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Nunca ha sido igual el activismo pro-bici desde que llegaron las mujeres.

Destacadas mujeres ciclistas se reunieron a conversar sobre movilidad y género.

Por Michelle Raposo

Fotos: Myriam Salazar, Sandra Aguilera

¿Qué herramientas le entrega la bicicleta a las mujeres? ¿Cómo ha cambiado el panorama ciclista con los liderazgos femeninos? Son algunas de las interrogantes que hablamos el pasado miércoles en el conversatorio moderado por Revista Pedalea sobre el documental “Mujeres en bicicleta: la ciudad también es nuestra”, actividad que fue parte del ciclo de cine en la Semana de la Movilidad, preparada por el Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM). 

El conversatorio tuvo de invitadas a Lake Sagaris, académica CEDEUS UC y directora del Laboratorio de Cambio Social; Susana León, profesora de Ciclismo Urbano y bicimensajera; y Mieke Van Haren, ciudadana neerlandesa residente en Chile. 

Esa misma jornada, también se proyectó la película “Together We Cycle”. 

Aquí les dejamos algunas de las reflexiones del conversatorio.

BICICLETAS PARA SANAR MÁS RÁPIDO

Qué las bicicletas entregan beneficios para la salud, tanto en lo emocional, como en lo físico, eso nadie lo discute. Pero llegada cierta edad, sin duda que se pueden ver los efectos positivos de tener una vida activa.

Por ejemplo, en agosto del año pasado Lake tuvo una fractura en su rodilla luego de un accidente doméstico. “Me habían dicho que la recuperación tomaba 12 semanas, y yo pensé en todas las cosas que nos cuentan de la vejez, voy a estar al menos 15 o 20 semanas, y al final fueron solo 6 semanas. Fue la mitad del tiempo normal”. 

Lake ¿qué te dicen los amigos de tu generación de pedalear a tu edad? Depende del país y depende del lugar. Porque como dice Mieke para las amistades en Holanda es normal. En Canadá es como, ¿pero no vas a usar casco? Y les digo que no, porque si es necesario para un ciclista, es más necesario estadísticamente para un caminante o para un automovilista. Y además yo no me pondría un casco y me tiraría de un cuarto pisto, que es más o menos la energía equivalente de un choque de un cuerpo contra un vehículo. 
Lo que yo diría sí, es que creo que hay un gran vacío en relación al auto, que la gente piensa que el auto no les hace mal. Y la verdad es que lo que yo veo en mi generación cuando voy a Canadá, es que es como andar en un campo de batalla, en una guerra, porque está cayendo y muriendo la gente por todos lados. Tienen cáncer por todos lados. 

Entonces tienen muchas enfermedades y problemas de salud, y es porque es una de esas sociedades donde uno se levanta en la mañana, se sube al auto, se va a la pega, está una hora en el tráfico. Y mi generación no tiene sistema inmune, no tiene para aguantar. 

Por su parte Mieke cuenta que fue trasplantada del hígado hace dos años,y que “al mes ya estaba pedaleando. Los médicos me decían que era la vikinga. Después, a los dos meses me operaron dos veces de cáncer al riñón y salí pedaleando al mes siguiente”. 

SOBREVIVIENDO EN LA BICI

El aspecto laboral, es quizás una de las aristas menos evidentes cuando se piensa en bicicletas y mujeres. Susana, es una de esas mujeres que busca romper ese patrón, siguiendo su pasión.

Susana ¿cómo te dedicas en la práctica a sobrevivir a través de la bici? Siempre digo que entre la precariedad y la indigencia. Nunca fue mi interés tampoco. O sea, supe que tenía que trabajar en algo que amara, por eso estudié pedagogía. Pero eso es parte de muchas personas que tenemos vocación. 

Y lo que me pasó es que derivé en pedagogía del ciclismo, donde encontré un camino más corto para conseguir lo que yo quería lograr en la sala de clases, que tenía que ver con empoderamiento, con autonomía, libertad, y derecho. Cada vez que salía alguien aprendiendo a andar en bici, ya teníamos la mitad de la carrera ganada.

Entonces en términos concretos en la sobrevivencia, tenía que ver con encontrar un camino que me hiciera feliz, donde yo también pudiera constatar algunos resultados. Y esa ha sido en realidad la fórmula. 
Y con la cooperativa de bicimensajería, estamos más o menos en las mismas. Ha sido una lucha por la reivindicación laboral, por reconocer el significado de los oficios, el valor que aportan para la ciudad en su conjunto, y reconocer el trabajo tanto de quienes hacemos las clases, como de los obreros y las obreras de las bicicletas. 

