Háganme un huequito….Viajar con la bici en Metro ¿será posible?

La fantasía de muchos ciclistas, pero ¿qué tan factible es y de qué depende? Rodrigo Díaz, también conocido como Pedestre, nos cuenta que estos sistemas obedecen a un solo factor. Valparaíso en tanto, es la primera ciudad en Chile donde este servicio ya está implementado.

 

Por Michelle Raposo

 

El sueño de viajar con la bicicleta en el metro es algo que lleva años y para algunos quizás ya sea imposible. Pero este año, este sueño se hizo momentáneamente realidad cuando, en dos oportunidades, el Metro de Santiago permitió que los ciclistas viajaran en la red subterránea junto a sus cletas; primero para el Foro Mundial de la Bicicleta 2016 (el 3 de abril) y luego para el Día Mundial del Medioambiente (5 de junio).

 

Pero ¿es posible que esta iniciativa sea algo de todos los días? “Depende”, dice Rodrigo Díaz, arquitecto de la U. Católica, consultor en Desarrollo Urbano y Movilidad, orgulloso peatón y autor del blog “Pedestre”, nombre por el cual también es reconocido en las redes sociales. “Depende de un sólo factor, y es el grado de ocupación que tenga ese Metro”.

 

Rodrigo Díaz / Foto: Nicolás Tavira

Estrujando el metro cuadrado

“Cuando vemos imágenes de gente que anda con sus bicicletas en un vagón o que se dedica un vagón especial para eso, es generalmente en Metros que tienen muy baja ocupación”, cuenta el experto.

 

Entre los ejemplos que pone se encuentran los servicios de las ciudades de Miami o San Francisco (Bay Area Rapid Transit), en Estados Unidos. “Efectivamente la gente puede subirse con su bicicleta cualquier día y a cualquier hora. Pero son Metros que tienen bajísima ocupación. El metro de Miami lo ocupan 80 mil personas al día y el de San Francisco algo así como 400 mil pasajeros”. En contraste, el Metro de Santiago es usado por 2.2 millones personas diariamente.

 

“Entonces no es que unas ciudades sean más o menos amigables con la bicicleta, sino que sencillamente no caben. Y más que no caben, el problema es que dificultan mucho la entrada y subida de pasajeros y al dificultarla, demoran todo el proceso de frecuencias”, agrega Díaz.

 

Sondeando la noche

Sin embargo no todo está completamente perdido comenta Pedestre. “Ahora bien, el Metro de Santiago es de alta demanda, particularmente la Línea 1, pero efectivamente tiene horas valles y en esas horas es perfectamente posible permitir la entrada de bicicletas”.

 

Algo que le gustaría explorar al consultor es ver qué pasa con el metro en la noche. “Por ejemplo que a partir de las 10 de la noche, esto fuese posible. Es un periodo breve, pero de todas maneras puede ser significativo, porque es un horario en que pedalear es más complicado, en invierno hace bastante frío, hay más peligro en ser atropellado, entonces efectivamente si dejáramos entrar bicicletas a partir de las 10 de la noche no afectaría en nada el funcionamiento y podría dar un servicio bastante útil”, agrega.

 

Otra opción es dejar los domingos para este tipo de viajes. Una experiencia que ya se lleva a cabo en el Metro de Ciudad de México, lugar donde vive actualmente el arquitecto. “Este un Metro que ocupan más de 4.600.000 personas al día y los domingos sí se puede meter la bicicleta adentro del metro y esto no causa ningún inconveniente. En la medida que se hace permanente, la gente empieza a conocerlo y se hace una costumbre, entonces aumenta la cantidad de gente ocupándolo”.

 

“Ahora bien, no tenemos que hacernos muchas expectativas que sean miles y miles de personas los que lo usan, son más bien pocos usuarios que vienen de las zonas periféricas y van al centro a participar básicamente en eventos ciclistas domingueros en que cierran las calles y hacen las ciclovías ciudadanas”, acota el arquitecto.

