Fundación Conciencia Vial: Educación para la acción

Karina Muñoz Matus, fundadora y directora Fundación Conciencia Vial

Cuando estaba en la universidad comenzó mi interés por el transporte. Me llamaba la atención esa especialidad al interior de ingeniería (bueno y también fue un poco descarte), y me di cuenta, siendo estudiante proveniente de región y viviendo bastante distante de la Facultad, que el transporte afectaba fuertemente la calidad de vida de las personas, y sobre todo en grandes ciudades como Santiago, tomaba gran parte del tiempo, que podría destinar a estudiar o a relajarme.

Posterior a ello, ya como profesional trabajando en el área de estudios del Ministerio de Transportes, mi interés derivó hacia la seguridad vial. Eran los temas que me tocaba abordar desde proyectos y estudios en conjunto con CONASET. En esos años tuve la oportunidad de profundizar en esta área que cautivó mi interés, dada la transversalidad con que puede ser tratado, desde la ingeniería, el urbanismo, la salud, la sociología, la educación, las comunicaciones, y pude viajar a diversos países y conocer cómo este tema era también tratado desde el tercer sector, organizaciones de distintos tamaños cuyo fin era contribuir a mejorar la calidad de la movilidad y por sobre todo la seguridad.

Por esos años, 2009, tuve la oportunidad de ir a Suecia y hacer un curso de especialización en seguridad vial en la Universidad de Lund. Esos casi 2 meses, me instalaron la idea de crear mi propia organización, que desde el tercer sector contribuyera a mejorar la seguridad en las vías, hacer la convivencia más armónica y obviamente reducir las tasas de fatalidades en ellas.

Con esta idea estuve por casi 5 años, cuando posterior a un viaje de patiperra por Australia, llegué empoderada y decidida a materializarla. Así fue que en este camino me encontré con Pamela Mora, mi socia con quien creamos Fundación Conciencia Vial, teniendo como foco el promover la movilidad segura y la convivencia vial, a través de diversas acciones como la educación, campañas, la ingeniería y los estudios.

 

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En este proceso, y de manera natural, hemos orientado nuestro trabajo principalmente a la educación, ya que creemos que es una forma de generar un cambio real en la cultura de movilidad de nuestro país, y porque ha sido un área que hasta hoy ha quedado bastante relegada. La adecuada normativa, la fuerte fiscalización y las sanciones acordes al daño, resultan muy necesarias y relevantes para disuadir conductas de riesgo, considerando que en nuestro país actuamos por el miedo a la sanción. Pero si queremos generar un cambio cultural, si queremos que la seguridad y convivencia sean un atributo de nuestra movilidad y un motivo para nuestro actuar, debemos hacer ese cambio a través de la educación, sostenida y formal.

Por este motivo decidimos crear diversos programas e intervenciones educativas, que hemos orientado en los más pequeños. Entre estos destaca nuestro Programa “Transitando con Conciencia Vial”, intervención de 2 meses que cuenta con actividades en aula y una actividad vivencial, que de acuerdo a modelos de enseñanza, corresponden a las actividades que más quedan en los niños. Esta actividad vivencial corresponde a un Parque Vial Educativo, donde los niños y niñas a través del juego de roles de peatón, ciclista y automovilista, en una representación de la ciudad (con manzanas, calles, pasos de cebra, señales y semáforos), ponen en práctica conceptos que han sido transmitido previamente en talleres o inducciones, siendo reforzados por monitores, que persiguen entregar las herramientas para que ellos y ellas tomen decisiones en sus desplazamientos que se orienten a su seguridad y tengan como base el respeto y la empatía.

Este Programa se ha desarrollado durante 3 años, gracias a un Fondo Concursable al que postulamos religiosamente, dada la nula oferta de fondos que se orienten a este tipo de iniciativas. Existen algunos fondos a los que podríamos echar mano, pero exigen elevadas boletas de garantía, lo que para una organización pequeña como la nuestra, sin apoyos, resulta muy difícil.

Con este fondo, hemos logrado llegar, en las 3 implementaciones, a 18 colegios y más de 2.600 niños y niñas de las regiones Metropolitana, Valparaíso, Maule y Araucanía.

Una vez obtenido el fondo, iniciamos la selección de los colegios, a quienes sólo pedimos como requisito contar con el espacio para instalar el Parque Vial, ceder una hora pedagógica a la semana para los talleres en aula, y tener la motivación para implementar las actividades para sacar el mayor provecho posible a los materiales entregados. En esta búsqueda contactamos a las Corporaciones de Educación o DAEM Municipales.

