Susana León : “Arriba de mi bicicleta no soy parte del problema, soy parte de la solución”

Por Myriam Salazar

Profesora de profesión y ciclista por convicción, promueve la bicicleta como herramienta de empoderamiento y cambio social.

“Justo ayer con mi pololo nos estábamos acordando de los mejores regalos que nos habían dado, como cuando recibí mi primera bicicleta. Me acordaba perfecto de la bici, me parecía que era demasiado cool para esa época, una bicicross, como de carrera, azul y tenía en el tubo central estas esponjitas que les ponen para que no se rayen, negra con blanco, muy de carrera. Me sentía fantástico. El asunto es que ahí me enteré que no era tan cool, porque todavía tenía rueditas a los lados, a diferencia de las bicicletas de mis vecinos. Eso me entusiasmó para partir andando”.

Los primeros pedaleos.

“Fue de golpe y porrazo. Me acuerdo que salimos con mi papá de paseo. Él había tratado con el mecanismo de sacarme una rueda, después la otra, pero no funcionó. Entonces, me dijo ´bueno, vamos de paseo, me tienes que seguir´ y listo, ya no me quedó otra que averiguar cómo lo iba haciendo con el equilibrio, para alcanzarlo; lo que implicó llorar, entre medio patalear, querer irme de vuelta y todo lo demás, pero igual lo logramos. Esa fue mi primera bici. La segunda, que fueron bien pegaditas, porque me pegué un estirón súper rápido, la pedí para Navidad y ahí fue cuando me enteré que el Viejito Pascuero no existía. Una paradoja súper grande, porque estábamos cenando todos juntos, mis padres, tíos y primos, y mi mamá me dice ´anda a preguntarles afuera si quieren un café´. Abro la puerta y estaban entrando en secreto mi bici. Fue súper raro. Por un lado, la tristeza de descubrir que el Viejito Pascuero no existía y, por otro, me gustó tener una bicicleta nueva”.

Susana salió de Chile en brazos de su tío a los dos meses de edad a conocer a sus padres adoptivos, quienes vivían el exilio en Noruega. “Viví como un doble exilio. Nací en Chile y mis papás estaban exiliados en Noruega (ellos pasaron por México, La República Democrática Alemana y terminaron en Noruega) y querían tener otro hijo; siendo extranjeros en Noruega era imposible para ellos adoptar allá. Cuando mi mamá pudo ingresar a Chile se le ocurrió venir y dejar constancia en el juzgado de que quería adoptar. Entonces nací en Chile. Ellos estaban en Noruega y les avisaron que había una niña disponible. Esa era yo. Como habían dejado los permisos a mis tíos, uno de ellos terminó el proceso y me llevó a Noruega. Por eso tengo como un doble exilio, porque, en el fondo, me tuve que ir de acá a Noruega y después nos tocó el retorno a Chile. Volvimos para el plebiscito cuando tenía 4 o 5 años”.

¿De qué te acuerdas de ese tiempo?

De allá tengo pocos recuerdos, más de socialización. Un poco por eso se vinieron de vuelta, uno porque ya querían estar en su país, pero también porque mi hermano mayor sintió la discriminación allá y vieron que conmigo estaba comenzando a pasar lo mismo. Decidieron venirse a Chile por eso. Además, coincidieron las condiciones políticas.

Me acuerdo de cosas que a un niño le llaman la atención, como salir de paseo a la nieve, jugar con los perros, que me comí un helado gigante una vez. Entremedio antes de venirnos a Chile hicimos un viaje a Italia, nos fuimos en una Combi. Tengo hartos recuerdos de ese viaje, de las palomas, de nadar en el mar, todas esas sensaciones que uno tiene cuando es niño. Todo muy sensorial y de estar con mi familia.

El retorno

“De chica viví en La Reina. Cuando llegamos de Noruega, estuvimos como refugiados en casa de mis tíos, hasta que encontraron una casa, que coincidió también en que era en La Reina y que fue la misma casa para siempre. Después me independicé, me fui a vivir afuera y ahora de nuevo estoy ahí arrendando una casita independiente, al interior de la misma casa. He visto como se ha deteriorado con los años la vida de barrio. La casa quedaba en un pasaje donde ha cambiado mucho la dinámica. Por ejemplo, antes, cada vez que ibas saliendo o que alguien salía, le preguntabas para dónde iba para llevarlo en el auto o irse juntos. Ahora todos se han ido ensimismando”.

Reboté en varias escuelas y a los 17 años empecé a moverme en bici por Santiago, solo porque me di cuenta que se podía. No era full militante, sino que me encantaba la sensación de andar arriba de la bici. Después la dejé por un rato. Estudié Pedagogía en Historia y veía que algunos compañeros venían de la cresta de la loma en bici y de nuevo me daba cuenta que se podía llegar en bicicleta. Ahí la retomé y se fue consolidando más como un cuerpo político y teórico entorno a esto. El derecho a andar en la ciudad.

