Tomás González: “Voy a La Vega en bici, la mochila es mi medida, lo demás es sobreconsumo”

Por Myriam Salazar

Para Tomás González el desperdicio de alimentos, la contaminación y la vida acelerada de las grandes ciudades son temas que lo conmueven y motivan a tomar una posición activa. Desde el año pasado es parte de la agrupación Disco Sopa Chile, quienes voluntariamente recuperan alimentos desechados por su aspecto, los que son cocinados y degustados colectivamente.

Como diseñador independiente se vincula a diversos proyectos, principalmente relacionados con la artesanía, “Ahora estoy trabajando con unos artesanos de Talagante, desarrollando algunos productos para ciertas viñas del sector y potenciar el mercado local  para los turistas, rescatando la identidad de Talagante. Les entregamos herramientas para que descubran quienes son como artesanos y comiencen a crear y darle un poquito más de alma al producto”.

Entre Santiago y Los Andes

A los dos años de edad su familia lo llevó junto a sus hermanos a vivir fuera de Santiago. “Vivíamos en La Reina, pero nos tuvimos que ir a Los Andes porque tenía problemas pulmonares por el smog. No teníamos familiares allá, así que éramos muy familia nueva en pueblo chico. Mis viejos hicieron todo eso de conocer gente, fue una mudanza completa. Nos criamos jugando con perros, gansos, corderos. Jugábamos en la tierra principalmente, era lo más entretenido y subirse a los árboles”.

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La bicicleta

Mi primera bicicleta fue heredada de mi hermano mayor, tuve que aprender en esa bici. Era una mountain bike azul, la compraron grande para que nos sirviera a todos. En la casa era pura tierra y piedras, así que si no andaba rápido me caía. En el sitio de al lado habían hecho una pista de patinaje, nos pasábamos por la reja y andábamos ahí que era más fácil. Nos juntábamos en un condominio donde vivían unos amigos, había visto una carrera de pista en la tele que se corren en los velódromos y juraba que en plano lo podía hacer igual. En un giro me caí y me raspé toda la cara. Le tomé miedo a la bici y la dejé de lado por un tiempo, eso fue como a los 10 años.

A mis viejos siempre les gustó salir de camping y donde íbamos llevábamos la bici. Paseo a la playa o al cerro llevábamos la bicicleta. También íbamos al Santuario, dábamos la vuelta por atrás de Rinconada de Los Andes, desde ahí se ve la cordillera y todo el valle del Aconcagua, es súper linda la vista.

La bicicleta se hizo más presente con los años. “empecé a ocuparla mucho más como a los 18 años, cuando comencé a salir solo. Me daba lata caminar y no quería pagar micro, así que iba pedaleando. Nos juntábamos con los amigos en la plaza o en algún parquecito en Los Andes, no tomábamos entonces lo más fuera de lo común era fumarse un cigarro, andar en bicicleta y pasear, era súper inocente”.

Antes de llegar a estudiar a Santiago, Tomás se fue de intercambio un año a Estados Unidos, donde tuvo la experiencia de vivir solo lejos de la familia. “Estuve en un lugar muy lindo en Montana, donde había más vacas que personas. Tuve la suerte de vivir en este pueblo, muy Los Andes con harto cerro y parques nacionales. Tenía una bicicleta disponible y como vivía lejos usaba la bici. Paseaba por lagos, era muy lindo como el sur de Chile”.

La llegada a Santiago no le fue fácil. “Cuando llegué vivía en Providencia con Salvador, fueron como 3 semanas en que no podía dormir por el ruido, las micros pasan toda la noche. En Los Andes estaba alejado de la calle, los únicos ruidos eran los grillos y los pájaros, ese cambio fue fuerte”.

 

02-web¿Me imagino que vas para todos lados en bici?

A todas partes. Es bacán, me demoro mucho menos andando en bicicleta que en cualquier cosa. Por ejemplo con el trabajo que hago con los artesanos, tengo que ir a comprar materiales a varias partes, me toca moverme mucho en Santiago. Entonces en bicicleta y con mi mochila voy a todos lados y controlo el tiempo mucho mejor.

¿Alguna mala experiencia con la cleta?

Cuando me la robaron. Me la traje de Los Andes, tenía ene tiempo, estaba hecha bolsa, los frenos malos igual se la llevaron. Como diseñador el computador es muy importante –también me lo robaron- pero que me robaran la bici me dolió mucho más, es parte de uno, le pones nombre, te acompaña a todas partes, es parte de mi estilo de vida.

Disco Sopa

Este movimiento ciudadano voluntario, nació en Alemania el 2012 en contra del desperdicio y consumo desmedido de  alimentos, visualizando la problemática. “Todos vamos al supermercado y vemos toda la fruta igual, perfecta y nadie se pregunta nada”, agrega González.

 

Disco Sopa comienza en Chile el año 2014. “Replica el modelo con estatutos y mandamientos, aquí conviven veganos, vegetarianos y omnívoros. Cuando llegué no conocía a nadie, en ese tiempo tenía un emprendimiento de alimentos saludables, veía documentales que te abren la cabeza y caché a la gente que hacía el “Dumpster day” –recogen alimentos de los basureros-  empecé a recoger alimentos en las ferias para mí y lo posteaba en Facebook. Una amiga lo vio y me comentó de una organización que hacia lo mismo, fui a una reunión donde me contaron de que se trataba, me llamo mucho la atención y me metí de lleno. Es muy libre, solo hay que cumplir con lo que te comprometes”.

 

Disco sopa: protesta pasiva, donde se evidencia el desperdicio de alimentos, para ello se recuperan vegetales desechados en ferias. En estos eventos se cocina con los alimentos recuperados y hay música en vivo, es una fiesta alrededor de la cocina.Las recuperaciones se realizan en algunas ferias libres, también en La Vega y Lo Valledor, dependiendo de la cantidad de gente que vaya a asistir a los eventos. Tomás afirma: “No hacemos caridad. Esto no es para la gente de escasos recursos, tampoco es comer del suelo sino que  es cambiar los estándares con los que vemos la fruta. Un plátano con manchas negras es cuando tiene todas sus propiedades a full, no está malo”.

Uno de los eventos más concurridos fue el año pasado, donde asistieron más de 400 personas en Infante 1415, la actividad que se planificó durante 3 meses. De las recuperaciones más grandes que han hecho ocurrió hace solo unos días. Motivados por ir en ayuda de los afectados por los incendios forestales un grupo de voluntarios llegó hasta un predio agrícola en Maipú. “Los vegetales que no fueron vendidos los recuperamos, 1600 kilos que iban a ser desechados -zapallos italianos, tomates, pimentones, ají y lechugas- fueron cosechados por 15 voluntarios. Después de eso fuimos a Lo Valledor juntamos más de 2 toneladas de vegetales. Los alimentos recuperados se fueron a centros de acopio de las localidades afectadas en Pumanque, Hualañé, San Javier, Valparaíso y Constitución.