La Ciudad de la Furia

La inequidad social hoy es el tema central de debate luego de la crisis  que comenzó en octubre. Educación, salud, pensiones, salarios, son los principales temas que reclama de la ciudadanía, pero ¿qué ocurre en los territorios?, ¿cómo reflejan ese malestar?, ¿cómo se plasma la injusticia en los espacios públicos?. Tres expertos responden. ¿Su opinión? lapidaria.

Por Patricio Cofré A.

Fotos Víctor Rojas y Myriam Salazar

El 18 de octubre será recordado como el inicio de uno de los movimientos sociales más grandes de nuestra historia moderna. Luego del alza de tarifas en el Metro de Santiago, un grupo de escolares se organizó para realizar evasiones masivas a la tarifa de ese medio de transporte. Lo que parecía una protesta aislada y casi inofensiva, con grupos de jóvenes saltando los torniquetes de acceso, tomó una inusitada fuerza, convocó a miles de estudiantes y terminó generando un caos generalizado.

El inédito cierre de todo el sistema de tren subterráneo en la ciudad la noche de ese día viernes, con miles de chilenos caminando horas para llegar a sus hogares, fue quizás la llama que encendió un estallido que hasta el día de hoy no se detiene.

Las imágenes se sucedieron: edificios ardiendo en pleno centro, estaciones de Metro completamente destruidas, saqueos, incendios en distintos puntos de la ciudad. Pero en paralelo aparecieron las marchas coloridas y multitudinarias, los caceroleos permanentes, las manifestaciones culturales espontáneas y protestas de todo tipo con un petitorio que se escuchaba casi al unísono a lo largo del país: acabar con las inequidades de uno de los países más injustos de todo el planeta.

Todo esto en medio de una crisis de conducción política profunda que pasó del decreto de Estado de Excepción -que trajo de vuelta los toques de queda que no se invocaban desde la dictadura-, a paquetes de medidas del gobierno que fueron considerados transversalmente como insuficientes, pasando por un cambio de gabinete y un gran número de denuncias por violaciones a los Derechos Humanos por parte de los agentes del Estado.

Todavía no conocemos los reales alcances, ni los cambios que traerá consigo en el corto, mediano y largo plazo este proceso de manifestaciones, pero las peticiones ciudadanas son claras: cambiar la constitución, el sistema de pensiones, mejorar radicalmente la calidad de la salud y la educación y aumentar sueldos, entre otras.

Pero es precisamente en el territorio, en las ciudades de Chile, donde se replican y expresan de una manera más claras todo tipo de inequidades. ¿Cómo se refleja esto en nuestros espacios públicos? ¿Cuáles son sus principales defectos? ¿Cómo llegamos a tener ciudades tremendamente segregadas?. Paola Jirón, doctora en Planificación urbana y Directora de MOVYT;  Tomás Echiburú, arquitecto urbanista de la Pontificia Universidad Católica y concejal de Providencia y Felipe Araos, de Pedalea x la Calle, responden.

Paola Jirón: “El Estado perdió el don de proveer el bien común”.

¿Cuántos de nuestros problemas sociales parten en el territorio?

-El análisis principal que se hace hoy en los distintos cabildos es que existe una sensación de segregación residencial y general. Esa es una forma de verlo, existe, pero es mucho más complejo que eso. Dentro de las cosas que estamos estudiando, más que entender la ciudad binariamente en la diferencia entre pobres y ricos, estamos analizándolo de manera más relacional. Las desigualdades que vivimos no son solo la localización desfavorecida de infraestructura, sino que la experiencia en el espacio.

¿Cómo se vive eso?

-Es mucho más complejo y difícil. En la vida cotidiana se evidencia esa desigualdad. Cuando salgo de mi casa y los pavimentos no están buenos, tengo que llevar a los niños a colegios en otros lugares, en que el bus no para, en que las estaciones de metro son de peor calidad en ciertos lugares. No tengo la salud, ni los servicios que me sirven y tengo que atravesar la ciudad y ahí se empiezan a manifestar los malestares. La pregunta que surge es ¿Cómo habitamos la ciudad?

¿Por qué ocurre?

-Tenemos un sistema de planificación urbana súper extra neoliberal que se refleja en distintas cosas, por ejemplo en la vivienda –con malas calidades habitacionales- y en el que somos vistos como clientes. La privatización de todo, desde la concepción de vivienda, autopista, agua, luz, en el que se hace responsable al sector privado que cumple lo mínimo y hay muchos vacíos. La ciudad se vuelve un negocio más que para poder habitar, en especial para quiénes lucran a través de ella.

