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El arte de observar en dos ruedas: La vida cotidiana ilustrada por Alejandro Nicolau

Por Michelle Raposo

Podríamos decir que para Alejandro Nicolau, el dibujo no fue una elección de carrera tardía, sino una constante en su vida. Desde chico le gustó dibujar y su familia siempre ha fomentado la parte artística. De hecho tiene dos hermanos -son cinco en total- que se dedican a la música.

En la sala de clases era ese compañero bueno para dibujar, y finalmente fue a lo que se dedicó. “En la escuela, los que menos pescamos matemáticas, mejores dibujantes somos”, cuenta con humor.

Sus ilustraciones hoy capturan pequeños momentos de la vida: pasar la lluvia con un mate, una conversación con un amigo, el viento en la cara cuando andas en bici. “Hago cosas muy cotidianas, cosas que me suceden, cosas que me causan un poco de reflexión o de gracia, de humor, y bueno, las voy ilustrando. Y a medida que se fueron publicando estos dibujos, se fue sumando gente también que se siente identificada”. 

Observar las cosas para dibujarlas, también ha pulido su capacidad de observación del mundo, “lo que pasa en la calle, lo que dice la gente. O hay cosas que me parecen simpáticas y las dibujo”.

Últimamente se ha topado en las calles con un personaje nuevo: un chico que pasea en bicicleta con un parlante de gran tamaño escuchando cumbia a todo volumen. “Y bueno, me da alegría verlo, lo voy a dibujar en cualquier momento”.

Pedalear la ciudad

Oriundo de Tucumán, Alejandro vive en el centro de su ciudad y la bici es su herramienta fundamental, tanto para transportarse como para crear. En Tucumán las calles son angostas y el tráfico intenso, por lo que el pedal le da una ventaja competitiva.

“Es el vehículo que más me beneficia. Lo hago desde que soy chico y no ha cambiado mi forma de moverme”, explica. Sin embargo, llevar la bici al papel no fue tan sencillo como montarla: “Al principio me resultaba difícil dibujarla, pero después le encontré la vuelta y ahora siempre que puedo dibujo algo con una bici, y bueno a la gente le gusta mucho también”.

De hecho, uno de los recuerdos más felices de su infancia tiene que ver con su primera bici. Aún se acuerda de la sorpresa que llegó para su cumpleaños cuando tenía unos diez u once años. 

“Me acuerdo que una mañana me despertaron y había una bicicleta roja, nueva y reluciente que me estaba esperando. Y wow, ese día me acuerdo que fue muy lindo porque era como querer tener un auto ¿viste? Lo máximo. Mi papá me bajó a la vereda y me dio los primeros empujoncitos. Me la pasé dando vueltas a la manzana todo el día. Estaba feliz, feliz”.

El modelo era una bici para niños llamada “Aurorita” que se dobla al medio, de aluminio y con parrilla trasera.

Robos, trueques y murales

La historia ciclista de Alejandro ha tenido de todo: desde aventuras en bicicletas con los primos en la infancia, hasta un “trueque espectacular” a los 25 años, donde cambió su bici por una de paseo más grande de una amiga. Lamentablemente, esa compañera terminó siendo robada. “La dejé atada solo con la cadena porque el candado se me había estropeado, y bueno, me la robaron. Quedé un tiempo sin bici hasta que conseguí la que tengo actualmente”.

Su compromiso con el ciclismo urbano también va más allá de sus traslados. Ha colaborado con la asociación Meta Bici, diseñando y pintando murales que fomentan el uso del pedal en la provincia.

Se puede decir que Alejandro ha logrado lo que muchos ven como un sueño lejano: vivir de su arte. Ya sea pintando murales, vendiendo stickers y cuadros en ferias, o haciendo ilustraciones para libros, ha podido “sacarle el jugo” a lo que gusta; esa misma satisfacción que sintió al dar las primeras vueltas a la manzana con su bici roja.

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Etiquetas: , , Last modified: abril 11, 2026
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