Camila Silva y su estilo de vida basura cero: “Usar la bicicleta fue el punto de partida para cambiar mi forma de conectarme con el entorno”

Por Natalia Bobadilla

Fotos Víctor Rojas

 

Partió reciclando y pedaleando. Eso la llevó a cuestionarse y desde 2016, a través de su blog y su Instagram (@nomedalomismo) ha documentado cómo reduce la emisión de residuos en su día a día.

 

La vida que hoy lleva Camila Silva (31) es muy diferente a la que llevaba hace 5 años atrás. Sigue una tendencia mundial que busca disminuir en lo máximo posible la emisión de desechos. No sólo basta reciclar, sino preocuparse desde la forma de conseguir alimentos, fabricar sus propios artículos de aseo, etc. Todo un estilo de vida que esta diseñadora industrial ha documentado en su blog “No me da lo mismo” y, con mayor fuerza en el último tiempo, en su cuenta de Instagram @nomedalomismo, donde tiene más de 18 mil seguidores.

Y en este giro radical, la bicicleta fue vital. “Fue el punto de partida para cambiar mi forma de conectarme con el entorno”, cuenta. “Me pegaba el pique en micro o auto al trabajo. Pensé que podría generar un impacto menor al medio ambiente si me iba en bicicleta, además de un beneficio para mi salud física y mental y un ahorro de plata”, argumenta.

Incluso el pedaleo le ha servido para transmitir estos intereses a su hija Pascuala (8). “A veces cuando mi hija me dice me da lata andar en bici, vamos en auto, yo le respondo que el auto contamina el planeta y ella lo entiende”.

“Con mi hija somos parte de un club deportivo enfocado en el ciclismo llamado Una velocidad. Pascuala hace mountain bike. Es uno de los clubes con más mujeres y por lo mismo se hacen hartas actividades desde ese foco para que más chicas se motiven. Ahora se armó un grupo bien fraternal”, cuenta entusiasmada.

 

 

Además, los principios y valores del club coinciden con la forma de ver la vida de Camila. “Hacemos otro tipo de actividades también. Por ejemplo, iremos a un sector a limpiar. Todos queremos hacer el mundo mejor” añade.

Pero cuando Camila era pequeña como su hija, no era tan motivada con el pedaleo. “Recuerdo que tuve una bicicleta tipo paseo, me enseñó a andar mi papá cuando tenía 12. Aprendí muy grande y nunca enganché mucho. Después, cerca de los 15 años, mi abuelo me armó una bicicleta. Recuerdo que fuimos a San Diego a comprar las piezas por separado”, relata tratando de hacer memoria.

“Mis primeros recuerdos, ya más empoderada con la bicicleta, son de más grande. Cuando tenía 25 años, el papá de mi hija me regaló mi bicicleta apañadora. Él se movía mucho en bici y yo quería irme a la pega pedaleando. Era de paseo, aro 26, single speed, blanca con los puños rosados. Era hermosa. Me iba desde Plaza Ñuñoa a Vitacura, ahí trabajaba en una empresa como desarrolladora de productos y vendedora. Me compré una alforja en un emprendimiento de un amigo (en Instagram @biclabags). Ahí llevaba mis vestidos, tacos, maquillaje, etc. porque me iba con tenida deportiva y allá me transformaba en otra persona, jajajá”, detalla.

Al decidir ser una activista del movimiento Zero waste, se motivó aún más con el pedaleo. “Tenía ganas de hacer trayectos más largos. Restauré una bicicleta de ruta, con cambios, más velocidad y pude tener otra interacción con la calle. Además, me regalaron una de montaña con la que incursioné en otras rutas. La bici es mi principal medio de transporte. Tengo un auto que debe pasar toda la semana estacionado”, asegura Camila.

 

Reduciendo desechos

Desde 2014, Camila comenzó a cambiar sus hábitos con pequeños gestos como reciclar toda su basura y a consumir de forma más responsable. Pero tres años más tarde, quiso dar un salto. “Fue respondiendo a un montón de inquietudes que tenía respecto al cuidado del medio ambiente y a la interacción de los seres humanos con nuestro planeta. Me di cuenta de que reciclar no era suficiente y comencé a no generar desechos, mientras en paralelo iba creando mi blog. Fui documentando todo lo que hacía, como una forma de presionarme a mí misma a buscar soluciones nuevas y también para compartir mi avance. Yo en ese tiempo no sabía nada del tema y pensaba que podía haber más gente como yo”, recuerda.

