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Ta Cherie: El sueño cafetero sobre ruedas que conquistó Maipú

Por Michelle Raposo

Lo que partió como un amor por el café para Catalina Méndez, se terminó volviendo en un nuevo proyecto de vida a sus 25 años, con su cafetería al paso Ta Cherie . Oriunda de Maipú, y con un paso por Valparaíso por un tiempo  mientras estudiaba publicidad, Catalina, como todo el mundo, veía el mundo del café y los baristas como una espectadora. “Yo siempre admiré el café desde fuera, como que siempre me llamó la atención las preparaciones en base a café, los videos de espresso en Instagram”, recuerda. 

De la curiosidad a la vocación

Sus primeros pasos en el café fueron en un Dunkin, pero rápidamente se dio cuenta que no tenía nada que ver con lo que buscaba. El cruce definitivo, eso sí, ocurrió en Valparaíso cuando entró a trabajar en la cafetería de especialidad Café Barón, en el cerro del mismo nombre. Esta experiencia la sumergió por completo en la cultura del café de especialidad. “Yo no sabía lo que era un pitcher, qué significaba que el grano fuera 100% arábico, o que fuera robusto, todo ese tipo de cosas yo las aprendí ahí en Café Barón gracias a los especialistas de café que había y me enseñaron a pulverizar la leche, a preparar un espresso correctamente, que las máquinas debían de calibrarse y ahí estuve trabajando aproximadamente un año y medio, más o menos”. 

Luego ya fue momento de seguir con las prácticas y entrar a la vida laboral. Sin embargo eso no fue suficiente para apagar esa inquietud interior. “Siempre pensé que saliéndome de la cafetería, probablemente nunca más iba a preparar café. Lo atribuía a que ya había aprendido lo que era el café, no creo que siga, pero fue todo lo contrario”. 

Catalina empezó a comprarse distintos tipos de cafeteras, a aprender métodos de filtrado, a visitar más cafeterías. “Llegaba un punto en que tenía que hacerme una limpieza de café, porque pensaba que quizás ya no sería saludable tomar tanto café en la semana y tampoco era saludable para mi bolsillo”.

Pero su fijación con el café no se trataba solo de granos, métodos y cafeteras. “Me iba al trabajo y literalmente estaba pensando todo el día en café, y no solamente en beberlo, sino que extraña mucho la sensación de atender a personas, prepararle el café a alguien, que hay un mundo entero en eso y es hermoso desde mi punto de vista”. 

Otra disyuntiva de Catalina, era si continuar trabajando en la carrera que estudió o dedicarse a su pasión, considerando también -según su experiencia-, que en general el oficio de barista en Chile, no es lo suficientemente valorado en cuanto a salarios.

Igual no más buscó pega en cafeterías, mientras trabajaba de publicista. Tras pasar por lugares donde no se respetaba el oficio del barismo -escuchando incluso a un empleador decir que no le interesaban los métodos y que se sirvieran los cafés altiro- entendió que debía seguir su propio camino. “La verdad creo que siempre existió en mi mente de alguna forma, solamente no encontraba el cómo ni el cuándo, y cada vez creía más esta esperanza”. 

El empujón final llegó cuando estaba en una cafetería e hizo un café espectacular, que sorprendió a sus jefes, con la posibilidad de convertirse en barista y tutora. Sin embargo, uno de ellos prefirió mantenerla editando videos en lugar de aprovechar su talento en las máquinas. “Ahí dije, quizás es Dios, el Universo, tentándome a hacer lo que no me permiten hacer”. El viernes de esa semana renunció a su trabajo. 

Cuando la pasión alinea el camino

A partir de esa decisión, las cosas comenzaron a engranar de manera casi mágica. Aunque la incertidumbre acechaba, la convicción de Catalina y el respaldo incondicional de su pareja, Benjamín, fueron el motor para no dar marcha atrás. 

En medio de la búsqueda de un formato sostenible y económico, una imagen en Pinterest encendió la chispa: las cafeterías sobre ruedas en bicicleta. Al principio parecía difícil encontrar algo similar en el país, pero la persistencia rindió frutos cuando Marketplace le mostró una coincidencia perfecta: un carrito artesanal, mitad bicicleta y mitad barra, fabricado por un cafetero de Buin. “Fue amor a primera vista y pensé, tiene que ser de nosotros. Es literalmente lo que necesitamos”. Tras un acuerdo rápido y lleno de sincronía, el carrito ya estaba listo para rodar.

Aprender a conducirlo no estuvo exento de desafíos, pues trasladar una estructura pesada requiere destreza y anticipación en los frenos. Sin embargo, la respuesta del entorno no se hizo esperar. Al instalarse en Maipú, la propuesta de café de especialidad preparado a mano y sobre tres ruedas impactó a los vecinos. 

El momento decisivo ocurrió al posicionarse cerca del canil del Parque Tres Ponientes, donde encontraron a su público ideal: tutores de mascotas y amantes del buen café que valoraron al instante la propuesta. «A mi mamá le gusta mucho decir que ese carrito venía como bendecido… ha sido un boom de emociones de verdad, han sido días que decís “chuta”, pero después llega una noticia hermosa».

Un sello sobre ruedas que sigue rodando

Con solo unos meses en las calles, la verdadera cafeína de Ta Cherie ha sido el vínculo humano que se genera en cada atención. Para Catalina, el café no es solo una bebida, sino un pretexto para reconectar con la comunidad y rescatar el valor del servicio personalizado que tanto extrañaba del barismo. 

La estética del carrito se convirtió en un imán natural para los transeúntes, generando curiosidad antes del primer sorbo. «La gente nos ha recibido súper bien, a los vecinos les encanta y mucha gente nos dice que el carrito llama la atención porque es algo que poco se ve. Es muy llamativo, es muy lindo, tiene como una vibra muy vintage sin dejar de verse elegante», detalla. La cálida recepción fue tal que los primeros días los vecinos acudían a comprar incluso sin haber probado antes café de especialidad, solo para apoyar la iniciativa local.

Esa cercanía convirtió la atención al paso en una experiencia llena de sorpresas, logrando conectar con clientes que buscaban precisamente esa calidad y dedicación que no encontraban en las grandes cadenas. «Nosotros no teníamos ni un letrero, ni un pendón, absolutamente nada, y la gente llegaba a mirar el carrito y se enteraban de que vendíamos café. Conocían lo que era el café y estaban dispuestos a pagar lo que correspondía por un café de especialidad». 

Aunque Catalina y Benjamín sueñan con abrir un espacio físico en el futuro, tienen claro que la esencia del proyecto seguirá viva en las calles. «Nos gustaría nunca dejar de trabajar el carrito porque es casi un sello, ha sido puro esfuerzo por querer entregar no un producto que se venda rápido, sino entregar un producto que sea de calidad y una experiencia a las personas».

Todo este constante esfuerzo y dedicación los ha llevado a estar presentes en la tercera edición de Maipú Cafetero, la gran feria comunal del café. El evento se llevará a cabo este sábado 10 de octubre de 2026, en la Piscina Municipal (ubicada en calle Maipú con Bailén), entre las 09:00 y las 21:00 horas, con entradas a $5.000 disponibles a través de Eventrid.

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Etiquetas: , , Last modified: octubre 8, 2026
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