¿Qué ha hecho el Estado?

-Ha promovido políticas neoliberales, donde el Estado perdió el don de proveer cuál era el bien común de la ciudad. El programa Quiero Mi Barrio es muy interesante y participativo, pero todas las plazas del país son parecidas, es decir no se conoce cómo habitan realmente las personas.  Mecanismos de observación están ausentes en la planificación. No se acerca a lo que nosotros somos. No se planifica para los habitantes, sino que para un ideal.

¿De qué forma se explica eso?

-En ninguno de los anuncios de los gobiernos sobre Metro, ha habido plan de desarrollo urbano o planificación. Uno pensaría que en Cerrillos habría un polo de desarrollo, pero nada, todas las plusvalías se van a los privados y no las captura el estado para invertir y mejorar las realidades. No hay ninguna intervención por mejorar el espacio con buena infraestructura, densificación, áreas verdes o espacios públicos.

La movilidad también aparece como una deuda.

-No hay discusión sobre intermodales reales, donde se combine a los peatones, con bici, micro, metro, con el fin de disminuir el uso del auto, al contrario, se siguen haciendo autopistas, donde a través de concesiones financia a privados y beneficia automóviles. Es raro que no tengamos un sistema de ciclovías transversal en la ciudad con coherencia entre si y bien diseñadas.

¿Hay un error en el enfoque?

-El territorio es el eje de la desigualdad hoy en Chile. Hay ciudades como Calama, Antofagasta, Punta Arenas o Puerto Montt que deberían ser modelo por la cantidad de recursos que se extraen de ellas, pero el tema urbano está abandonado. No estamos comprendiendo cómo habitamos la ciudad eso es lo fundamental, no se comprende bien. Para el mundo académico, en general, la planificación se ve en datos macro, mapas y lo que requiere hoy es comprender nuestro habitar cotidiano. Esto requiere una revisión del cómo estamos viviendo y oportunidad de replantarnos cómo queremos vivir.

Tomás Echiburú: “El modelo de ciudad esta hecho para que el privado haga lo que quiera”

¿Cómo se puede definir a la ciudad en este contexto de crisis?

-Partimos de la base de que este estallido es por un descontento con respecto de un modelo económico y de desarrollo que fue implementado y se materializa en la ciudad, y donde uno experimenta el modelo en el cotidiano. Día a día se experimenta esa desigualdad y una lógica de desarrollo urbano profundamente neoliberal donde el Estado no participa. 

¿Cómo se refleja eso?

-Eres cautivo de un sistema de transporte en el que tienes que gastar 2 o 3 horas diarias. Eso va generando cansancio, agotamiento. Muchos sectores más populares o donde viven familias de bajos ingresos, se transforman en comunas dormitorio sin servicios. Mucho se ha hablado del Papa Johns de La Pintana, pero existen territorios donde no hay servicios, hay pocos supermercados o hay que recorrer hasta 2 o 3 kilómetros para una farmacia, mientras en el sector oriente hay una en cada esquina. Todos los servicios de calidad, los mejores colegios, están en el cono de alta renta.

También en la calidad de los espacios se puede ver esto…

-En el tema de áreas verdes cada uno se rasca con sus propias uñas. Hay cientos de lugares sin árboles, ni pasto, no hay espacios para plazas, los espacios públicos no están considerados en los planes. Hay peladeros, algunas multicanchas en el mejor de los casos.

Otra gran crítica es el alza del valor de la vivienda y lo inalcanzables que son en algunos sectores

-Antes de las dictadura el Estado construía ciudad. Hay ejemplos notables como la Villa Frei y las Torres de San Borja, que fueron construidas por la la CORMU (Corporación de Mejoramiento Urbano que funcionó entre 1965 y 1976) y en los que desarrolló unidades habitacionales donde convivían sectores de menores ingresos con los de mayores. Después se transformó lógica a subsidiar, en vez de a la demanda, a la oferta. Es decir, entregar voucher a los privados para que bajaran los precios. Esa política de expansión ha provocado el vaciado de sectores más populares hacia las poblaciones. Todos los mapas que uno observa indican eso, como habitantes de Las Condes, de Santiago o de otras comunas, fueron expulsados a zonas periféricas. El cono de alta renta esta de Plaza Italia hacia arriba, mientras los sectores más empobrecidos están lejos del centro.