Hoy su trabajo también está enfocado en ayudar a reducir la emisión de desechos. “Además del blog, tengo mi emprendimiento Mantita primavera @mantitaprimavera, donde vendo productos reutilizables para evitar generar desechos como bolsas, servilletas, pétalos desmaquillantes, etc., todos hechos de tela”, detalla.

– ¿Cómo fue la transición a esta nueva forma de vida?

-Ha sido una bola de nieve. El proyecto que yo tenía era que en un año iba a disminuir en la mitad nuestros desechos como familia, pero en tres meses me di cuenta de que ya casi no botábamos nada, era un tercio de lo que generábamos. De un año para otro, fue un cambio de vida.

– ¿Cómo aprendiste? ¿alguien te aconsejó?

– Cuando partí, no sabía mucho. No conocía el movimiento Zero waste en el mundo. Fui muy busquilla. Por ejemplo, quería poder cambiar mi desodorante. Me metía a Google y encontraba un montón de alternativas, en paralelo a que también descubres otras cosas. Así vi que había champú en barra, que podía fabricar mi propia pasta de dientes, etc. Experimentaba mucho. Casi toda la información estaba en inglés y alemán. No había muchas opciones cuando partí. En ese tiempo iba a La Vega con carros y una mochila para comprar a granel, pero ahora hay más alternativas de tiendas en mí mismo barrio.

 

– ¿Qué ha sido lo más complejo?

Lo último que logré solucionar fueron los productos de limpieza como detergentes. Probaba recetas y no me gustaban o los ingredientes no los encontraba. Pero empezaron a aparecer soluciones, como una tienda que se llama Nacional granel. Ahí compro detergente a granel, biodegradable y de industria chilena. Sé que sigue siendo consumo, me resistía a hacerlo, pero es la mejor solución por ahora. El papel higiénico es una de las cosas que no se si podré cambiar. Trato de buscar opciones. Por eso le compro a una chica que vende los rollos sin empaque y son de una empresa no coludida. Antes buscaba la perfección con todo, pero estos son casos que no puedo solucionar al cien por ciento, pero hago lo mejor posible.

– ¿Qué ha significado para ti está nueva vida?

-Ha sido un cambio brutal. En mi vida personal ha afectado un montón. Partí cuestionándome algo súper superficial que era la basura. Antes yo había partido con el vegetarianismo y eso significa  un montón de cuestionamientos sobre la forma en que te alimentas, la ética de los animales, etc. Te cuestiones todo constantemente. Soy otra persona. Partiendo por un cambio brutal en imagen, porque trabajaba todos los días en tacos de 12 centímetros y ahora estoy todo el día en zapatillas arriba de la bici. También cambió la forma de ver la vida y cómo me desarrollo profesionalmente.

Es súper satisfactorio saber que estoy siendo un aporte individual al impacto que como raza tenemos en el planeta. Pero también soy un aporte colectivo porque con el blog y mi cuenta de Instagram al final se genera una comunidad donde nos retroalimentamos. Y mi experiencia, que ha sido súper amateur, puede ser el impulso para que la gente diga si ella, que es una persona común y corriente puede hacerlo, yo también puedo o al menos intentarlo.

También ha sido frustrante con cosas que no puedes solucionar. O me molestaba que mi familia no entendiera lo que estaba haciendo y eso generaba discusiones o terminaba peleando en los supermercados. Pero ahora respetan mi opción de vida. Con mis amigos, ha sido lo mismo y ahora me mandan fotos cuando están comprando con un pote reutilizable. Yo no ando obligando a nadie a hacer lo mismo que hago, pero he logrado contagiar a más personas sin querer.

– ¿Crees que hay más conciencia sobre la emisión de desechos y la forma de relacionarnos con el planeta?

-La ciudad no está preparada, pero uno siempre encuentra la forma. Para mí no ha sido tan complejo. Yo pensaba que no iba a poder hacerlo, pero en realidad es pensar más allá de lo que estamos acostumbrados y tener ganas de hacer un cambio.

 

 

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