Este ha sido un tema que estamos tratando de mejorar en cada aplicación, ya que los municipios no enganchan con facilidad al inicio, sino cuando ya ven el proyecto andando (en particular la parte vivencial en el Parque Vial), lo que genera un largo y lento proceso para definir los colegios a beneficiar, siendo muy complejo concertar reuniones y obtener información.

En ese proceso se visitan también los colegios, para asegurar las características físicas que permitan la visita del Parque Vial, y explicar a los directores y jefes/as UTP los detalles del proyecto y establecer el calendario de la intervención.

Luego, comenzamos la preparación de los materiales de aula, los materiales para los profesores del colegio, la revisión del Parque Vial para detectar necesidades de reemplazos y el reclutamiento y capacitación del equipo que participará en las intervenciones.

Con todo esto listo, iniciamos el proyecto. Por lo general nos toca desarrollarlo durante el otoño-invierno, ya que los Fondos se entregan normalmente en diciembre y desde esa fecha se puede ejecutar el gasto; como trabajamos con colegios debemos esperar hasta marzo para recién iniciar las conversaciones con estos. Y con el retraso en las gestiones con los municipios, el proyecto retrasa su inicio, partiendo usualmente en mayo. Esto ha generado algunas complicaciones en cuanto a que algunos colegios cuentan sólo con lugares techados (no cerrados), y cuando llueve la actividad vivencial se realiza en un ambiente en extremo frío y húmedo, que muchas veces preocupa por los niños (aunque están tan felices con la actividad que no les complica) y es incómodo para nuestros monitores.

 

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A pesar de estas dificultades en el retraso y condiciones donde en ocasiones nos toca desarrollar el proyecto, su aplicación y resultados han sido exitosos. Vemos buena acogida de parte de los y las profesores de los cursos, quienes nos manifiestan lo interesante de los temas tratados y los materiales lindos y de buena calidad que entregamos (cosa de la que siempre nos preocupamos). Por otro lado, nuestro docente vive en cada taller el entusiasmo de los niños y niñas de participar en cada una de las actividades, y al término de cada taller preguntan “tío/tia, cuándo vuelve?”. En los primeros talleres, los niños y niñas cuentan historias de comportamientos riesgosos de sus padres, al avanzar el proyecto, cuentan como ellos “fiscalizan” esas conductas en sus padres y les dicen cómo deberían realizarlas.

Los directores de los colegios también quedan muy entusiasmados, y muchas veces preguntan cómo pueden hacer para que este proyecto se realice nuevamente o beneficie a otros cursos.

La actividad vivencial es la que particularmente más me gusta, ya que refleja cómo los niños aprenden mediante el ejemplo que reciben en sus casas o lo que ven en las calles. Durante la primera visita, es muy común ver a los niños circulando muy rápido en sus autitos, bicis e incluso como peatones, dándose bocinazos, gritándose “apúrate”, “avanza poh!”, “si no te mueves te voy a atropellar”. Eso es un claro reflejo de lo que les estamos enseñando en el tránsito. Por fortuna son súper permeables y ya para siguientes talleres y la actividad práctica, comienzan a cambiar sus conductas, incorporando el respeto y el cuidado de ellos mismos y los demás, a su repertorio.

Este proyecto, ha sido lo que más nos ha gustado realizar desde que formamos la Fundación, a pesar de ser una intervención de 2 meses, vemos cambios en los niños y niñas y creo que si se hiciera de manera sostenida y más masiva, podríamos crear el camino para el necesario cambio de cultura vial en nuestro país.

Mientras se trabaja por el lado de las Políticas públicas para que esto se instale como necesidad y se desarrollen las acciones para establecerlo, seguiremos trabajando como Fundación. Seguiremos postulando a éste fondo y buscando nuevas opciones para ampliar los colegios beneficiados, y ofrecer este proyecto a colegios particulares.

Nuestro paso siguiente, que ha sido bastante difícil, es que los privados se sumen. Muchas veces cuando el tema de seguridad vial cobra relevancia en los medios, escuchamos opiniones de algunas empresas relacionadas o que realicen RSE en esta materias, pero cuando hemos planteado la alternativa que apoyen este tipo de iniciativas, o incluso nos piden cotizaciones para desarrollar estas acciones, la piedra de tope siempre es la plata, lo que deja todo en nada.

Pese a esto, estoy comprometida con este proyecto y con la Fundación, porque estoy –y como organización, estamos- absolutamente convencidos que la educación en movilidad y seguridad es la clave para una mejor convivencia vial.