es mejorable, pero no por eso las vamos a dejar de hacer. Hagámoslas, obviamente con la comprensión por los errores que podamos cometer, y sobre todo, mejorémosla. Pero si uno se dejara llevar por el temor a cometer errores, en verdad, no salgamos de la casa”.

Con la bicicleta también ha pasado que hay reticencia de algunas partes de la ciudad a los cambios ¿cómo se logra llevar a cabo la toma de decisiones en este aspecto?

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Se mezclan tres cosas: visión, convicción y coraje.

Visión. Qué tipo de ciudad te imaginas. Para nosotros la persona es el centro. Invertir la pirámide de movilidad. O sea, desde el punto de vista de la vulnerabilidad y la masividad, primero los que caminan, luego la bicicleta, el transporte público y el transporte privado. Y uno tiene que poner la billetera donde pone la boca. Entonces, si esa es de verdad nuestra visión, invirtamos en ella. Estamos lejos aún de ser consecuentes con esa pirámide, pero creo que por lo menos la hemos instalado en el debate público y hemos empezado a cambiar..

Convicción. Esto significa, que no se quede en una visión quimérica. Se necesita un plan de trabajo, con proyectos, tiempo y personas. Y por último, practicar lo que se predica. Creo que parte de la convicción, que creemos haber puesto, es que soy ciclista urbano y sé los problemas que tiene la ciudad.

Y tercero, coraje. Porque hacer ciudad es un hecho político y las visiones no son neutras. Uno afecta intereses. Y hay gente, en una sociedad individualista, que prefiere el interés particular por sobre el colectivo. Entonces, cuando uno dice vamos a reservar una parte de la calle para un bus que lleva 60 pasajeros, y no para ti que vas solo, alguien va a reclamar. Pero si uno no tiene visión, convicción y coraje, a la primera crítica, al primer posteo en Twitter, se retracta.

En ese sentido, cuenta el Intendente, poner la cara por la bicicleta o la movilidad ha tenido un costo. “Yo tengo un gran amigo mío, que no es fan de las bicicletas, que es Iván Poduje, y ha sido interesante porque él ha terminado convenciéndome que no soy un ‘extremista’ de la bicicleta. Soy un convencido que deben tener un espacio en la ciudad que hoy no lo tiene. Pero ¿puede alguien de Maipú venirse a Lo Barnechea en bicicleta? ¡No! ¡Nunca lo he planteado¡ El 70% de los viajes en bicicleta en el mundo son de menos de seis kilómetros”.

“Entonces se empezó a dar cuenta que hay extremistas del automóvil, del metro, de los buses y de las bicicletas. Yo en lo particular, creo en la intermodalidad y que cada modo debe tener su espacio. Lo que pasa es que está demasiado desbalanceada la cancha. Hoy sigue siendo un deporte aventura andar en bicicleta en Santiago a pesar de todo lo que hemos hecho”.

Entre esas obras se pueden contar 173 kilómetros nuevos de ciclovías, Mapocho Pedaleable y la Ciclovía de la Infancia.

“Siempre he dicho. Con 500 millones de dólares se construyeron 700 km de ciclovía. Y ahora Santiago es de las ciudades más interconectadas en todo América Latina. Pero eso supone que la clase política reconozca primero que la bicicleta tiene un rol. Y mientras no construyamos infraestructura segura, el niño, el adulto mayor, el joven más temeroso, no se va a subir a la bicicleta”, comenta.

“Hoy es un signo de modernidad, de amabilidad y espíritu ambiental. Y además es un signo de felicidad. Eso la gente no lo valora si no lo ha vivido. Conozco a mucha gente que ha empezado a pedalear, y creo que las bicicletas naranjas, con todos los problemas que ha tenido Bike Santiago, ha sido otro paso más en la dirección correcta. Eso es lo que estamos pidiendo. No es una guerra contra el auto, contra el metro. Es, démosle un espacio a la bicicleta”.

 

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Una cosa es lo que dice el papel ¿pero qué es lo que en la práctica tuvo que hacer como Intendente?

Mi gran duda de aceptar el cargo que me ofreció la Presidenta, era que todos sabemos que parte importante de la poca duración de los Intendentes, tiene que ver con aquello que consume gran parte del tiempo, que es el orden público en los estadios, las marchas y las emergencias.

Ahora te voy a ser franco. Eso es lo que menos me gusta del trabajo, sin embargo, es parte de la pega y hay que hacerla y aprender a hacerla bien. Y créeme, nunca nadie me ha felicitado por alguna cosa de un estadio. Aunque lo hayamos hecho bien. Generalmente es crítica igual.

Ahora, dicho eso, quizás lo que nos permitió haber durado los cuatro años fue la otra parte de mi trabajo como Ministro de Vivienda y los ocho años de alcalde, haciendo planificación urbana y articulando alianzas público-privado.

Si tuviera un sueño. No importa quién sea el próximo Intendente. Lo importante es que la ciudadanía le exija. Que no se vuelva a cerrar en los estadios y las marchas. Recuperar lo que fue la figura de Vicuña Mackenna, quién es el gran diseñador de la ciudad de Santiago. Obviamente son zapatos de gigante y no me quiero ni comparar.

