Por Jimena Pérez Marchetta, Alcaldesa de la bicicleta, Salta, Argentina
Muchas fueron las escenas sombrías durante la pandemia y los canales de comunicación no dejaron de exponer una y otra vez cada aspecto relacionado a uno de los acontecimientos más trascendentales del inicio de este siglo. Aún así, a pesar de toda esa exposición, muy poco se habló de las infancias y de su casi nulo derecho al espacio público y privado durante la cuarentena y el distanciamiento social. La movilidad les fue negada, a excepción de las familias que contaban con un medio de transporte individual.
En Salta, donde vivo, escuché algunos relatos de madres solteras cautivas en sus casas en la periferia de la ciudad, porque no podían subir con niñxs al transporte público hasta entrado diciembre (es decir por 9 meses!). Mientras bares y gimnasios ya abrían; niñxs y adolescentes no podían acceder al transporte público. En twitter, leía historias similares, como el de una madre y su hija, que en el mes de enero fueron obligadas a descender del colectivo porque aún a nadie le había parecido sensato que además de “lxs adultxs esenciales” existieran personas con la necesidad y el derecho a la movilidad.

Como mujer adulta y madre no dejo de pensar en si este tema me interesaría lo suficiente si mi experiencia personal no estuviera ligada a un niño de 7 años y la movilidad en bicicleta. La invisibilización es desesperante y la resignación por quienes la sufren no tarda en llegar. La pregunta es: ¿qué hacemos con esos derechos avasallados?, tanto quienes tenemos ciertos privilegios como para quienes son más vulnerables y ni siquiera se percataron de lo que les fue arrebatado durante la pandemia.
Hoy en Argentina se discute el regreso presencial a las clases y yo recuerdo que hace unos días mi hijo Boris me hablaba con mucha tristeza sobre cuánto extrañaba la escuela. En el medio, quienes toman las decisiones no les preguntan ni les explican y ellxs esperan en silencio ser tenidxs en cuenta en un mundo adultocéntrico. Como dice el pedagogo italiano Tonucci, en su libro Apuntes sobre Educación: “el futuro ciudadano”, niñxs privadxs de su presente y condenadxs a un futuro del cual no pueden participar.