Juan Muñoz: Me gusta pedalear, no competir y disfrutar la independencia de moverme

Por Myriam Salazar

Tercera semana de julio y termina una nueva versión del Tour de Francia, ardua y centenaria competencia que tuvo por un mes colgados a las pantallas a ciclistas y amantes de la bicicleta de todo el mundo.

Foto 1-webPara Juan Muñoz, ingeniero geomensor y rutero aficionado, recorrer largas distancias en bicicleta y desafiarse a sí mismo es algo que lo apasiona. Lo suyo no es la competencia sino que poner a prueba su resistencia sobre dos ruedas y para esto se propuso viajar a Francia y participar algún día en la carrera París-Brest-París, cuyo recorrido ida y vuelta consta de 1.200 kilómetros.

Sus primeros pedaleos estuvieron rodeados de familia y tradición, recuerda: “La primera bicicleta que monté fue una que mi padre le regaló a mi hermana. Debo haber tenido 5 años. Era una mini y volaba en ella. Sobreviví a más de algún porrazo, una vez casi me saqué un ojo, me golpeé la ceja con el tornillo de la T de la mini, aún se puede notar. Mi viejo me llevaba a los cuasimodos después de Domingo Santo, amononaba la mini en la semana y me vestía tradicionalmente para el evento”.

Después de la mini tuvo una MTB de fierro que aunque le quedaba chica usó hasta los 20 años. Un primo lo incitó a seguir pedaleando. “Así que comenzamos a salir. La temática era recorrer, tomábamos una calle y veíamos hasta dónde llegaba, por lo general hacia el sector oriente de Santiago, recorriendo nuevos barrios”.

Para llegar a su trabajo viajaba a diario en micro, lo que lo demoraba más de la cuenta. “Comencé a irme en bicicleta al trabajo. Vivía en Recoleta y trabajaba en Huechuraba. Un día planifiqué la ruta y la recorrí un día domingo. Demoré unos 15 minutos. Esa semana me fui un día en bicicleta, la siguiente semana dos días y así hasta enterar la semana”.

“Pedaleaba prácticamente 24/7, y así ha sido durante todos estos años. Cuando retomé mis estudios me iba en bici de Huechuraba a Ñuñoa. Al año siguiente la oficina donde trabajaba se cambió al kilómetro 16 de la Panamericana Norte, en Lampa. El día lunes era una hora de viaje; el viernes, hora y media. Estaba muy cansado y perdía horas en la universidad, así que me compré una moto. Llegaba descansado en 45 minutos, pero no dejaba de salir los fines de semana en bicicleta a alguna parte”, recuerda.

Las cosas cambiaron: “Dejé de trabajar en Lampa y vendí la moto. De mi casa a la Universidad tardaba sólo 5 minutos en bicicleta. En relación a la moto, un chiste. Ese año fui a la cicletada número 100 del MFC, fue genial ver más gente usando la bici. Participé con ellos unos años, conocí a varias personas que desde esa época son mis amigos”.

“Con un grupo de cicloturismo fuimos al Río Clarillo y fue la primera vez que pedaleé tan lejos. Lo encontré maravilloso. Luego fui a Valparaíso, con lluvia y todo y lo que ya es un clásico, ir a Lo Vásquez”, dice acerca de sus ritos sobre dos ruedas.

“Hace unos años un amigo me contó sobre París-Brest-París, una carrera que recorre 1.200 kilómetros en 90 horas, algo increíble. Mi interés por el pedaleo no es ir rápido, sino que saber hasta dónde puedo llegar. Así decidimos organizarnos y participar de aquella locura, que ocurriría en el 2011. Nos entrenamos pero la falta de recursos impidió la travesía”, rememora.

No se rindió: “Pasaron los años y buscando información conocí eventos similares como TransAm (que cruza Estados Unidos de costa a costa), LEL (Londres-Edimburgo-Londres), Tran Oz (en Australia). Sería genial participar de cada una, pensaba, mientras repetía la ruta a Rancagua, 10 horas y media promedio. Participé en alguna carrera de XC maratón, la más linda en el sur: pasamos por dentro del Parque Nacional Conguillio, dentro de los 130 kilómetros, llegué quinto en mi categoría, algo inesperado porque mi entrenamiento es ir al trabajo en bicicleta”.

“El 2014 recordé que la París-Brest-París. Iría el 2015. Tomé contacto con los franceses y desde entonces soy el representante del Audax Club Parisien en Chile. Ya tenía las rutas, solo faltaba recorrerlas y ver si alguien más se animaba. El dinero no debería fallar ya con un mejor trabajo”, se propuso.

“Traté de incentivar a un grupo pero no resultó, así que decidí hacerla solo”, dice. Y empezó a entrenar: “Recorrí los primeros 200 kilómetros dentro del tiempo, sin problemas. Después venían los 300 kilómetros y pedalear de noche, un gran desafío. Tomé mis luces, chaleco reflectante y a rodar: ruta casi mortal por tener que subir los últimos 100 kilómetros desde Papudo a Putaendo”.

“Lo logré en 19 horas y 25min, tiempo menor que las 20 horas exigidas. Para los 400 kilómetros tomé precauciones de no tener tanta subida, algo difícil en Chile. Y ya con mejor equipamiento hice esta hermosa ruta, concentrado, disfrutándola. Pero para los 600 kilómetros tuve problemas: en el trabajo estaba en un régimen de turnos, que no me daban tiempo de descansar lo necesario”, apunta.

“Llegó la fecha y me lancé: fue la primera vez que sentí la presión psicológica de la que tanto hablan los deportistas. Preocupado de mi ritmo, de a qué hora debería pasar nuevamente de vuelta por donde iba. Cuando estaba en la cima de la cuesta me llama mi jefe por temas del trabajo y todo se fue al carajo, 84 kilómetros logré recorrer de los 600 pretendidos”, se lamenta aún hoy.

“Mi mejor amigo me fue a buscar a San Francisco de Mostazal y me quedé sin clasificar a Francia, sumado a que tampoco logré comprar el pasaje. Pero bueno, de las otras que hay el 2017 es la LEL en Inglaterra, no exigen clasificatorias, así que sólo es entrenar y prepararse, juntando el dinero para ello también. El bichito de las rutas Randonneur ya lo tengo en el cuerpo y no descansaré hasta lograr recorrer los eventos que pueda”, desafía.

“En mi fan page Austral Randonneurs comparto mis aventuras y noticias de eventos similares. Me han contactado de Argentina y Perú por lo que estoy haciendo. En enero de este año salió un DVD alemán con la historia de tres alemanes que corrieron la París-Brest-París el año pasado. Estoy terminando de traducirlo y lo exhibiré el martes 9 de agosto en la Cervecería Nacional. Francia tendrá que esperar para el 2019, pero LEL sí o sí el próximo año”, asegura convencido.

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