Por Michelle Raposo
Fotos: Gentileza Cicletada de las Niñas
Cada diciembre, la Ruta 68 se transforma en un río interminable de pedales. Para muchas personas es una tradición; pero para muchas mujeres, es también un sueño pendiente cargado de incertidumbres. “¿Y si mi bici no aguanta?», “¿Y si voy muy lento?», “¿Y si no soy capaz?». Para derribar esos miedos y demostrar que no se necesita el cuerpo ni la bicicleta perfecta, María Paz Castillo, quien está detrás de Cicletada de las Niñas, lanzó una nueva convocatoria abierta a todas las mujeres que nunca se han atrevido a hacer este recorrido, o que buscan retomar el pedaleo en un espacio seguro y colectivo.
El origen de una travesía colectiva
Todo partió de una duda fundamental, cuenta María Paz. “Camino a Lo Vásquez nace desde Cicletada de las Niñas el 2025, porque la idea es prepararnos juntas para el viaje. Todo partió cuando una de las chicas dijo: ‘Tengo ganas de ir, pero no sé por mi bici’. Yo le dije: ‘Oye, yo he ido en bicicletas mucho peores, creo que es más bien un tema de preparación”.
Con esa inquietud en mente, hicieron una convocatoria y el primer grupo de mujeres se empezó a juntar una o dos veces por semana, “pedaleando a lugares cada vez más lejanos, dándonos tips e impulsándonos hasta que finalmente fuimos», recuerda María Paz. Fueron dos grupos, uno de 10 y otro de 15 personas. “Unas fueron más rápidas, otras fueron más lentas, contratamos una van, y eso permitió que muchas se atrevieran a ir”.
Aquella primera experiencia no solo las llevó a la meta, sino que evidenció una brecha de género histórica en este tipo de eventos sobre ruedas.
“Normalmente, las que habían ido lo hacían con hombres que van mucho más rápido; entonces siempre estaba esa sensación de estar enlenteciendo el camino del otro. Otras no querían retomar con un grupo de hombres, como generalmente ocurre. Los espacios de ciclismo suelen tener un alto porcentaje masculino y muy pocas mujeres. Eso se debe a muchos factores, pero si no ves a otras, menos te entusiasmas. Mi objetivo final es que la calle sea más segura para mí, y para eso tengo que entusiasmar a más mujeres: cuando veo a más de nosotras en la calle, al tiro me siento protegida».

Red y aprendizaje comunitario
Para este año, la propuesta va mucho más allá de salir a rodar juntas. Se trata de una preparación integral de varios meses donde el aprendizaje es continuo y horizontal.
“No es un taller, sino una preparación conjunta de agosto a diciembre donde sumaremos pedaleos y ejercicios. También estoy coordinando alianzas con kinesiólogos, nutricionistas y talleres mecánicos que nos puedan dar tips para estar preparadas”.
En ese sentido, este tipo de entrenamiento en comunidad tiene que ver “con pedalear en grupo y saber que puedes preguntarle a otras sin sentirse tonta: todas las dudas son válidas. Hay personas que tienen más experiencia y otras menos, y puedes ir cotejando con ellas lo que quieres lograr. Cuando pedaleas hace tiempo no te das cuenta de todo lo que has aprendido: cómo armar una ruta sin pasar tanto peligro, calcular tiempos, qué ropa llevar o cómo alimentarte».
Respecto al ritmo de entrenamiento, el compromiso exige constancia pero sin perder la flexibilidad: “Para quienes se inscriban, la idea es entrenar un día a la semana entre martes y jueves alrededor de las 19:00 horas, y los domingos probablemente cerca de las 10:00 de la mañana. No muy temprano ni muy tarde, en un rango que nos permita pedalear bien».
La convocatoria está abierta a todas las mujeres que quieran sumarse a esta aventura compartida, priorizando siempre la accesibilidad.
“Pueden inscribirse mandando un mensaje al Instagram o TikTok de @cicletadadelasninas y les enviamos el formulario. La inscripción es gratuita porque mi intención es que nadie se quede abajo por no tener plata. Para hacerlo sustentable, pediremos aportes voluntarios y estamos buscando alianzas con organizaciones y emprendimientos que nos quieran apoyar a sacar esto adelante».

Ni la bici más cara ni el cuerpo perfecto
A la hora de afrontar largas distancias, las mayores barreras no siempre son físicas ni mecánicas, sino emocionales. La cabeza juega un rol clave cuando la carretera se pone cuesta arriba.
“Los desafíos más comunes, las preguntas, las dudas más horrorosas tienen que ver con la propia percepción: el ‘no voy a poder’, ‘no sé si mi bicicleta es buena’, ‘no sé si este cuerpo me lo va a permitir’ o pensar que se necesita equipamiento carísimo. Soy una convencida de que no se necesita tener el cuerpo, la ropa ni la bici perfecta. Es más preparación, harta cabeza y creerse capaz. Hay momentos en la ruta donde una efectivamente siente miedo o se arrepiente, y para eso es súper necesario saber que hay una comunidad apañando si te pasa algo».
Pero, junto con la preparación, un factor esencial es el compromiso con las otras compañeras. “Comprometerse con otras a levantarse a cierta hora para poder pedalear, hacer ciertos ejercicios, cumplir ciertas metas, el poder saber que hay otras pendientes de lo que a mí me pueda pasar o no. Yo creo que eso ayuda mucho a poder motivarse y a no desmotivarse la mitad del camino, porque también a otras les pasa lo mismo, y yo creo que compartir esa experiencia es súper importante también”.

¿Por qué es tan importante el santuario de Lo Vásquez como destino?
Yo creo que Lo Vázquez se ha transformado en un hito ciclista, porque es el día en el año en que se puede pedalear, entre comillas, libremente por un espacio que normalmente está casi negado para los ciclistas. Hay personas que generalmente durante el año no realizan esto, hay mucha gente que sí, que lo realiza, que va y vuelve, etcétera. Pero hay mucha gente que no, pues, que es su gran hito ciclista. Y yo creo que eso también motiva a las personas a que puedan pedalear, si pudieron hacerlo, pueden pedalear a otros lugares. Y yo creo que eso también es un valor súper importante.





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