¿ES LA BICI LA PELIGROSA O EL ENTORNO?

¿Es más riesgoso pedalear siendo mujer? ¿Es la bicicleta o es la ciudad la que nos expone más a experiencias menos afortunadas?

En la experiencia de Mieke, fue muy frustrante cuando recién llegó al país. “Estaba enojada todo el día con la gente. Porque los hombres te dicen oye súbete a la vereda. Yo pocas veces uso la ciclovía, no me dan mucha confianza”. 
Una típica experiencia de ella es toparse con autos en las ciclovías. “Tengo que tocar el vidrio, y como parezco Robocop con el casco y la cámara, generalmente me miran y se corren. Pero tienes que estar siempre diciendo, oye hay una ciclovía, respeta”. 

Eso sí, en su visión, los ciclistas tampoco respetan mucho. “Tiene que ser una cosa transversal. Muchas veces le grito a los ciclistas, oye daltónico, porque ven la luz roja y pasan igual. Si no viene nada, dicen ok y pasan. Pero la ley dice rojo, respeta. Si quieres que te respeten, tú también debes respetar”.

De todas formas, dice Mieke, si son las 3 de la mañana, el semáforo está en rojo y no viene nada, mejor pasar porque a esas horas es más peligroso. 

En cuanto a los robos, ya han sido seis las bicicletas que le han quitado a Mieke, incluso uno de esos robos salió en la tele luego que un auto le cerrara el paso hasta que la chocan y dos hombres se bajan y se llevaron su bicicleta y banano. “Después de ese accidente dejé de pedalear de noche por un tiempo. Se oscurecía y me entraba, pero ahora no. Pero por eso ando con cámara y gas pimienta, por si se me acercan mucho”. 

Lake Sagaris, Susana León y Mieke Van Haren junto a Michelle Raposo en el conversatorio.

Para Susana, “salir es hacer un voto de confianza en el medio que una escoja, porque si pienso lo peor, no me atrevería a salir, no podría. Trato de quedarme con el lado positivo. Lo que pasa es que las experiencias malas son demasiado marcadoras”.  
Situaciones como un auto que te adelanta y se tira encima a propósito para darte una lección son cosas que suceden y que son difíciles de olvidar. “Pero trato de quedarme con lo positivo, que es que no ocurre todo el tiempo. Sino no saldría. Lo mío no es un acto masoquista digamos”. 

Incluso para Susana han sido los otros medios de transporte los que le han traído experiencias que la han hecho sentir más insegura. “He vivido más situaciones de acoso o de violencia esperando una micro, o caminando a la puerta de mi casa”, cuenta. 

Inequidad, la razón tras la violencia

A través de sus investigaciones, Lake lleva tiempo mirando el tema de la violencia en general y de las mujeres en el transporte público. 

De acuerdo a estudios que llevan más de 30 años realizándose, usando la misma metodología, junto a otros estudios en otras partes del planeta, el resultado es uno: a mayor desigualdad, mayor es la violencia. 

“Resumiendo mucho, es que la violencia es un sistema de control social. Y es muy pertinente para las sociedades desiguales. Es parte de mantener al excluido, a la excluida, o el excluide… excluide. O sea, es parte de mantenerte con susto para que tú no ejerzas, y no actúes desde tus derechos, sino desde una estrategia de sobrevivencia y subordinación”.

Por otra parte, hay un discurso común para las mujeres que han vivido acoso y violencia sexual, en que se les dice: ah pero no deberías ir andando por ahí, no deberías haber usado esa ropa, no deberías haber hecho eso o lo otro. 

Y en el caso de las mujeres ciclistas es el mismo lenguaje: ah pero deberías haber usado casco, deberías haber usado esto, no deberías haber andado por ahí.

“Entonces, cuando nosotros nos tomamos las calles, las estamos democratizando. Las estamos liberando y tenemos que hacerlo no con un espíritu violento. No podemos responder a la violencia con violencia, porque ahí perdemos”, comenta Lake. 

“Lo que tenemos que hacer es construir complicidad. ‘Oye, oye, pero por qué me hiciste eso si tú eres automovilista y yo ciclista. Somos personas, tenemos los mismos cuerpos, los mismos derechos’. La gran mayoría de los viajes por la ciudad son complicidades, miramos a la gente, encontramos los ojos, estamos mirando a los conductores de los buses, de los autos, la gran mayoría están en un espíritu de co-creación, de una convivencia vial mucho más amable”. 

