Ignacio Franzani, conductor de radio y televisión: “Si tienes la suerte de moverte entre dos comunas en tu día a día, no andar en bicicleta es irresponsable, es negligente”.

Es uno de los periodistas más carismáticos a nivel nacional y con una amplia trayectoria en medios de comunicación.  Hoy, el conductor de Radio Zero de los programas “Gran Capital” y “La Contienda es Desigual” nos cuenta por qué renunció al auto para moverse por Santiago.

Por Catalina Le Bert

Durante los ochenta la calle era el lugar de encuentro. La infancia del pasado, a diferencia de lo que sucede con la generación de hoy en día, era sin Internet ni dispositivos electrónicos. La bicicleta, una de las grandes protagonistas de aquella época, fue uno de los bienes más preciados y marcó la niñez de muchos.

“Mi primera bicicleta me remonta a Antofagasta. Estaba en primero básico y tenía 5 o 6 años cuando me la regalaron. Fue muy bonito porque era una época sin video juegos, sin Internet y donde uno siempre andaba en la calle. Era un barrio donde tú andabas con los amigos y todos tenían su bicicleta. Me acuerdo de un cumpleaños, en que entro al departamento y mis papás me dicen tienes que buscar tu regalo. La bicicleta la tenían tapada con una sábana y yo súper niño no me di cuenta. Me pegué con el manubrio en la frente, buscando debajo de la sábana alguna caja de regalo. Y apareció la bicicleta que fue una sorpresa total. Yo no esperaba ese regalo”, comenta el conductor de Radio Zero.

¿Cómo era tu primera bicicleta?

“Era una bicicleta roja que ellos habían mandado a construir con distintas piezas, algunas antiguas y otras modernas. No era una bicicleta de retail porque en esa época, como que no había bicis de retail tampoco. El manubrio era antiguo, como grandote, pero el marco era más moderno, como deportivo. Y tenía ruedas para andar por la tierra como de mountain bike, antes de que existieran. Yo le ponía stickers y para mí era la bicicleta más taquilla del mundo, no existía ninguna mejor que la mía. Andaba todo el día en bicicleta. Me cambió la vida”.

Además de Antofagasta, Ignacio vivió en Calama, una ciudad con clima desértico y donde prácticamente no llueve. La bicicleta entonces pasó a ser su medio de transporte otorgándole independencia y libertad.

“En Calama llovía como dos días en todo el año. Entonces, cuando eso pasaba, se inundaba todo y nosotros salíamos en nuestras bicicletas como en los Goonies. Películas como esa o como Stand by Me, es lo mismo que nosotros hacíamos. O sea, salíamos con mis amigos y nos perdíamos. Volvíamos embarrados, todos mojados, estilando, y nos pegábamos unos resfríos brutales, porque que lloviera un día en el año era como una situación milagrosa. Y por su puesto, salíamos en nuestras bicicletas a saltar ríos o pequeñas lagunas que se armaban con el agua”.

Luego de estudiar periodismo en la Universidad Andrés Bello, Ignacio Franzani hizo su práctica en la Radio Universidad de Chile, medio de comunicación en el que trabajó por cuatro años.

“Trabajando, me compré mi primera bicicleta con mi plata, que era la que yo quería, del color que yo quería y que amaba. Pero a los dos meses me la robaron en mi trabajo en la radio de la Chile. Fue durísimo. Y después me compré una bicicleta que es una de las dos que tengo hasta ahora. Es una bici híbrida, que tiene estructura de mountain bike, pero con asiento y ruedas lisas de paseo. Es un modelo súper cómodo para la ciudad, pero también puedes subirla a un cerro o ir a la playa. Y mi otra bicicleta, que es la que hoy uso siempre en la ciudad es una Yerka, que tiene el candado incorporado. Vas por la calle totalmente liviano y sin candado, que por lo general son muy pesados y hay que andar trayéndolos en la mochila o colgando en la misma bici. Y cuando llegas a un lugar, igual sabes que te lo pueden romper, entonces hay que buscar un estacionamiento que sea visible. Para mí la Yerka fue pasar a otro nivel. Te estacionas en cualquier lado, es todo rápido, es la raja. En el fondo, la promesa es que si te roban la bicicleta la tienen que destruir, entonces queda inservible, porque el candando es parte del marco y del asiento de la bicicleta. Yo incluso la he dejado varios días estacionada en un lugar porque me he tenido que ir a otro lado y sigue ahí”.

La bicicleta y el transporte público

Este año, Franzani dejó definitivamente el auto como medio de transporte para moverse dentro de la ciudad. En su remplazo, decidió combinar la bicicleta con el metro, dejando atrás el cansancio que le producía manejar. Además, ha implementado este cambio en cada uno de sus viajes.

