Escrito por: 10:28 pm Cultura

Colina abajo de Alan Sillitoe

Por Nicolás Celis Valderrama, ciclista e historiador

Alan Sillitoe fue un escritor inglés que se vincula al movimiento de los Angry Young Men de la década del 50, un grupo de jóvenes literarios que expresaban el sufrimiento y amargura de las clases bajas, al tiempo que criticaban severamente la hipocresía y la mediocridad de las clases medias y altas. Sus novelas y poesías de protesta social lo hicieron obtener premios como el Aston en 1959, y el Título Honorario de la Nottingham Trent University en 1990. También algunos de sus trabajos fueron adaptados al cine. Una de sus obras más conocidas es la novela La soledad del corredor de fondo, que narra la tenacidad y resistencia de un joven proveniente de un reformatorio con talento para el atletismo. En 1987 se tradujo al español la novela Colina abajo, texto que reseñaremos en esta tribuna, la edición que elegimos es la de la editorial Laia de su sección literatura.

En el verano de 1945 Paul Morton joven y entusiasta se lanza a una odisea que le conduce a lo largo de 400 km en bicicleta. 38 años más tarde vuelve a repetir ese itinerario, esta vez en automóvil. Descubre entonces dramáticamente los sitios de su experiencia juvenil transformados el balance de su vida, incluye la escalofriante verificación de cuánta agua había corrido bajo los puentes. Recordó sus primeros encuentros con el sexo en aquel viaje, observa con emoción cuánto había cambiado el paisaje del valle de Trent al pasar el tiempo, irremediablemente su vida pasó ante sus ojos.

El pedaleo de Morton fue a pocos meses de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, seguramente unos meses antes las hojas de los árboles de los paisajes recorridos, habrían estado deslucidas a causa de las cortinas de humo que se desplegaban cada noche durante las incursiones aéreas para desorientar a los bombarderos alemanes. Sin embargo, a fines de julio, en el verano europeo, aquellas hojas recuperaba su lozanía que perfumaban el aire con el cual Morton llenaba sus pulmones con cada tracción de su pedal.

El viaje lo hizo en solitario con un atlas a la mano para consultar la ruta. Fue un viaje íntimo por un valle atravesado por un río que operaba como la viga maestra que fertilizaba los campos. Cada cierto tramo Paul se detenía, no por cansancio, sino por la embriaguez que lo embargaba a recorrer ese paisaje en la bicicleta que su tío le había regalado. Nunca le quedó claro, por qué el tío que estaba en un manicomio, supo de sus ganas de recorrer el mundo en bicicleta. Sólo sabe que su madre así se lo dijo y con eso para él fue suficiente.

Esta novela es sobre la nostalgia, sobre el recuerdo de la juventud cuidadosamente narrada y con descripciones a ras de suelo, ambos viajes, el que realizó en bicicleta y luego en automóvil, duraron 6 días. En ambos viajes solo amores fugaces lo despidieron. La soledad nunca fue un problema, estuvo atento a no descuidar las huellas de su destino. Pensó en el futuro y en el pasado. Sin embargo, en el segundo viaje se sintió viejo, sintió ganas de morir. La misma fuerza que había tenido a los 18 años para hacer ese viaje en bicicleta lo motivaba a quitarse la vida. Decidido, se dirigió a su auto a buscar la escopeta para volarse los sesos, sin mucho pensarlo, sin mucho quererlo. En este preciso momento, mientras sostenía el arma y la acomodaba bajo su mentón, a la distancia ve a un joven sobre una bicicleta pedaleando a un ritmo perfecto. La armonía entre las piernas y el pedal le recordó el pasado, aquel cuerpo delgado sobre la bicicleta, le recordó las ganas de vivir. A Morton le bastó mirar a un hombre pedalear 30 segundos para volver a soñar e imaginar el futuro. Muchas sangres corrieron por su sangre, muchos vértigos recorrieron su cuerpo. Abrió sus brazos, respiro profundo, sintió una brisa en su rostro y recordó lo que se sentía al montar una bicicleta colina abajo.

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