Por Michelle Raposo
Andar en bicicleta suele promocionarse como una experiencia liberadora, una forma de moverse noble donde la consigna parece ser siempre disfrutar del recorrido. Sin embargo, para un gran número de ciclistas existe una realidad incómoda y callada que ocurre justo en un punto donde el cuerpo se conecta con la bicicleta: el sillín.
Una caída en la tradicional peregrinación a Lo Vásquez fue el detonante involuntario para que Rocío Martínez —conocida en Instagram como corazon.deratita— pusiera sobre la mesa un debate ignorado por años. Tras romper su bicicleta en el accidente, la búsqueda urgente de un sillín adecuado la llevó a destapar un verdadero tabú sobre la anatomía, el confort y los mitos de la bicicleta.
Oferta limitada
Tras el incidente, Rocío se vio obligada a renovar su equipamiento, enfrentándose a un mercado donde la oferta especializada para la anatomía femenina resultaba escasa y costosa.
«Me puse a buscar sillín para mujeres y había súper poca oferta. Me compré uno Specialized Mimic que me costó como 140 lucas, pero para mí es muy esencial porque hago rutas súper largas. Hice un video diciendo que me sirvió caleta y de pronto me comentó mucha gente, hombres y mujeres, expresando su malestar en la bicicleta».
Justamente ese primer registro abrió una puerta de entrada a un sinfín de historias y experiencias que la comunidad ha normalizado erróneamente: la idea de que el asiento debe doler hasta que el cuerpo se «acostumbre».

«Hay como un 91% de personas que sienten malestar; es muy poca la cantidad de gente que se siente cómoda con el sillín. Siento que hay harto desconocimiento al respecto y terminamos soportando el dolor. Está este mito de ‘no, si al principio duele y después se pasa’, y muchas veces no se pasa nunca. Poco se habla del dolor en el pedaleo. Muchísima gente me comentaba que dejó de pedalear porque era insoportable el dolor», comenta Rocío.
La repercusión de las publicaciones de Rocío trascendió las fronteras locales, atrayendo mensajes de ciclistas de diversos países que buscaban respuestas ante una molestia guardada en secreto por vergüenza.
«Mucha gente me comentó ‘oye, entonces no estoy deforme, no soy solo yo’. Me siguen hablando chiquillas diciendo que esto no lo habían conversado nunca porque es un tabú, el dolor genital. Les daba vergüenza decirlo y ahora se dieron cuenta de que es súper normal».
Anatomías distintas, necesidades distintas
Un aspecto clave de esta conversación fue la diferencia biomecánica entre cuerpos y cómo la industria tradicional ha comercializado un estándar genérico que no responde a la realidad anatómica de cada ciclista. Como explica Rocío, el cuerpo humano no está diseñado para descansar sobre la zona genital, sino para distribuir el peso adecuadamente.
«Unos comentaban ‘oye, entonces todo lo transforman en negocio’. Y bueno, sí, pero realmente somos anatomías diferentes y tenemos necesidades diferentes. No podemos acostumbrar nuestro cuerpo al de los hombres ni ellos al de nosotros. Qué bacán que las empresas le estén dando importancia a esto y haya ciencia al respecto».
¿Y cuál es la ciencia detrás de estas diferencias? A grandes rasgos, explica Rocío: «El sillín de mujer tiene como un canal vaginal, un surco que hace que no haya tanta presión en esa zona, pero sí una contención. En los varones tiene un hoyo directamente para que no tengan contacto en la zona donde pasa el nervio pudendo. Además, las mujeres tenemos la cadera un poquito más ancha en la zona de los isquiones».
Puntos de apoyo, ajustes y accesibilidad
Más allá de la compra de un componente específico, Rocío enfatiza en que el bienestar sobre la bici responde a un conjunto de factores posturales. Al andar en bicicleta deben existir únicamente tres puntos de apoyo: manos, pies e isquiones. Cuando la posición o la altura del manillar y pedales falla, el peso termina transfiriéndose erróneamente hacia la zona blanda genital.
Una opción para encontrar la postura perfecta es a través de un estudio de bikefit. Sin embargo, este puede ser costoso para la mayoría de las personas, por lo que probar variaciones de inclinación, buscar videos explicativos e investigar opciones en el mercado resulta indispensable.

Afortunadamente, otra opción más amigable con el bolsillo son los sillines de Trip. «Las chiquillas de Trips tienen sillín versión varones y versión mujeres. Yo probé el de mujer y está muy bacán: el de Trip cuesta como 20 lucas. Yo lo probé caleta, de hecho lo tengo puesto en mi bicicleta porque dije: ‘ya, no voy a recomendar algo que realmente no me sirva’. Y lo encuentro súper bueno, como que realmente está bien hecho».
Y aunque los comentarios en las redes sociales no estuvieron exentos de descalificativos o burlas habituales por parte de algunos usuarios, Rocío destaca el impacto positivo final de haber levantado el tema. La conversación logró romper el silencio en torno al confort sobre la bicicleta, permitiendo que tanto mujeres como hombres reconozcan que el dolor no debe ser parte del trayecto.





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