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Calles libres y barrio vivo: La apuesta comunitaria de República Circular para el Día Nacional Sin Auto

Por Michelle Raposo

Septiembre no solo trae las Fiestas Patrias y la primavera. También es el mes en que se celebra el Día Nacional Sin Auto. Y si bien la administración actual del país no tiene a la movilidad sustentable dentro de sus prioridades, la ciudadanía activa se mueve para mantener estas instancias vivas. 

En el barrio República, la agrupación República Circular -nacida debido al estallido social y consolidada durante los años para transformar la zona en un ecobarrio- junto a otras organizaciones se encuentran preparando su tercera versión del Día Nacional Sin Auto en el sector. Una actividad que no solo busca liberar las calles de los autos por ese día, si no que apropiarse del espacio público para devolverle la tranquilidad a las calles, a través del encuentro y el juego, para vecinas, vecinos, estudiantes y trabajadores del barrio. 

El pulso de la comunidad

El origen de República Circular está profundamente ligado a la vida barrial. Un grupo de residentes decidió reunirse para trabajar en temáticas que mejoraran la vida de barrio. 

“República Circular tiene como objetivo u horizonte hacer del Barrio República un ecobarrio. Está orientada a hacer actividades en la práctica relacionadas a una mejor calidad de vida”, explica Tatiana Alicera, integrante de la agrupación.

A través de diagnósticos participativos y escuelas comunitarias con quienes habitan, estudian o trabajan en el sector, la organización definió cuatro líneas de trabajo centrales: recuperación de espacio público, patrimonio, medio ambiente y gestión de residuos. 

Bajo estos pilares, en 2024 se propusieron por primera vez tomarse las calles para celebrar el Día Nacional Sin Auto como una excusa para conversar y proyectar el barrio que sueñan.

De las micros ruidosas al silencio que emociona

Cerrar calles en un barrio universitario e histórico no es tarea sencilla, menos cuando una de las vías principales es Almirante Latorre, caracterizada por el constante flujo vehicular y el ruido de la locomoción colectiva.

“Cerramos las tres calles aledañas a la Plaza Manuel Rodríguez, la única plaza que tenemos en el barrio. Una de esas es Almirante Latorre, por donde pasan micros, es movida, ruidosa y peligrosa, pero está al lado de la plaza. En la primera conversa me decían: ‘¿pero por qué vamos a cerrar esa? Nos va a costar’. Y yo decía: si es el Día Sin Auto, la idea es que se note que no hay autos. ¿Qué mejor que sacar los autos que pasan por al lado de las casas y meten ruido?’”, recuerda Tatiana.

Lograr la interrupción del tránsito requirió coordinaciones complejas con la DTPM, la Municipalidad y Carabineros. Pero el esfuerzo colectivo rindió frutos inmediatos desde aquella primera edición.

“Pasó ese día que dejaron de pasar autos por Almirante Latorre y se sintió… a mí misma me impresionó el silencio de estar en un espacio tranquilo. Yo tenía siempre la teoría de los espacios públicos calmados, y lo logramos ver. Quedamos encariñados con la actividad”.

Redes universitarias, lluvia y resiliencia barrial

Uno de los mayores logros de esta articulación ha sido sentar en una misma mesa a diversos actores del barrio que históricamente no conversaban entre sí: la Universidad Diego Portales (UDP), la Universidad de Las Américas (UDLA), la Universidad de Chile, el comercio local, la Junta de vecinos y el Comité de patrimonio, entre otros.

“Ponemos en una misma mesa a las universidades que no conversan normalmente. Les decimos: ‘los vecinos también son ustedes’. Ha sido todo muy a pulso, sin tener grandes recursos. Una universidad puso stands de kinesiología y enfermería, la Junta de vecinos apoyó con el sonido y así fuimos armando todo”, relata Tatiana.

Ese espíritu barrial se puso a prueba en la segunda versión, cuando una tormenta inesperada cayó a mitad de la tarde. “Tuvimos que desarmar rápidamente y quedamos empapadísimos. Pero en la evaluación me acuerdo de frases muy bonitas de los vecinos: ‘hubo barrio’. La gente nos apoyó, un local comercial nos prestó espacio para resguardar las cosas, aprendimos que podemos resolver estas cosas juntos”.

Para la versión de este año, además de contar con financiamiento adjudicado a través de un fondo municipal, contarán con un “Plan B” en caso de mal tiempo: el histórico Teatro Manuel Rodríguez, ubicado en la esquina de la plaza, que funciona como iglesia evangélica, y que ya en la edición anterior del Día Sin Auto se abrió a la comunidad para participar de esta actividad.

5.000 metros cuadrados para la convivencia

Alrededor de 5 mil metros cuadrados son los que República Circular ha dispuesto de calle liberada de motores para transformarlos en un escenario abierto a la cultura, el deporte, el bienestar y la educación ambiental.

Durante la jornada —que se extenderá durante la tarde del viernes 25 de septiembre— esperan contar con todo tipo de actividades a los cuales se puede postular en este link para participar. En años anteriores hubo clases de patín, pichangas callejeras, talleres de yoga y biodanza, presentaciones de grupos de música y danza, puestos de salud comunitaria, exposiciones universitarias y una feria de artesanos y emprendimientos enfocados en el reciclaje y la economía circular.

“Nuestra consigna es: ¿qué podemos hacer en el espacio público, que es el espacio de todos y que los 364 días del año se lo entregamos a los autos? ¿Qué podemos hacer nosotros con él si lo tenemos? Es mostrar y vivir ese espacio de otra manera”, enfatiza Tatiana.

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Etiquetas: , , , Last modified: septiembre 9, 2026
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