Ahora, ningún Intendente va a poder solo. Tiene que articular a los alcaldes y los ministerios, que es una tarea súper difícil. Tampoco tienen mucho poder. Por eso estoy tan convencido que, por débil que sea la institucionalidad, un gobernador electo, es mejor que un Intendente designado.

 

_MG_6516-web¿Qué faltó por hacer?

Primero déjame hacer un reconocimiento. Creo de verdad, que a diferencia de otros países y otros sistemas, esta es de las pocas políticas que de verdad ha sido ‘bottom up’. Los que andan en bicicleta dijeron presente.

Aquí hay una sociedad civil súper empoderada, súper aguja, súper crítica, y yo también la he padecido ¿Pero sabes qué? Al final la celebro y la protejo. Porque sin la sociedad civil no hubiésemos sido capaces de poner el tema en la agenda.

La mesa de Santiago Pedaleable funcionó cuatro años, todos los meses, con instituciones súper distintas. Y el desafío es que esto no puede depender de un Intendente, tiene que depender de la sociedad civil.

En eso Santiago tiene un activo. Desconozco quien viene. No sé si será un convencido o no, pero va a haber una sociedad civil que le va seguir y eso me parece súper potente.

¿Algún mensaje para el futuro Intendente?

Tiene que salir un poco de la zona de confort. Y el gran desafío, lo que siento que no logré, pese a unificar lo estándares de ciclovías para todas las comunas, instalar la inversión de la pirámide de movilidad, entre otras cosas, es que el tema de las ciclovías de Santiago se discuta con los ministerios de Hacienda y Obras Públicas de verdad.

Sigue siendo proyecto por proyecto. Es un parto de los mil dioses poner de acuerdo a cinco municipios y después todos los procesos de aprobación. Me encantaría el mismo ejercicio, hacerlo de una vez para la red entera, pero eso significa otro nivel de lucas.

 

Una vez fuera de la Intendencia, Orrego quiere dedicarse un tiempo para él y sistematizar todo lo aprendido. Entre risas cuenta que en una actividad de cierre de gestión con su equipo tuvieron que resumir estos cuatro años, y la frase fue: “estos cuatro años han sido como cuatro minutos… debajo del agua”.

“Han sido cuatro años intensos, porque nos auto impusimos una agenda muy ambiciosa en todos los frentes. Segundo, porque tengo un estilo de mucho terreno y dar la cara en todos los problemas, y porque además, aunque no me lo hubiera propuesto, una ciudad como esta tiene mil problemas desde eventos masivos complejos hasta emergencias como los cortes de agua”.

“Así que no he tenido un segundo para poder mirar lo que hemos hecho. Creo que no es poco, tengo la intuición que no es poco, pero no logro dimensionarlo y te reta a pensar los desafíos para delante”.

“Lo que sí he podido ver, es que la gobernanza metropolitana, los temas de la nueva agenda de desarrollo y cambio climático, pasan todos por cómo nos organicemos en las ciudades. Especialmente en países como Chile, que tiene el 90% de la población viviendo en ciudades. Entonces lo que se haga o se deje de hacer en estos lugares va a ser determinante para la calidad de vida y el futuro de nuestro país”.

“Yo soy un político al final del día. Y más allá de que sea ciclista y me guste el urbanismo, me falta construir ese vínculo entre lo que hemos hecho en el territorio y las grandes políticas nacionales. Así que espero que el tiempo que venga, sea de reflexión, de escribir, de polemizar un poco más, porque no voy a tener las restricciones del cargo y de andar en las cicletadas de los primeros martes sin ningún escrúpulo o pudor”.

¿Siente el legado de ser tataranieto de Vicuña Mackenna?

Siempre he dicho que hay muy pocos políticos de la historia de Chile que tenga más reconocimiento popular a lo largo de Chile. Diría que fue una persona que logró capturar, desde la gestión del territorio, la imaginación de un país que no era, pero que podía ser.

Cuando él dijo -en el contexto de la época un poquito aristocrática- quiero que Santiago sea el París de América Latina, es, yo quiero que Santiago sea la mejor ciudad del mundo.

La foto que más me gusta de Vicuña Mackenna, fue la que se sacó en Laguna Negra en San José del Maipo. Un viaje a caballo de tres días para ver la reserva de agua de Santiago en 1873. ¡Que Dios nos regale una visión como esa!

Y como decía Winston Churchill, la diferencia entre políticos y estadistas -y Vicuña Mackenna era un estadista- es que los políticos solo se preocupan de las próximas elecciones, y los estadistas de las próximas generaciones.

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Y en cien años más ¿cómo te gustaría que vieran a Claudio Orrego?

Alguien me decía el otro día que recuperamos el sentido del Intentende. En el sentido de la ciudad y lo que define la democracia urbana. Y la calidad de vida en una ciudad, son los espacios públicos, son los ríos, los cerros islas, los parques, las ciclovías y las veredas. Eso hace la ciudad, y no la mera aglomeración de espacios privados.

Creo que mi gestión, y la del equipo, fue la de volver a poner el espacio público como lugar de encuentro en lo ciudadano, y como una dimensión de la democracia urbana que se había perdido.