En la misma bici se me fueron atravesando muchas de las cosas que yo pensaba, respecto a la educación, a la inclusión, la rabia de sentir que te expulsan de la calle cuando tengo el mismo derecho a la ciudad que todo el resto. Mi derecho a habitar, a estar en el espacio y sentirlo como mío. También desde la perspectiva de género, a que no me hueveen, no tengo por qué sentirme mal ni insegura por el hecho de haber nacido mujer.

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No estoy en contra del transporte público, me parece que es fantástico ese espacio en que nos encontramos todos los distintos, pero termina siendo súper mega segregado, carísimo, viajas en malas condiciones. Entonces, para mi la bicicleta terminó siendo la respuesta y la punta de lanza de distintas batallas: de inclusión, integración, de cambio de paradigma de la ciudad, de pensar otro sistema económico, en cosas más justas, de tomarse el tiempo.

Me encanta la bici, porque es súper rápida, pero también me encanta darme el espacio de tener tiempo. Me gusta ser rápida en el traslado, pero también para poder permanecer el tiempo que quiero estar en los lugares. Es todo un enfoque distinto. Ayer iba bajando a hacer una entrega y un caballero, que también iba en bici, me habló. Tenía 67 años y en un semáforo ya me sabía su vida. No sé cuántas personas en auto tienen la posibilidad de tener un diálogo con otro automovilista. De saber que se cruzaba todos los veranos la cordillera, que llegaba a Mendoza, que tiene 3 hijos y que andaba en bici desde siempre. Esos encuentros, y esa forma de ver la vida que me dejó ese semáforo, solo los tengo porque me muevo en bicicleta. Ahí hay algo que nos une, un espacio en común, es toda una forma de pensar el habitar que es distinto.

De la sala de clases a la calle

Trabajé en una escuela, pero nunca me gustó mucho, me parecía demasiado esclavizante, muy militarizada, y se me dio la posibilidad de escribir en una editorial. Ahí estuve escribiendo materiales pedagógicos, textos escolares, planificaciones para docentes. Cuando estaba trabajando en eso descubrí Macleta y la posibilidad de ser profesora de ciclismo para enseñarle a la gente a pedalear. Ingresé y vinculé la educación, que era lo que había estudiado, con esta otra área. Además, encontré que la hacía súper corta. La sala de clases estaba en un espacio que no me gustaba, acá les daba a mis alumnos la posibilidad de libertad, una herramienta de combate  y enfocado en las mujeres.

Susana lleva alrededor de 4 años trabajando en Macleta, además hace clases particulares de ciclismo a quien quiera aprender a pedalear seguro por la ciudad. Hace poco se ha vinculado a la iniciativa Foco Migrante. “En Foco estoy en el área educativa. Hace poco llegamos un grupo más grande para colaborar en dar mayor profundidad al proyecto. Hasta ese entonces se le donaban bicicletas a personas migrantes, entonces, dijimos ´como que le falta una patita´. No sirve de nada regalarles la bicicleta si no les enseñamos también. O sea, hay gente criada en nuestra cultura que le da miedo moverse en bici, entonces también hay que entregarle conocimiento para darle más posibilidades, que se sepan las leyes del tránsito, que conversemos acerca de las dificultades de moverse en bici en la ciudad, entregarle los tips necesarios”.

Además de vincularse al ciclismo mediante la educación, Susana trabaja como bicimensajera en MUVSmart, una empresa de movilidad sustentable. “Me di cuenta que podía vivir de esto. Trabajé un año en Torpedo Mensajeros, me fue súper y me di cuenta que era lo mío. Antes había repartido comida cuando todavía estaba estudiando Pedagogía en Historia. Al ser bicimensajera me di cuenta que me gustaba en muchos sentidos; por estar arriba de la bici, la velocidad, conocer las calles, el contacto con  la gente y porque tenía la posibilidad de abrirme espacio en una pega que todavía acá no esta tan constituida y darle valor. Si alguien me pregunta, yo soy bicimensajera, ese es mi oficio y le doy todo el profesionalismo que merece. Me encanta eso de enaltecer un oficio”.

_MG_0747-web¿Qué es lo que más te gusta de la bici?

Ayer estaba viendo unos microdocumentales y voy a repetir lo mismo que decían todos: es la libertad que te da, libertad y poder al mismo tiempo. Porque la libertad no te sirve de nada si no tienes la posibilidad de vivirla y el poder no te sirve de nada si no puedes ejercerlo. Es esa justa mezcla, de sentir que puedo ir a cualquier parte cuando yo quiera, sobretodo porque mi cuerpo me da. A veces la ruta es más larga, pero, bueno, caminaré un poco, pero voy a llegar y por mis medios. Esa sensación de poder estar acá, sentir el aire, respirar, estar habitando. No estoy encerrada en nada, estoy todo el rato habitando el espacio, es lo que más me apasiona.