 

Viajando con la chanchita el fin de semana

Sin embargo no es necesario mirar tan lejos para ver a las cletas en el transporte público chileno. Desde 2013 que el Metro de Valparaíso tiene implementado el servicio MetroBici, que permite viajar con bicicletas los fines de semanas y festivos, entre cualquiera de sus estaciones. “Ya tenemos 1.987 usuarios con la tarjeta MetroBici, y la cifra sigue en aumento, siendo los tramos más utilizados el borde costero y Limache”, cuenta Marisa Kausel, gerenta general de Metro Valparaíso.

 

Para hacer uso del sistema solo hay que inscribirse en las oficinas de atención al cliente ubicadas en las estaciones Limache, Viña del Mar y Puerto, donde podrán adquirir una tarjeta personalizada por $5 mil. Para ello deben presentar su cédula de identidad y aceptar las condiciones del contrato. “Desde el primer viaje los usuarios deberán realizar la carga que se cobrará en base a la tarifa general”, explica Kausel.

 

La idea, que partió gracias a una campaña ciudadana, ha tenido una buena recepción entre los usuarios que se mueven en las dos ruedas. “Entre los principales desafíos que tuvimos para la implementación del MetroBici, destaca la instalación de señalética en estaciones y trenes para orientar a los usuarios respecto a vías de acceso y demarcación de zona de bicis. Además, otro aspecto importante fue la comunicación a los usuarios, con información sobre las condiciones del servicio”, agrega Marisa Kausel.

 

Otro detalle que destacan en Metro Valparaíso y que ayuda a la práctica ciclista, es que cuentan con bicicleteros en todas las estaciones para que los usuarios que usan la bici durante la semana puedan dejarlas allí y combinar con el metro.

 

Recortando las distancias

En este sentido ¿qué es lo que más importante en este tipo de proyectos? La alternativa no es tanto dejar entrar a las bicicletas, que es bueno en la medida que haya espacio para ello, sino más bien fortalecer la intermodalidad en las estaciones. Y eso puede ser mucho más útil comenta Díaz. “Es decir, más que dejar que te subas con tu bicicleta al metro, es darte la posibilidad de que las puedas estacionar en las afueras de la estación, y cuando llegues a tu destino en zonas céntricas, te tomes una bicicleta pública”.

 

En cuanto a los biciestacionamientos, aún falta presencia en las zonas periféricas de la capital observa el planificador urbano. “Es decir, aumentar la cantidad en toda la red, particularmente en las cabeceras. Uno esperaría que en las estaciones Puente Alto o Plaza Maipú hubiera grandes biciestacionamientos y que hubiera también una buena red de ciclovías para que la gente pueda llegar segura. Colgar su bicicleta e incluso que el estacionamiento sea gratuito, que sea parte de la tarifa que tú pagas y de ahí tomas el metro y donde llegas te tomas una bicicleta pública o te vas caminando”.

 

En cuanto a los viajes en el tren subterráneo, “le puede sonar más atractivo a alguien de Puente Alto que a alguien que vive en Providencia o Ñuñoa, y que es un ciclista ya más o menos avezado y que meterse en bicicleta al metro puede ser una cosa medio complicada, engorrosa. En ese caso mejor hacer una buena red de ciclovías”, acota el consultor.

 

Y ese es un punto importante a entender recalca Díaz: “la mayor parte de los sistemas en que dejan meter bicicletas es para gente que hace grandes recorridos. No se espera que la gente se suba en las zonas céntricas, salvo cuando ya van de vuelta a la casa. Pero insisto, depende exclusivamente si hay espacio”.

 

“No se me ocurre nada más terrorífico que meterse con la bicicleta a la estación Tobalaba a las 6.30 de la tarde. Nadie en su sano juicio se metería en el metro de Santiago con una bicicleta a las seis de la tarde, pero a las 10 de la noche ¿por qué no?”.