Con un área urbana cercana a los 3 kilómetros, poco más de 52.000 habitantes y unas vistas incomparables, Coyhaique tiene (casi) todas las condiciones para ser una ciudad donde reine la movilidad activa.
Por Michelle Raposo
Sin embargo, la realidad es totalmente diferente. En una ciudad con un parque automotriz en constante aumento, la organización Cicleayque lleva varios meses estudiado el uso del espacio urbano, con datos duros, gráficos didácticos y encuestas, para dar a conocer cómo está siendo usada la ciudad, las percepciones de seguridad vial, y los costos ocultos que significa tener una ciudad centrada en los vehículos motorizados.
“Partió un poco por la necesidad de poner en el lugar que corresponde el tema de la movilidad activa, que está súper invisibilizada aquí en Coyhaique. Hay mucho esfuerzo y muchas inversiones en vehículos particulares. Más encima, acá no tenemos un sistema de transporte público, entonces al final, con mayor razón se ven los esfuerzos dirigidos a los autos y es realmente desproporcionado”, explica Florencia Benítez, fundadora de Cicleayque.
Por otra parte, agrega, “tampoco hay campañas para promover la movilidad activa, caminar, andar en bicicleta por parte de las autoridades. En el transporte cotidiano también hay una falta de seguridad vial, de ir generando conciencia sobre la Ley de Convivencia Vial y el mal uso de la palabra accidente. De esta manera vamos ejemplificando que al final son las conductas de las personas arriba de los autos, que la mayoría de las veces andan distraídos o a altas velocidades”.

Uno de los datos más impactantes recopilados por la organización, es que el número de autos en Coyhaique ha aumentado mucho más rápido que la población o las viviendas. En las últimas dos décadas, los vehículos han aumentado en 188%, versus el 74% del número de viviendas, y el 15% del aumento de la población.
“Eso es lo que más queda cuando hacemos las presentaciones. Somos parte del Consejo Ambiental Comunal de la Municipalidad de Coyhaique, y en la semana nos invitaron a presentar y les presentamos estos datos como una oportunidad para la movilidad activa y sustentable en la ciudad, y eso es lo que más queda”.
Como ejemplo de visualización, si se juntaran todos los autos se haría una fila de 170 kilómetros.

Otros datos relevantes son los costos sociales que trae una ciudad enfocada en los vehículos: cuánto cuesta una tonelada de CO2, los siniestros, mantención de las calles, y para eso es fundamental que el Estado y autoridades locales se pongan las pilas.
Autocentrismo
Con un invierno crudo, vientos fuertes y calles poco amigables, muchas personas sienten que moverse a pie o en bicicleta es simplemente imposible. No pasa lo mismo en otras localidades de la región, como Chile Chico, que tiene un uso más arraigado de la bicicleta, cuenta Florencia.
“Coyhaique es una ciudad chica con un radio de cerca de 3 km, tenemos pendientes, tenemos viento, nieve, pero así todo, una ciudad muy caminable, y tampoco se ve eso. Efectivamente las veredas de a poco han ido arreglándolas, pero no es una ciudad que invite a caminar, aún cuando las distancias son cortas y los paisajes maravillosos. A veces voy al centro y veo a gente en el paradero ahí congeladas esperando el colectivo y llegarían en 10 minutos caminando. Entonces no está ese incentivo, y no ha habido promoción tampoco desde la autoridad a incentivar esos medios de uso”.

De hecho, un proyecto de red de ciclovías lleva años de espera. “Es un proyecto bien simbólico, y como un primer paso para una red, que se ha demorado harto, siendo que es relativamente fácil de implementar, porque son calles que necesitas segregar, no necesitas generar infraestructura. Pero llevan como tres años en ese proyecto, que son unas 10 cuadras en calles que no son principales”.
En paralelo, iniciativas como un paseo peatonal en el centro también ha enfrentado resistencia “En vez de justificarlo con una visión de hacer una ciudad más amigable”.
Ejemplos que transforman
Pese a las dificultades, más que denunciar lo que busca Cicleayque es promover la movilidad activa, ya sea participando con entidades municipales y del gobierno regional, o instancias más simples como desmitificar que las bicicletas eléctricas son muy caras. “Yo soy una agradecida de las bicis eléctricas, pero mi bici es de las más baratas y ya vamos por los 9 mil km de uso. Se la prestamos incluso al alcalde”, cuenta Florencia, “y una de las historias más bonitas es de una funcionaria del Ministerio del Medio Ambiente que después de probarla, le cambió la vida, se compró una y ahora va todos los días al trabajo en bici”.

Otra de estas experiencias abridoras de mente, fue la de una amiga santiaguina que fue de visita con su hijo de cuatro años en diciembre pasado. Tras unos días pedaleando por Coyhaique con la bici eléctrica, cuando volvió a la capital se compró una y ahora lleva a su hijo al colegio desde Plaza Italia hasta Vitacura.
“De a poquito, creo que hemos ido permeando. Como que la gente al final se guía por el ejemplo de otros, se va sumando y luego ve la bici como una tremenda opción”.