Escrito por: 12:40 pm Actualidad

Autos, aves, hoyos, árboles y grúas desde el asiento de niños y niñas

Por Alba Vásquez y Susana Cortés, investigadoras MOVYT

Durante el 2020, bajo la emergencia sanitaria, la bicicleta se posicionó como uno de los medios de transporte más seguros, en términos de evitar aglomeraciones y reducir el riesgo de contagios[1]. Paralelamente a estos nuevos riesgos y temores causados por la pandemia, y las restricciones a la movilidad producto de la misma, observamos en Chile un triste y preocupante aumento de muertes de ciclistas producto de los siniestros de tránsito. Según el Balance de Siniestros de Tránsito del MTT[2], en el año 2020 en todo el país, 107 ciclistas fueron víctimas fatales de siniestros de tránsito, aumentando un 25,9% respecto al año 2019. Este aumento es un síntoma del riesgo diario que viven aquellos que se mueven en bicicleta; vehículos motorizados a exceso de velocidad que nadie fiscaliza, o condiciones de infraestructura para moverse en bicicleta que no cumplen con las recomendaciones de diseño realizadas por la misma autoridad.

En estas circunstancias, y continuando con la reflexión iniciada hace algún tiempo sobre el rol de la bicicleta en las movilidades interdependientes de las familias con niñas o niños en el contexto post pandémico[3], cabe preguntarse cómo son percibidos estos riesgos cuando no está en juego sólo nuestra propia seguridad, sino también la de otras personas a quienes cuidamos y queremos, y cuyas movilidades están estrechamente vinculadas a las nuestras, y en qué prácticas concretas se traducen estas percepciones al momento de andar en bicicleta como familia. Con el objetivo de comenzar a explorar este tema, hemos realizado una breve entrevista a adultos y niña/os que se desplazan juntos en bicicleta en diferentes ciudades de Chile. A los adultos les preguntamos sobre sus trayectos cotidianos y cómo estos se modifican al andar con niñas/os, además de los aspectos o lugares que sienten más seguros o inseguros en estos viajes en conjunto. A niñas y niños les preguntamos sobre lo que más y menos les gusta de andar en bicicleta, y si hay momentos o situaciones que les parezcan peligrosos. A continuación se desarrollan algunas de las principales temáticas que emergieron a partir de estas entrevistas.

Disfrutar y temer

En las respuestas tanto de adultos como de niña/os, lo primero que nos llama la atención es el contraste en las experiencias de andar en bicicleta entre lo placentero y el miedo. En general, niñas y niños parecen disfrutar más libremente de los beneficios de andar en bicicleta, sobre todo cuando van de pasajeros, pudiendo contemplar diversos elementos del entorno, como aves, árboles, los caminos, el pavimento, edificios y grúas: el paisaje. También mencionan disfrutar de la sensación en sí misma de andar en bicicleta, la velocidad. Sin embargo, la posibilidad de disfrutar del viaje descansa en un trabajo constante de parte de los adultos que les acompañan para prever los riesgos, encontrar las mejores rutas, evitar obstáculos y alejarse de peligros. Lo cual no quiere decir que los adultos no disfruten también de estos viajes.

Disfrutar el viaje, la sensación y el paisaje

Sobre la pregunta de qué es lo que más les gusta de andar en bicicleta, estas fueron algunas de las respuestas de niñas y niños:

“Que cada viaje es un paseo”;  “Me gusta mucho mucho muchísimo poder mirar los pájaros, las aves y los árboles”; “Ver el paisaje”; “La sensación”; “Voy rápido y lo paso bien”; “Saltar los hoyitos que hay en el camino. También ir al jardín pasando por el puente”.

Y en las palabras de un papá, quien respondió por su hijo pequeño: “La sensación es de estar compartiendo una experiencia que se puede transformar en un hábito familiar. La diferencia es que vamos poniendo más atención a las cosas que pasan a nuestro alrededor, aves que se cruzan, presencia de lluvia, camiones, etc. Cuando ando solo, el objetivo es desplazarme lo más rápidamente posible”.

Pensar otras rutas

La posibilidad de disfrutar de los elementos mencionados al andar en bicicleta en familia, sin embargo, parece ser permitida por las medidas que adoptan los adultos cuidadores, los cuales modifican rutas, ritmos, preferencias y actitudes al andar en bicicleta junto a niños/as, y no por las condiciones de la infraestructura de la ciudad. Al preguntarle a los adultos sobre cómo se sienten al andar con niña/os, en relación a  andar sola/os, y si acaso modifican sus trayectos, estas fueron algunas de sus respuestas:

“Cambia el nivel de riesgo que uno asume, solo voy por la calle, con mi hija voy por la vereda cuando percibo que la calle es muy peligrosa. El nivel de temeridad baja al mínimo y la velocidad se reduce en función de la comodidad y disfrute de la hija”.

