Escrito por: 8:00 am Mi primera bicicleta

David R. Bórquez: La bicicleta me dio un sentido humanista de ver el mundo

Fotógrafo, ciclista y activista de Bicidencias

Soy ciclista desde la cuna, activista de Bicidencias y actualmente formo parte de su mesa de trabajo, también soy corta calles de Revolución Ciclista oficialmente, y extraoficialmente de otras cicletadas y esta es la historia de mi primera bicicleta.

No sé cómo llegó a mi, probablemente cuando tenía 3 años, me la regalaron mis padres, supongo yo que motivados ellos por un tío que es muy ciclista y tiene que haber influido en eso -por suerte- y a los cuatro años decidí que alguien le sacara las rueditas de seguridad para aprender solo. Aprendí completamente solo, por mi interés y necesidad de hacerlo, y cuando aprendí el primer día me saqué la mugre por demostrarle a mi papá que yo sabía. Fue mi primera anécdota de caída, el primer día de bicicleta, y luego cuando entré a clases en kínder supongo, mis compañeros y profesores preguntaban de dónde venían las costras que tenía en mi cuerpo.

Luego de adulto he tenido miles de experiencias en bicicleta, incluso fuera del país. En un momento me enamoré de una persona -de un hombre- hasta la médula y lo seguí a París, me llevé la bicicleta y todas mis pertenencias a cuestas. Luego nos fuimos a Zúrich en Suiza, luego a Buenos Aires en Argentina, después nos devolvimos a Europa a Madrid y todo el tiempo con todas mis cosas a cuestas. Cuando quise volver tuve que dejar todo porque no tenía dinero para traer todo el cargamento, menos mi bicicleta que se vino conmigo por supuesto, me acompaña a todos sitios y además es mi compañera.

Anécdotas tengo muchas. Afuera, haberme recorrido todo París, haber descubierto esa ciudad maravillosa gracias a la bici y la libertad que da.

Creo que las experiencias más ricas que he vivido y mis mejores viajes son acá en Santiago. En mi preadolescencia en los años 90 cuando empezó a ser un poco más relajado moverse por Chile sin tanto miedo, empecé a recorrer y a alejarme de la casa y descubrí sitios donde vivía gente en situaciones mucho más apremiantes que la mía, y también vi realidades distintas a la mía y eso me hizo evolucionar un sentido humanista de ver el mundo, que creo ha sido mi mejor viaje de la vida y fue gracias a la bici.

Esa motivación humanista fue la que me llevó a Bicidencias, para aportar en algo más que pertenecer a un grupo. Bicidencias lo que hace es activismo por la comunidad no heterosexual, ahí todas las identidades convivimos y no hay una hegemonía, ni tampoco una prevalencia de uno sobre otro, de ninguna identidad, de niguna expresión de género. No somos personalistas, somos horizontales y hemos creado una forma de trabajar y hacer activismo muy desde la sinergía y de unir luchas. Hemos colaborado con organizaciones feministas. El 8 de marzo recién pasado estuvimos colaborando, lo cual me llena de orgullo y bueno a mi lo que me gusta de la bici es justamente eso, el gesto político, aunque uno no esté en una organización andar en bicicleta siempre es bueno porque provoca un bien para uno y para los demás.

Invito a la gente a usar la calle, ese es mi lugar favorito la verdad, porque encuentro que la ciudad es una creación humana muy negra, que a uno lo deprime y lo hace sentir estresado y usar la bicicleta va justamente en contra de eso y hace de la ciudad y de los que vivimos en la ciudad un mundo mejor. Además, es un medio de transporte que es apto para personas de cualquier edad, de cualquier tipo de identidad posible, de cualquier estado físico y a todos nos vuelve mejores personas. Cuando llegamos del punto A al punto B llegamos al punto B siendo una mejor versión siempre. Por eso invito a toda la gente a usar la calle con seguridad, sabiendo las normas y a empoderarse de nuestro espacio público.

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