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De Talca al continente asiático: el viaje de Fernanda Verdugo y la bicicleta que cambió su destino

Por Michelle Raposo

Fernanda Verdugo confiesa un dato curioso que hoy, viendo las fotos de sus viajes, no deja de asombrar: tenía cero interés por las bicicletas. “Nunca me gustó, cero feeling. Siempre me costó andar en bici, no sé, no me gustaba”.

Sin embargo, la vida da giros inesperados y hoy se encuentra descubriendo todo un continente arriba de una, pedaleando jornadas intensas de hasta 120 kilómetros diarios junto a su pareja. Esta es la historia de una talquina, un australiano, un amor en el desierto y una aventura sobre ruedas que se puede seguir de cerca en la cuenta de Instagram @velo.rutas.

La chispa en el desierto nortino

Todo comenzó cuando Fernanda, recién titulada de Pedagogía, decidió tomarse un año sabático para explorar un mundo que nunca antes había visitado. “Yo nunca había viajado antes, entonces me llamaba la atención”, explica; una curiosidad que la llevó a instalarse en San Pedro de Atacama.

En ese oasis comenzó a trabajar como garzona, enfrentando su timidez y descubriendo un universo cosmopolita —que no se daba precisamente en Talca— donde “la gente se mueve harto”. Fue ahí donde conoció a Lochi, un australiano que recorría Sudamérica en su auto.

El flechazo fue inmediato; el romance le dio tanta energía que Fernanda decidió salir por primera vez de Chile hacia Perú, donde se reencontró con Lochi para mochilear juntos antes de dar el salto definitivo hacia Australia, donde vivió dos años con una visa Working Holiday.

“Se le va a pasar”: El nacimiento de una locura sobre ruedas

Un viajero de más de 60 años al que Lochi conoció en Ecuador fue quien plantó la semilla del cicloturismo. “Él tenía una bicicleta bien especial, prácticamente estaba sentado medio acostado, y pedaleaba con los pies hacia adelante”. Esto, cuenta Fernanda, le llamó la atención al australiano, quien se preguntó: ¿y por qué yo no?

Inspirado por ese encuentro, el australiano recorrió Europa en bicicleta y regresó decidido a que la próxima gran aventura la harían juntos y sobre pedales.

Fernanda recuerda entre risas su total incredulidad ante la propuesta: “Yo no lo pescaba tanto, decía: ‘se le va a pasar, se le va a pasar’. Hasta que un día me dice: ‘ya, encontré tu bicicleta y la compramos usada’. Y yo así como, ay, ya parece que esto va en serio”. El entusiasmo de su pareja, sumado a las ganas de romper con una rutina laboral sedentaria y el gusto por los desafíos físicos, terminaron por convencerla.

El cambio de perspectiva tras un debut duro

El cambio de chip no fue sencillo, recuerda. El primer mes el cuerpo le dolía y las horas se hacían eternas arriba de la bicicleta. Además, con el peso de la bici y del equipaje, terminó más de una vez en el piso por la falta de costumbre. Fernanda confiesa que se frustraba tanto al inicio que solía decirse a sí misma: “Si algo le pasa a la bici, yo no creo que me compre otra. Sería el destino, hasta aquí no más llegamos”.

Sin embargo, tras tres meses de ruta, el panorama es completamente opuesto, y ahora cuida a su compañera de ruta con un cariño y una atención que antes le habrían parecido imposibles, admitiendo que le da risa y ternura notar cómo cambió su actitud: “Si de repente se me ensucia, me da lata, es como ‘ya, llevémosla a lavar’. Como que estas cosas al principio no sé… Lochi me decía: ‘mira, tienes un montón de basura en la cadena’. Y yo como, ‘ay, no me había dado cuenta’, pero ahora ando mucho más atenta a esas cositas; que no se me caiga, cosas así, por ejemplo”.

De Bali rumbo a la inmensidad de China

Sin una ruta rígidamente planificada, la pareja comenzó su travesía en Bali por la cercanía y los vuelos económicos desde Australia, trazando el objetivo de avanzar hacia el norte hasta llegar a China. Hasta el momento, el viaje los ha llevado por Indonesia, Singapur, Malasia y Tailandia, siendo este último su destino favorito por sus playas y su ambiente divertido.

Con un presupuesto estimado de 1.000 dólares australianos al mes (casi $650 mil pesos chilenos) que pretenden estirar hasta octubre, se preparan para cruzar por tierra hacia sus próximos destinos: Laos, Camboya, Vietnam —el cual Fernanda espera con ansias— y la meta final. “Creo que estar en China va a ser como wow. Como al otro lado de Chile, literal”, reflexiona con entusiasmo.

El sueño de una nueva vida en la Patagonia

Esta gran travesía por Asia es solo un capítulo de un proyecto de vida aún mayor. Lochi es un enamorado de Chile, cuenta Fernanda, y juntos ya están pensando en el futuro después de las bicicletas. La meta a largo plazo es regresar a trabajar a Australia para juntar fondos y luego instalarse en el sur de Chile, idealmente en la Patagonia, para abrir un Caravan Park.

“En Australia se usa harto esta idea, que es para que la gente acampe o llegue en casas rodantes. También tienen cabañas o habitaciones más chicas. Es como de todo un poco, pero son espacios grandes y accesibles de todas las formas. Y a mí me gusta eso de que si alguien quiere pagar más y estar cómodo, arriende la cabaña. Pero si alguien tiene menos presupuesto y está dispuesto a acampar, tenga un lugar”.

Al mirar atrás, queda claro que aquel viejo deseo de explorar que la llevó a San Pedro de Atacama se convirtió en su gran motivación de vida. Este viaje no solo cambió su forma de moverse, sino que redefinió por completo el rumbo de su destino.

“A mí me gusta mucho el turismo. Bueno, yo estudié pedagogía, nada que ver, pero me gustaría mucho después convertirme en guía de montaña, quizás. Ahora estoy explorando el buceo, como que me gusta mucho guiar. De hecho, hasta me gusta trabajar de garzona; todo lo que envuelve el turismo me encanta”.

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Etiquetas: , , Last modified: junio 21, 2026
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