La evolución de la movilidad depende de uno.

Karl Álvarez, Presidente Antofacleta

 

Con 16 años pedaleando en Antofagasta uno ve cómo la seguridad vial va evolucionando a medida que los automovilistas se acostumbran a los ciclistas y este cada vez tomar más confianza en la calzada. Este ha sido uno de los temas que cuesta que adviertan los nuevos ciclistas, que a pesar de tener las habilidades para andar en bicicleta tienen un gran miedo de circular en la calle como cualquier otro vehículo.

Antofagasta es una comuna portuaria y minera con solo 2 km de angostura, con sectores con pendiente de mar a cerro y 40 km de largo, en donde la mayoría de los habitantes viven máximo a 15 km del centro. Suele escucharse a menudo las siguientes respuestas cuando se pregunta ¿Por qué no usan la bicicleta?: “es muy lejos”, “voy a llegar transpirado”,” tengo un trabajo formal”, pero la respuesta que más se repite es: “es muy peligroso”. Y puede ser verdad, ya que Antofagasta se caracteriza por tener los índices de siniestralidad más altos a nivel nacional y ser la comuna después de Santiago con mayor cantidad de automóviles, los que van incrementando día a día, ya sea por ser el primer automóvil que se compran luego de entrar a una empresa minera; o el segundo o tercero, después de recibir uno de los sustanciosos bonos mineros que no llega a la mayoría.  Siendo características en la zona las famosas camionetas rojas, que son usadas en las faenas mineras; camiones, especialmente los portuarios y por último no podemos dejar de mencionar a un ferrocarril de uso exclusivo a la minería, que divide a la comuna en dos, en cuya línea férrea es muy frecuente escuchar que un ciclista se haya accidentado.

Estos datos pueden ser desalentadores para usar la bicicleta, pero han ayudado a que las personas se den cuenta que el automóvil no puede seguir tomándose las calles, pues el incremento de estos no va en relación directa con los 2 km de angostura de la ciudad, los cuales llevan décadas ocupando espacio y no teniendo donde estacionar; por lo cual, es común ver automóviles sobre veredas, paradas de locomoción colectiva e incluso en espacios para carabineros.

 Son estas problemáticas las que están bajando a muchas personas de los carros y subiéndolas a la bicicleta. Así fue como se creó la organización “Antofacleta”, que busca incentivar el uso de la bicicleta como medio de transporte en los ciudadanos de Antofagasta.

Como organización observamos que no solamente tenemos que abordar a quienes usan la bicicleta solo con un fin; por el contrario, hacer que las personas sean partícipes de múltiples realidades, como lo son la vida sana, medio ambiental y económica. Y por lo cual realizamos variadas actividades tanto educativas como de disfraces, con fines ciclísticos o medioambientales, mostrándoles a los asistentes el poder que tiene la bicicleta para movernos.  Llegando a involucrarnos en políticas urbanas y de transporte,  haciendo notar la presencia de participación ciudadana en las instituciones, algo que en Antofagasta está muy perdido hace muchos años y nos ha costado que las personas se informen y participen en las decisiones, sin duda este es el mayor reto que tenemos para poder seguir sacando a las personas de su comodidad imaginaria y vean la realidad actual que afecta a la comuna, y que si no son parte del cambio seguirán viviendo con la misma problemática, pidiendo soluciones a problemas que se autogeneran a medida que la ciudad crece, y soluciones que vienen desde el exterior que no identifican lo local.

Debemos ser los ojos y oídos de los profesionales, ya que los ciclistas somos los que más conocemos las problemáticas que afectarán a los nuevos ciclistas, que si queremos que se mantengan usando la bicicleta como un vehículo sustentable, debemos ser partícipes del cambio.