Patricia Venegas declara su amor a la bicicleta: “No manejo automóvil porque es poco práctico en una ciudad tan congestionada”

Por Natalia Bobadilla

Fotos Víctor Rojas

 

 La periodista desde su infancia en San Fernando, tiene recuerdos familiares pedaleando, por eso hoy no se baja de las dos ruedas.

 

La bicicleta siempre ha estado presente en la vida de la periodista de canal 24 horas y Sonar FM, Patricia Venegas (40): desde sus recuerdos de niñez cuando vivía en San Fernando y cada verano se iba a Chimbarongo. “Mi primera bicicleta fue con rueditas, más bien era un triciclo. Yo tenía unos 5 años. La verdad es que en la casa de mis familiares por parte de mi mamá era normal que todos tuviesen una bicicleta, pero no solo para paseo, sino como medio de transporte. Esto era en los años 80, época en la que no había mucha locomoción colectiva”, cuenta sobre esos años en que disfrutaba pedaleando al aire libre en el campo.

“Recuerdo a mi abuelo todos los días yendo a trabajar arriba de su bicicleta, a mis tíos yendo a comprar en bici, a mis primos, a mi hermana yendo a todos lados en dos ruedas, por la calle y también por veredas sin pavimentar. Todos tenían su bicicleta”, añade.

_MG_7335-webPor lo mismo, apenas pudo, quiso también aprender a andar. “Debe haber sido como a los 8-9 años cuando, como dice el gran Freddy Turbina, le saqué las rueditas a mi bicicleta. Fue en la plaza de San Fernando y recuerdo que estaba en una bicicleta roja de mi mamá. Ella era la que me daba las instrucciones y me daba ánimo para no tener miedo y lanzarme. La bici, aunque no era tan grande, era de adulto entonces igual era todo un desafío. Pero me acuerdo que sus palabras eran clave para atreverme. Hasta que llegó el momento y me soltó y ¡logré pedalear sin caerme! Fue un maravilloso momento, ese en que te equilibras y sientes el placer de moverte en 2 ruedas. ¡Ah! ¡Y no me caí! Eso vino después jajajá”, explica riéndose.

Esas experiencias de su infancia en la Región de O’Higgins, hicieron que al llegar a Santiago el impacto fuera grande, sobre todo por la movilidad dentro de la ciudad. Y en todo esto, la bicicleta jugó un rol clave.

Se mueve entre un modelo marca Trek y una plegable. “Antes tenía una de ciudad medio desarmada que sonaba más que catre viejo, pero era súper segura: la dejaba estacionada sin cadena y nadie me la quería robar”, dice entre risas.

Cada mañana, se va a la radio pedaleando y luego parte al canal. Su recorrido habitual es por la ciclovía de Antonio Varas. Si se atrasa, su opción es tomar un taxi o Uber. “Hoy en día no manejo automóvil porque lo encuentro poco práctico en una ciudad tan congestionada y voy variando entre caminar, bici, metro, taxi. Hay un auto en la casa, que es de mi marido y mío, pero jamás lo he manejado. No me interesa hacerlo, jajajá. Solo lo uso en caso de alguna emergencia o para viajes largos cuando vamos a ver nuestras familias”, detalla sobre su renuncia al volante.

-¿Por qué tomaste la decisión de no subirte al auto?

-La gente de Santiago tiene incorporada la cultura de los tacos. Eso de avanzar lento, esperar mucho rato y eso no lo tengo integrado en mí. Me supera un poco saber que me voy a demorar, no tengo esa paciencia. En cambio en la bici, tú pasas por el lado y listo. Además hay cada vez más ciclovías, es más cómodo e incluso, a veces, más rápido.

 

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-¿Y te costó mucho acostumbrarte a pedalear en Santiago?

-En la universidad, en Viña del Mar, andaba en micro, pero ya en Santiago apenas pude me compré una bicicleta, pero la usaba más bien para paseo porque no me atrevía a andar habitualmente. En el 2012 viví 6 meses en Londres y ahí, para que me alcanzara el presupuesto, me moví en las bicis públicas, día y noche, aunque lloviera, y por la calle, porque allá los automovilistas adoptan la actitud de que el ciclista tiene prioridad. Eso me ayudó a atreverme, al regreso a Chile, a moverme en bici.

-¿Has vivido alguna anécdota en bici?

-Más que una anécdota, fue una caída. El año pasado iba al canal en la bici plegable y, de repente, la rueda se me hundió en una especie de canaleta muy delgada. El problema es que el pie se me quedó atrapado, no lo pude sacar y me fui encima de un auto. Lo bueno es que todo esto pasó en un servicentro, así que no había otros vehículos a mi alrededor. ¿Resultado? Una fractura que no me quitó el amor por la bici.

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