“Cuando voy con mi hija no voy rápido, más bien tranquila y paseando; voy muy atenta”.

“Me siento tensa, alerta , preocupada. Cuando ando sola ando tranquila”.

“Voy con mucha más precaución, a veces siento cierta inseguridad porque me siento más vulnerable”.

“Al viajar con mi hijo detrás de mí (en su propia bicicleta), presto atención a la distancia que tiene de mí, para regular el paso”.

“Cuando viajo solo trato de evitar las ciclovías ya que no me siento muy seguro en ellas principalmente porque voy rápido y la mayoría no tienen buena superficie ni cuentan con un ancho seguro, sobretodo considerando que la generalmente tienen doble sentido (…) Cuando viajo con mis hijos utilizamos las ciclovías, veredas y también calles. Me preocupa que aprendan a transitar seguramente en calles con vehículos motorizados y también a sentirse seguros en ellas”.

“Mi ruta en solitario es la más cómoda/rápida donde corro riesgos, pero con mi hija utilizo la ruta que perciba como más segura, cómoda y bonita porque la idea es disfrutar el paseo juntos”.

“Trato de buscar calles alternativas y evitar las avenidas o calles con micros”.

Sentirse in/segura

Al preguntar a las personas adultas sobre los lugares o aspectos que les hacen sentir más seguras y más inseguras al andar en bicicleta con niña/os, las respuestas se enfocaron principalmente en aspectos de la infraestructura vial: mientras algunas ciclovías, parques y calles poco transitadas emergen como las rutas que dan una sensación de mayor seguridad, las avenidas, cruces e intersecciones, ciclovías mal diseñadas y las calles en que los vehículos andan a mayor velocidad, aparecen como las situaciones que se sienten más riesgosas. Son estas últimas condiciones las cuales intentan evitar al desplazarse con niña/os, modificando las rutas o sus estrategias de viaje. También emerge el tema de las zonas con mucho tráfico peatonal como complejas de transitar en bicicleta, así como la actitud de otras personas, automovilistas en particular, pero también otros ciclistas, hacia quienes andan en bicicleta y en especial hacia niña/os más jóvenes y sus ritmos. Además, aparece el tema de factores atmosféricos – especialmente para quienes respondieron desde ciudades como Coyhaique. Frente a la pregunta por los lugares y aspectos que sienten más inseguros, algunas respuestas que parecen representativas de una opinión más generalizada son:

“La poca protección en los lugares donde se comparte con mucho flujo de autos, el diseño de intersecciones que favorece los vehículos motorizados, la cultura de calles hechas solo para autos de la mayoría de los usuarios”.

“Ciclovías mal hechas o demasiado transitadas”.

“La ignorancia de los conductores”.

“Calles con mucha locomoción, calles en qué automovilistas alcanzan mayor velocidad”.

“Alta velocidad de motorizados, mala calidad de ciclovías, cruces mal diseñados”.

“Cruzar calles, con semáforo en verde, y que los autos no respeten al doblar; en las ciclovías, el poco cuidado y respeto que tienen algunos ciclistas con el tiempo y el espacio de la bicicleta con hij@s”.

“Cuando se comparte la calle con vehículos que se desplazan a alta velocidad. Condiciones de clima adverso como ráfagas de viento, hielo y nieve son situaciones peligrosas. Otro aspecto es andar en bici con altos niveles de contaminación atmosférica, lo que es un riesgo que vamos tomando en el largo plazo.”

Sin embargo, si bien podría esperarse que al andar en compañía de niña/os los adultos se sintieran más inseguros, algunas respuestas hacen pensar lo contrario: andar con niña/os puede hacer a los adultos sentir mayor seguridad, debido en gran parte a sus propios cambios de trayecto y velocidad, pero también a un cambio de actitud en algunos automovilistas cuando se enfrentan a un grupo de ciclistas que incluye niña/os:

“Me siento seguro casi siempre, vamos tranquilos, y veo en mis hijos que tienen una buena experiencia (…) Además siento que al viajar con niños los automovilistas se preocupan más por nuestra seguridad que cuando viajo solo”.

“Me siento más seguro a diferencia de andar solo (…) Un niño o niña en bicicleta concientiza”.