EL CAMBIO RADICAL EN EL ACTIVISMO GRACIAS A LAS MUJERES

Quizás no se habla tanto como se debería de la participación de las mujeres en roles de liderazgo en el mundo ciclista, y los inmensos efectos que han logrado. 

“Yo creo que en general en el activismo, también como en el mundo político, hay nociones súper masculinizadas de lo que significan los liderazgos y lo que significa llevar entre comillas las organizaciones”, opina Susana, que pertenece a una cooperativa, que funciona con lógicas más desde la horizontalidad. 

“Pero sí entiendo que son situaciones particulares. Porque además nos enseñan desde muy pequeñas a que nuestra voz tiene que ser más piola, a que si una mujer dice cosas de forma clara, tajante eso se entiende como violento, agresivo, pesado. Entonces hay muchas cosas en términos de las vocerías que se van graduando en función de nuestra cultura y el patriarcado”, agrega. 

Donde más pudo palpar estas diferencias Susana, ha sido en su trabajo de años en la bicimensajería, donde ha participado también en los procesos de selección y capacitación. “Cuando yo partí en esto, me acuerdo que vi un anuncio que decía ‘buscamos hombres ciclistas para trabajar en esto. Así que yo escribí directamente, ¿y si soy mujer ciclista? ¿Puedo ser bicimensajero también? Porque efectivamente, el llamado tenía un sesgo constante. Y era como, no conocemos mujeres que hagan esto, y yo dije ah bueno pero qué hacemos para cambiar esto”. 

En ese sentido dice Susana, hay que cuestionar los oficios también, que están muy masculinizados en general. “Tenemos que cuestionarnos también qué significan los liderazgos y de qué forma los queremos llevar a cabo. ¿El que grita más fuerte es el que va a liderar, o es algo más colectivo, más cooperativo, donde nos escuchemos, donde tengamos espacios para cometer errores, donde nos corrijamos, donde podamos crecer”, reflexiona.  

Conversatorio sobre movilidad y género organizado por DTPM en la Cineteca Nacional.

Por su parte Lake es mucho más enfática, con una visión “más histérica y más histórica”. 

“Puedo decir que a fines de los 90s, nace el Movimiento de los Furiosos Ciclistas, que efectivamente era bien machista. Y nos fuimos integrando mujeres, y claro no había espacios ni para liderar ni para pedalear”. 

“De ahí se formaron Ciudad Viva, Bicicultura, las Macletas, mujeres arriba de la bicicletas, que las formamos entre varias. Y eso cambió todo, nunca ha sido igual el activismo pro bici, desde ese momento. Las primeras escuelas de bicimujeres, las desarrollamos con ayuda de una compañera holandesa, con Interface for Cycling Expertise y con Macleta y Ciudad Viva, y ahí educamos más de mil mujeres, no solo en pedaleo, sino en pedaleo como una forma de ejercer tus derechos y tus libertades”. 

Haciendo un poco de historia. Hay dos grandes vertientes en el mundo ciclista, cuenta Lake. Por un lado, quizás el más caricaturesco, liderado por John Forester de Estados Unidos, una especie de guerrero de la calle, que no se necesitaban ciclovías para pedalear. Pero “se meten las mujeres al movimiento y se acabó ese discurso. Se meten, niños, niñas, adultos mayores, y se acabó ese discurso”. 

En Chile, entre el 2007 y el 2019, a raíz de la aparición de organizaciones diferentes, de personas de todas las edades, de diferentes capacidades y con un fuerte liderazgo de mujeres, hubo un cambio de paradigma de la bici en Santiago. 

“Y desde Santiago, se repartió por todo Chile. Primero se generó un fondo de 48 millones de dólares. Primera vez en la historia de Chile. Segundo se cuadriplicó la cantidad de ciclovías. Eran re-malas, pero eran, y las calles igual nos sirven y son buenísimas en muchos casos. El porcentaje de las mujeres subió de 10% a 33% y sigue más o menos por ahí”, cuenta Lake. 
“Pasó a ser una política nacional. Y no solo en el Gobierno de Bachelet, que sí fue líder, y Carolina Tohá jugó un papel muy importante ahí, siguió en el gobierno de Piñera, bien o mal se pueden hacer lecturas, pero lograr una política única de esta naturaleza que cruce los límites políticos, eso fue gracias a la integración de las mujeres y liderazgo de mujeres en el movimiento activista”, concluye.

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Etiquetas: , , , , Last modified: octubre 3, 2023
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