Por Colectivo Bioenergía
El jueves 27 y viernes 28 de agosto se realizó la quinta versión de Ciclo de Ciclos, iniciativa impulsada de cero en Rancagua por el Colectivo Bioenergía que reúne muestras audiovisuales, bicicleta, territorio y conversación. Este año, la convocatoria incorporó obras de realizadores de distintas partes de Chile y permitió acercar la propuesta a nuevos públicos, sumando además una alianza con Punto Bike.
Hay películas que terminan cuando aparecen los créditos. Y hay otras que recién comienzan ahí.
Esa parece ser una de las ideas que ha ido tomando fuerza en Ciclo de Ciclos, iniciativa que a fines de agosto realizó su quinta versión en torno a una pregunta que atraviesa buena parte de su propuesta: ¿cómo nos relacionamos con los espacios que habitamos?
Desde su origen, el encuentro ha buscado utilizar el contenido audiovisual como una herramienta para mirar los territorios desde distintos lugares y, al mismo tiempo, como una alternativa cultural para la temporada de invierno. La bicicleta aparece en ese cruce no solamente como medio de transporte, sino también como una forma de recorrer, observar y experimentar el mundo. Una perspectiva que este año volvió a encontrarse con realizadores y públicos diversos.
Para la organización, uno de los aspectos más significativos de esta quinta versión fue precisamente la respuesta a la convocatoria. A diferencia de años anteriores, se recibió una importante cantidad de postulaciones provenientes de Rancagua y de otras ciudades del país, ampliando las posibilidades de selección y poniendo en circulación nuevas miradas sobre la bicicleta, la movilidad y la vida urbana.
También hubo caras conocidas y otras nuevas entre quienes asistieron a las distintas jornadas. Para Colectivo Bioenergía, la llegada de nuevos espectadores representa una señal importante: que una iniciativa que nació vinculada a la bicicleta pueda despertar interés en personas que quizás no necesariamente se sienten parte de ese mundo. Porque, en el fondo, hablar de bicicleta también es hablar de ciudad, de generar comunidad.

Una alianza que amplió el espacio
Una de las novedades de esta versión fue la colaboración con Punto Bike, espacio que combina taller, actividades educativas y cafetería, y que comparte con Bioenergía el interés por promover el uso de la bicicleta y la educación vial.
La alianza permitió generar un nuevo punto de encuentro para las actividades y acercar la propuesta a otros usuarios y clientes vinculados al mundo de la bicicleta. Pero también abrió una posibilidad especialmente interesante para este tipo de iniciativas: que distintos actores puedan encontrarse y colaborar desde sus propios espacios.
Más que una actividad aislada, la colaboración refleja una idea que ha acompañado el trabajo de Bioenergía durante los últimos años: la bicicleta puede ser también un punto de partida para construir comunidad.
Y es justamente en esa comunidad donde Ciclo de Ciclos encuentra buena parte de su sentido, explica Loreto Calé, presidenta de Colectivo Bioenergía y coordinadora general ejecutiva de la iniciativa.

Dos días, tres obras, diferentes maneras de contar una historia.
La quinta versión reunió tres obras que, desde distintas experiencias y territorios, abordaron la relación entre las personas, la bicicleta y el entorno.
Nilda, del realizador local Jorge Chacón Zúñiga, fue la primera obra en exhibirse. La película aborda los vínculos familiares, la calle, el teatro y la búsqueda de nuevas formas de relacionarse.
La programación continuó con Mujeres en bicicleta, la ciudad también es nuestra, de Myriam Salazar, que puso en el centro las voces de mujeres ciclistas y su derecho a ocupar el espacio público. Finalmente, A Pedales África, el gran desafío por el desierto, de Paulina Díaz Lillo, llevó la mirada hasta el desierto de Namibia, siguiendo la travesía de tres ciclistas por paisajes extremos.
Tres obras, tres miradas y distintas narrativas que encontraron en Ciclo de Ciclos un espacio común para ser compartidas y, sobre todo, conversadas.

Cuando termina la película, empieza la conversación
Las exhibiciones no terminan con la última escena. Después de cada función se abre un espacio de conversación en el que el público puede encontrarse con otros espectadores y, cuando es posible, con los propios realizadores de las obras. En este sentido, los directores y directoras comparten parte de sus procesos creativos, las motivaciones detrás de sus trabajos, sus proyectos y las historias que los llevaron a realizar cada pieza audiovisual.
Ese diálogo transforma la experiencia. La película deja de ser solamente algo que se observa de manera pasiva y se convierte en un punto de partida para conversar sobre aquello que ocurre fuera de la pantalla. Sobre nuestras experiencias, sobre las calles que recorremos todos los días, sobre los lugares donde nos sentimos cómodos o incómodos, sobre las formas en que nos desplazamos y sobre aquello que una ciudad permite —o dificulta— hacer.
Para Loreto Calé, presidenta de Colectivo Bioenergía y coordinadora general ejecutiva de Ciclo de Ciclos, existe justamente una relación profunda entre las obras que se presentan y la manera en que las personas habitan los espacios urbanos.
Y ahí aparece una de las preguntas que atraviesa el encuentro: si las ciudades son los lugares donde desarrollamos buena parte de nuestra vida, ¿qué tan pensadas están realmente para las personas que las habitan?

Mirar la ciudad desde una bicicleta
La bicicleta aparece entonces como algo más que un elemento común entre las obras.
Pedalear obliga, en cierta medida, a relacionarse de otra forma con el entorno. Permite reconocer distancias, sonidos, pendientes, obstáculos y lugares que muchas veces pasan desapercibidos cuando el desplazamiento ocurre a mayor velocidad. También permite experimentar directamente las condiciones que ofrece una ciudad para quienes deciden moverse de una manera activa.
Desde esa perspectiva, Ciclo de Ciclos propone una conversación que trasciende al ciclismo. Habla de movilidad, pero también de espacio público, convivencia, accesibilidad y de la posibilidad de construir lugares donde las personas puedan vivir y desplazarse de manera segura y digna.
La quinta versión de Ciclo de Ciclos dejó, así, algo más que una programación audiovisual. Dejó encuentros, conversaciones y nuevas miradas que se incorporan a una discusión que continúa mucho después de terminadas las proyecciones. Porque quizás ese sea uno de los mayores valores de iniciativas como esta: reunir a personas distintas alrededor de una pantalla para terminar hablando de algo que todos compartimos: La ciudad. Y, finalmente, el cómo queremos habitarla.






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