“Me muevo en bici y en metro. Cambia la vida porque hay un factor de estrés que desaparece, y eso es increíble. En el metro me pongo mis audífonos, voy mirando a la gente, voy leyendo algo en el teléfono o me llevo un libro. Ando muy relajado. Antes en el auto siempre iba estresado. Hay gente que le gusta manejar y que no tiene rollo, pero yo me estreso hasta manejando en carretera. Además llego súper cansado. Creo que lo más fascinante de andar en bici es que te da una posición o una perspectiva que no se da siendo peatón ni menos usando el auto. Y es algo que yo he implementado siempre y sobre todo cuando viajo. Cuando tengo tiempo de ocio, de turista, lo primero que hago es arrendarme una bicicleta. Lo hice en París, en Bruselas, en Holanda, en Nueva York y cuando he estado en Perú. La primera vez fue en Buenos Aires. Ellos tienen un sistema que se llama la bicicleta naranja, donde arriendas una bici por ciertas horas y después la vas a devolver a alguno de los varios centros que tienen. Yo había ido varias veces a Buenos Aires, pero solo caminando. Y la primera vez que arrendé bicicleta, descubrí otra ciudad, llegando a los puntos mucho más rápido, con unas ciclovías brutales. Y tienen un lugar, creo que en Palermo, que los fines de semana van todo tipo de ciclos, gente en monopatín, en patines, en bicicleta y es la raja la sensación, porque todos se están moviendo encima de algo con ruedas. Esa fue mi primera experiencia en visitar una ciudad que no fuese la mía en bicicleta y lo tengo como un método de viajero. Tu ciudad ya la conoces y aunque siempre la vas redescubriendo, es alucinante cuando es un lugar totalmente nuevo, es mucho más bonito”.

¿Qué otra recomendación podrías dar?

“Yo entiendo que la gente muchas veces no pueda andar en bicicleta porque tiene que pegarse piques gigantes, como por ejemplo, desde Puente Alto hasta Providencia. Y no le puedes pedir a esa persona que se traslade en bici. Pero si tienes la suerte de moverte entre dos comunas en tu día a día, no andar en bicicleta es irresponsable, es negligente, es como no tener conciencia de varias cosas, medioambientales, de tráfico, de congestión o de calidad de vida. Si sirve de recomendación, yo soy cero talibán con la bicicleta, porque creo que eso también distancia a la gente que no anda en bicicleta. Pero sí creo que hay que ser súper respetuoso de las reglas del tránsito porque es la única forma de protegerse y yo fui un poco irresponsable con el casco. De hecho, me pasaron un parte en el cerro San Cristóbal. Por huevón. Cuando termina la jornada están los carabineros como arreando pelotudos sin casco. Cuesta 50 mil pesos, no es barato, o sea vale un súper buen casco. Después de ese aprendizaje, no me lo he vuelto a sacar. Aprendí la lección. De hecho, cuando estaba en el cerro decía, que irresponsable soy, está todo el mundo con casco. Además, la gente baja a gran velocidad entonces igual iba asustado. Así que cuando me pasaron el parte, además de la lata enorme, igual dije, me lo merezco, porque estoy poniéndome en riesgo seriamente”.

Peluquería Romana

Por fuera parece una casa normal. No hay indicios ni publicidad del negocio que esconden sus paredes. “Adentro tampoco existen afiches con marcas de shampoo, o algún tipo de producto porque la idea es que te sientas como en tu casa”, comenta Ignacio Franzani sobre Romana, la peluquería que junto a su mujer, Roma Carvajal, acaba de cumplir un año funcionando.

“Este es el negocio de mi mujer y yo más que nada la empujé a profesionalizar su talento y lo que ella artesanalmente ya venía haciendo hace muchos años. Y lo que pasa con esta casa, que en algún minuto lo conversamos con la Roma, es que mientras no exista una aplicación que te corte el pelo, estás obligado a ir a un lugar. Tienes que interactuar con otra persona que te va a cortar el pelo y relacionarte con las personas que estén ahí. Entonces quisimos que esa experiencia fuese lo más agradable posible, que fuera un lugar de encuentro y que la gente interactuara”.

¿Cómo se logra?

“Pasan cosas entretenidas acá. Hay un piano súper lindo y los músicos que vienen, de repente se ponen a tocar. Y que rico que alguien que toca el piano profesionalmente, toque media hora, es un regalo. Y eso pasa mientras la gente se está cortando el pelo. La casa lo permite porque es un lugar muy acogedor, muy cálido y ese siempre fue el sueño. La Roma además siempre fue amante y coleccionista de arte chileno contemporáneo. Entonces cada dos o tres meses hay una exposición y es la raja, porque vienes a cortarte el pelo y terminas comprando un cuadro. Pasa ene y quiere decir que hay interés en invertir en arte chileno. Y en lo que yo también me metí, es en que tengamos una pequeña disquería abajo. Es un rincón totalmente mío. Yo tengo una colección súper respetable de vinilos desde los 13 años y a medida que uno es más viejo, la colección va creciendo. Y mi sueño fue algún día tener una disquería. Ese sueño se hizo realidad de forma muy austera porque es una esquina chiquitita, pero es una súper fina selección de discos, no hay ningún molido. De acá te vas a llevar siempre un buen disco.

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