El reto

Por Gabriela Rosende Bustos

Secretaria Ejecutiva CONASET

 

Durante la infancia la mayoría de quienes hoy pedalean aprendieron a desplazarse en dos ruedas con la ayuda de sus padres, familiares o amigos.

Esos primeros años fueron de duras caídas y esfuerzo por equilibrar cuerpo y fierros en un espacio siempre dominado por los vehículos.

Muchos lograron el objetivo y montaron la bicicleta, pero algunos, nunca pudieron o no siguieron intentado producto de algún imprevisto, accidente o reto.

Mi experiencia arriba de la “bici” duró hasta los diez años, a consecuencia de un “experimentado” conductor que osó agredirme verbalmente cuando ocupaba parte de la calle para pasear junto a algunos amigos del barrio, en la Población Dávila.

Ese “reto” me marcó y quedó muy grabado. Nunca más me subí a una bicicleta y ese ejemplo de mala convivencia y nula seguridad, se repite hasta hoy.

Por eso es tan importante, dado el incremento que ha tenido este modo de transporte entre los habitantes de nuestro país, que todos tomemos conciencia que basta un pequeño error, una distracción, una arriesgada maniobra o un simple “reto”, para que el traslado en bicicleta se frustre o se transforme en un peligro.

En esos años no se hablaba de derechos y deberes. Hoy todos los esgrimimos a diario. Pero falta algo más: la educación vial efectiva sobre el transporte no motorizado y su relación con los otros modos.

Es en ese nicho, donde debemos profundizar para evitar situaciones que trasgredan y atenten contra los usuarios de las vías, sobre todo los más vulnerables.

Experiencias negativas ya no queremos. La energía humana ha empoderado a los ciudadanos quienes cada vez más se vuelcan a las calles para compartir el espacio y trasladarse a diferentes actividades por nuestras comunas montados en sus bicicletas, con el sabido beneficio extra para la salud y el medio ambiente.

Otro punto clave es la seguridad en el tránsito. Sin duda, la prudencia de quienes manejan bicicletas y la utilización de casco, luces y reflectancia ayudarán a la protección del pedalero. Sólo un dato: el año 2015 fueron 125 los ciclistas que fallecieron en siniestros de tránsito, dejando a muchas familias en el triste desamparo.

 

Es muy importante trabajar para educar principalmente a nuestros niños y adolescentes; insistir en generar conciencia entre los conductores de todo tipo de vehículos, empoderar a las organizaciones civiles, a los clubes de ciclistas y a todos quienes contribuyan a promover una mejor cultura vial.

Como Gobierno llevamos un tiempo trabajando en ello.  Creemos que es indispensable reducir la velocidad en el tránsito y para eso hemos impulsado un proyecto de ley de convivencia vial, en el cual uno de los cambios fundamentales es disminuir a 50 km/h la velocidad en las zonas urbanas y propiciar que los municipios generen zonas de tráfico calmado (30 km/h), lo que redundará en menos accidentes con consecuencias lamentables.

Nuestro desafío es entender que todos somos parte del problema y debemos ser parte de la solución, así cuando todos unimos esfuerzos, logramos el cambio necesario.  Todos sumamos a la hora de fomentar el uso de medios de transporte sustentables e inclusivos.

Estamos convencidos que podemos transformar nuestras ciudades de la mano de la seguridad, el respeto, la responsabilidad para lograr un noble objetivo: compartir el espacio y salvar vidas en el tránsito. Acabemos con la competencia y, definitivamente, compartamos el espacio vial.

Queremos ciudades más amables y usuarios de las vías educados. Hoy el “reto” es entregar herramientas para la promoción segura del transporte no motorizado y avanzar hacia una convivencia respetuosa.

Y quien dice que un día de estos pedalee nuevamente por mi querida Población Dávila.