Niñas y niños, por su parte, parecen identificar a los automóviles como el principal elemento de inseguridad al andar en bicicleta, especialmente si estos pasan muy cerca y/o a alta velocidad. Sin embargo, también hay niña/os que no identifican ningún peligro, y que incluso dicen sentirse muy seguros al andar en bicicleta, mientras algunos identifican elementos del pavimento como peligros, o el ruido como algo negativo. Ante la pregunta sobre lo que no les gusta de andar en bicicleta, y los posibles peligros que identifican, estas fueron algunas respuestas:

“La calle cuando pasan autos cerca y son muy agresivos”; “Cuando uno intenta cruzar una calle y los autos vienen muy rápido y me pueden atropellar. Me hace sentir mucho miedo”; “El ruido”; “La mucha precaución que hay que tener con los automóviles”; “Los autos tocan mucho la bocina, las motos son muy ruidosas y los ciclistas de vereda”; “Los autos”; “Los automovilistas no respetan mucho y tocan la bocina para que uno no se demore tanto”; “Cuando andas por la calle y pasan a mucha velocidad al lado, muy cerca. Me da miedo”; Yo me siento super seguro cuando ando en bicicleta”; “Si hay hoyos y algunas hojas están tapando el hoyo y nos caemos al hoyo”.

Ciudades que cuiden

Volviendo a la pregunta que da inicio a esta columna, sobre cómo son percibidos los riesgos particulares del andar en bicicleta en Chile, y especialmente en Santiago, cuando no está en juego sólo nuestra propia seguridad, sino también la de otras personas cuyas movilidades están vinculadas a las nuestras, las respuestas aquí presentadas dan algunas luces.

Desde el punto de vista de los adultos, los riesgos al andar en bicicleta en familia no parecen percibirse como diferentes a los de andar solitariamente. Sin embargo, el riesgo sí parece intensificarse al afectar a más personas y en particular a niños a quienes cuidamos y queremos. En este sentido, la percepción cultural generalizada de la niñez como un grupo especialmente vulnerable tiene un impacto sobre las actitudes y decisiones al andar en bicicleta en su compañía: tener más cuidado, tomar más precauciones, andar más lento, buscar rutas que eviten la cercanía de automóviles muy veloces, ir a un ritmo más tranquilo, son algunas de las reacciones y estrategias ante los riesgos de andar en bicicleta en la ciudad con niña/os. Es posible pensar, además, que lo mismo ocurre con algunos conductores, quienes adoptan una actitud más empática y cuidadosa – ¿y cuidadora? – al enfrentarse a niña/os en bicicleta, en comparación con sus actitudes frente a los adultos.

En general, lo anterior parece propiciar experiencias positivas de andar en bicicleta para la niñez, pudiendo disfrutar del paisaje, de la compañía y de la sensación misma de andar en bicicleta, percibiendo esta práctica como protegida y segura. Sin embargo, los riesgos también son percibidos por niñas y niños, sobre todo sensorialmente a través de la cercanía física, la velocidad y los ruidos generados por los vehículos motorizados.

Las actitudes y estrategias que adultos particulares dicen tomar en relación a la movilidad con niña/os en bicicleta constituyen posiblemente los principales factores protectores gracias a los cuales dentro del número de víctimas fatales del 2020 no hay niña/os. Sin embargo, una actitud de cuidado por parte de las personas más cercanas a la/os niña/os no es suficiente para garantizar que puedan moverse de manera segura por este medio, sobre todo si pensamos en niña/os más grandes que ya quieren comenzar a moverse sin la compañía de adultos. Disminuir los riesgos para la movilidad familiar interdependiente, y para niña/os y adolescentes, así como mejorar sus experiencias de andar en bicicleta no puede depender solo de actitudes y estrategias personales. Si bien estas son esenciales, se requiere también de cambios a mayor escala que se enfoquen en mejorar la infraestructura urbana contemplando la diversidad no solo de medios de transporte, sino también de usuarios, apuntando hacia la creación de ciudades que cuidan en su conjunto, sin dejar el cuidado de niñas y niños como responsabilidad exclusiva de mamás y papás.

La percepción de la niñez como más vulnerable no debiera significar una limitación a la forma e intensidad de sus movilidades, sino generar cambios en diversas escalas y dimensiones de la ciudad: desde la actitud de todos sus habitantes, pasando por las regulaciones que rigen el tránsito por ellas, hasta el diseño de sus infraestructuras, teniendo siempre en consideración que en ellas cohabitan personas con ritmos, necesidades e intereses diferentes.


[1] Esto ha sido reconocido a nivel mundial, por ejemplo, por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, ya que facilita el distanciamiento social, reduce las aglomeraciones en el transporte público, además de otorgar beneficios físicos y urbanos.

[2] Estas cifras sólo representan a aquellas víctimas que perdieron la vida en el mismo lugar del siniestro, más no a quienes llegaron a centros de atención médica con lesiones graves y que fallecieron producto del siniestro. Por esto, la cifra puede ser aún mayor.

[3] https://revistapedalea.com/movilidades-entrelazadas-ninos-ninas-y-adultos/

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