Por Michelle Raposo
Fotos: Pedalea
Ya le cerramos la puerta al 2025, año que tuvo momentos importantes para la ciclocultura nacional. Tras años de desafíos, finalmente la comunidad ciclista del país se juntó a conversar sobre una meta en común. Por otra parte, el año recién pasado vio el comienzo de dos obras viales que prometen mejorar la conectividad ciclista en la capital.
El año del reencuentro
Como comentábamos al principio de la nota, el hito central del año fue el regreso a la presencialidad del Foro Nacional de la Bicicleta (FNB). La cita se dio en la ciudad de Valparaíso, un escenario que -con sus cerros y su mar- sirvió de telón de fondo para un debate profundo sobre la movilidad y la ciudad, bajo el lema “De ciudades pendientes a ciclo-amigables”.
El evento fue impulsado por la Mesa Nacional Ciclista, la cual agrupa a varias organizaciones a lo largo del país. La organización local, en tanto, estuvo a cargo de Andes Chile ONG, quienes asumieron el rol de anfitriones, buscando las alianzas entre públicos y privados para sacar adelante el Foro, pero principalmente convocando a ciclistas, activistas y académicos.
Finalmente, el éxito del FNB 2025, se dio justamente por la calidad de las reflexiones generadas, reafirmando la necesidad de tejer comunidad sobre ruedas para impulsar políticas públicas efectivas.
Para la próxima edición del FNB, la antorcha pasa a los Lluviosos Ciclistas, que serán los encargados de juntar a la comunidad ciclista en el sur del país.

Uniendo rutas
Con la mirada ya puesta en el futuro, el comienzo del 2026 se perfila como un año de concreción de proyectos largamente esperados, que prometen transformar la conectividad urbana en la Región Metropolitana.
El primero de ellos es la Ciclovía Metropolitana, parte del proyecto Nueva Alameda, que no solo actualiza el estándar de la antigua ciclovía que va por el bandejón central de la Alameda, sino que la lleva a la ciclovía a la calzada. Su construcción comenzó en febrero del año pasado y se espera que sea inaugurada durante el verano.
Otro proyecto que comenzó en 2025 es en la Ciclovía de Maipú, que implica la conversión de la peligrosa intersección de Avenida Pajaritos con Américo Vespucio —conocida históricamente como el “tramo de la muerte”— en una vía segura para los ciclos. Este logro, impulsado por la insistencia de organizaciones locales como Maipú Pedalea y Revolución Ciclista, no solo conectará tramos existentes y mejorará la seguridad en una zona de alta siniestralidad, sino que también asegurará la conectividad con el centro de Santiago y estaciones de Metro, demostrando que la presión ciudadana es clave para la materialización de la infraestructura ciclista.

La inauguración de ambas infraestructuras representa un avance significativo en la promesa de una ciudad más amigable con los ciclos. Estos proyectos son la materialización de años de activismo y la esperanza de una red de ciclovías continua y segura.
A pesar de este panorama prometedor, el 2026 también trae consigo un elemento de incertidumbre: el cambio de Gobierno y, por ende, de las autoridades de transporte. La continuidad de los proyectos de infraestructura y el impulso a la movilidad activa dependerán de la visión de las nuevas administraciones.



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