¿Qué es lo más difícil de tu trabajo?

Lo más difícil son cosas muy concretas, como hambre, sed, calor, y que así de fáciles son de contrarrestar. Me pongo a la sombra, tomo un vaso de agua, como algo, pero en ese momento como es todo por el todo y dependes de tu cuerpo sientes deseos de ´papi, venme a buscar´ (en tono de niña). Una vez que lo resuelves todo está bien. Las condiciones materiales son lo más difícil.

Danos algunos tips para las mujeres que no se atreven a pedalear por la calle.

Lo primero es que todos pueden andar en bicicleta. Cualquier miedo, sobre todo este miedo que  es un miedo tan concreto, hay que irle de frente. El miedo a pedalear en la calle no se resuelve si vas a terapia, se vence subiéndose a la bicicleta y pedaleando por la calle. En general, lo que yo hacía y que sirvió es que me iba con amigas detrás, en plan “sígueme”. Entre dos siempre se siente más llevadero. Mientras más seamos es mucho más fácil para todos. Cuando van cinco bicicletas en línea, los autos si o si tienen que esquivarte, por lo que se vuelve mucho más seguro para todos.

Les diría lanzarse nomás a la calle, no hay ningún impedimento que no se pueda resolver si uno quiere incluir la bicicleta en su vida. “No la uso porque llego transpirada”, se soluciona con una polera de cambio. “Es que está lloviendo”, pones la ropa de cambio dentro de una bolsa plástica. Es solo hacerlo, no pensar mucho y hacerlo. Y para todos ver la ruta.

Me acuerdo que cuando era chica y partí moviéndome en bici, mi papá lo que hizo fue muy apañador, fue conmigo en el auto el día antes. En realidad era más por él. Ahora me doy cuenta que era él quien tenía miedo. Se fue conmigo adelante. De partida me enseñó a andar como auto, me dijo por cuáles calles ir, siempre en la dirección de la calle. Armamos juntos la ruta el día anterior y al otro día seguí el mismo camino. Creerse auto es clave, mientras más grande uno se crea, más uno se expande. Primero te ves, si te vas muy pegado a la orilla efectivamente no te ves, entre más al medio vas, que además la ley lo permite, los autos te ven y, además, te tienen que adelantar como corresponde, que es utilizando el siguiente carril.

Lo otro que me pasa con la bici y porque la recomendaría es porque en las bicis estamos más seguras, he tenido situaciones que me han dado susto, pero siempre que estoy andando en mi bicicleta estoy más segura que esperando una micro a las dos de la mañana en un paradero.

Uno sabe que calles son más peligrosas que otras, uno aprende a leer más su entorno cuando está moviéndose en él, sobretodo en un vehículo que te da tantas posibilidades de visión. En la medida en que tu cuerpo te lleve a otro lado evidentemente te vas a empoderar con tu cuerpo, y tu cuerpo es una herramienta, la sensación de seguridad se transmite. Los predadores son así, cualquier animal predador siente el miedo y la inseguridad.

 

_MG_0724mm-web¿Qué esperas para adelante?

Espero varias cosas. Me encantaría tener mi propia empresa de mensajería y encomienda en bicicleta, no propia personal, sino que armar un colectivo. Me estoy armando de aprendizaje, con el que me valido, saben quién soy y lo que hago porque mi pega habla por mí, eso me gusta. Me gustaría seguir dándole valor a este oficio. Contribuimos a descongestionar la ciudad, llevamos papeles importantes, el otro día llevamos unas muestras de sangre, son cosas importantes y tienen valor. Me gustaría seguir contribuyendo en eso, a que nuestro oficio sea valorado, tanto por nosotros como por los otros, y que sigamos ganando espacios, tanto como mujeres ciclistas y ciclistas en general, es nuestro derecho estar acá. Todavía hay autos que te bocinean para que te corras para el lado, ¿por qué? si estoy en todo mi derecho de estar ahí y le estoy haciendo un bien a todos. No soy parte del problema, soy parte de la solución. Denme las gracias, no me echen.

 

¿Después de estar pedaleando todo el día te quedan ganas de irte en bici para la casa?

Siiii, voy contenta, salgo y ya quiero llegar a ver a mi perro y demorarme poco tiempo. Nunca pensé, ni siquiera se me ocurrió, que era una posibilidad que fuera a ganarme la vida en bicicleta y de repente todos mis caminos me llevaron a esto y es lo que más me ha generado sentido alguna vez. Es loco, no lo había imaginado, pero ahora que lo pienso en mi anuario decía que iba a recorrer el mundo en bicicleta.