¿Cuál es el rol del Estado o cuál debería ser?

-El Estado debería estar poniendo límites a la expansión del radio urbano. Limitar crecimiento, con densidad equilibrada y no continuar con esta esquizofrénica, hiper densificación y expansión extrema. No solo crear infraestructura en transporte para traer de San Bernardo a Estoril a las personas, eso es solo un calmante para la fiebre. Hay que crear puestos de trabajo en comunas, crear nuevos polos de desarrollo.

¿Hay problemas de control?

-Es muy poca la manija del Estado para controlar el desarrollo de la ciudad, muchas comunas no tienen plan regulador. En otras existe, pero son laxas. El modelo esta hecho para que el privado haga lo que quiera. Además, la diferencia de ingresos entre municipios es brutal. Una comuna con altos recursos puede contar con un presupuesto de 140 mil millones, mientras que otra vulnerable solo tener ingresos por 5 mil millones. Setenta veces de diferencia es demasiado brutal. Deberíamos avanzar a una planificación con orientación de desarrollo.

Felipe Araos: “Los ciclistas son considerados ciudadanos de segunda clase”

¿Qué problemas de la ciudad son parte de este estallido?

-Cómo se construye la ciudad y para quién. Para los ricos, es fácil y para los pobres no. La inversión en movilidad se considera para los que tienen más y el resto que se joda. Nadie se pone de acuerdo, no hay planificación. Manda la plata.

¿En qué se expresa eso?

-El transporte público, puede funcionar bien o mal, pero es indigno. En comunas más pobres se hacen filas en los almacenes para cargar la tarjeta Bip!. El diseño del sistema es indigno desde antes de subirse a la micro, desde cargar la tarjeta, caminar al paradero si es que pasa y si es que pasa que se detenga. Otro ejemplo es que hay muchas construcciones de edificios nuevos, pero sin pasillos, sin balcones, se destruyen barrios para meter construcciones con arriendos carísimos. Eso esta provocando que a los pobres lo están tirando para afuera o a los migrantes que viven hacinados. Cosas como esas se han sumado al estallido.

¿Qué pasa con la movilidad sustentable?

-Siempre la bici es vista como un bicho raro o de hippies o de pobres. Los políticos piensan que los que andan en bici no votan, solo los que andan en autos, que pagan bencina o el TAG. Los ciclistas somos considerados ciudadanos de segunda clase, pese a que este modo concentra entre el 7 y  el 10% de todos los viajes. Nosotros llevamos años pidiendo cosas, súper tranquilos y no pasa nada.

¿Cómo se expresa la inequidad, en esa línea?

-En, por ejemplo, las autopistas como Vespucio Oriente, donde la inversión del Estado no tiene vías exclusivas para buses y se destruye un parque. Señales como esas son aberrantes porque es sólo para los que andan en auto y no para el transporte público, ni para las bicis y menos para los peatones. Hay proyectos interesantes como el Centro Automatizado de Tratamiento de Infracciones, pero aún así no pasa nada. En la campaña presidencial se prometieron 800 kilómetros de ciclovías y hoy van cero. Nunca se tomó en consideración de forma seria, no hay calidad, ni estándar. El acuerdo por eliminar el 3,5% de incremento del TAG, ¿en cuántos días salió? La solución es mala, pero se hizo rápido.

¿Hacia dónde se debería avanzar?

-Nadie habla de ciudad, es un tema como de una segunda vuelta, pero debe existir planificación. Si todos viviéramos cerca de la pega no necesitaríamos una red de metro tan grande. Hay que diversificar los centros de trabajo, estudios y servicios. Es necesario tener educación vial en el colegio y eso es algo que hemos pedido siempre. Tenemos que nivelar para arriba porque este estallido es una suma de tanta desigualdad e injusticia, estábamos un poco acostumbrados y resignados a lo que estaba ocurriendo.

Los problemas en el transporte han impactado en el uso de la bici…

-Ha salido muchísima gente, se ha generado una explosión de usuarios en el resto de la ciudad. Hay lugares donde se ha medido y es muy importante el aumento, pero hay zonas que no tienen contadores y ahí se hace invisible el crecimiento. Pero es significativo y el uso de la bici seguirá aumentando mientras el transporte esté complicado.

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