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Mujeres ciclistas cuentan su experiencia en el espacio público

En Revista Pedalea invitamos a dos activistas de ciclismo a hablar acerca de cómo la bicicleta puede ser una herramienta para evitar situaciones de acoso en las calles y sus estrategias al movilizarse por la ciudad. Conversamos con Sandra Aguilera y Susana León.

Por Daniela Suau Contreras

Según el primer estudio nacional realizado en mayo del año pasado por el Observatorio Contra el Acoso Chile (OCAC): “Sobre experiencias de violencia sexual en medios de transporte y espacios públicos en Chile”, el 93,8% de las mujeres ha sufrido acoso sexual en el transporte público y privado.

Del total de la muestra, el 83,8% ha sido víctima de acoso en la vía pública, medios de transportes público o privado, en donde son más frecuentes los acosos verbales y visuales, seguidos de los acosos físicos, como ser perseguida/o; y el 47,6% corresponde a experiencias de acoso significativo siendo menores de edad.

Si bien, gracias al trabajo de esta fundación, se logró en 2019 la promulgación de la Ley 21.153 que modifica el Código Penal para tipificar el delito de acoso sexual en espacios públicos, su último estudio afirma que la cantidad de acusaciones formales a la fecha son bajas, tanto a nivel de denuncias en Carabineros, Policía de Investigaciones o Fiscalía, principalmente por no considerarse efectivos.

Desde marzo de este año y tras el retorno a la presencialidad en los establecimientos educacionales y lugares de trabajo, diversas han sido las manifestaciones de jóvenes estudiantes y mujeres que reclaman un incremento del acoso callejero en la vía pública. Tanto así, que varios son los municipios que han sacado ordenanzas para sancionar de forma más severa a quienes cometan este delito: Coquimbo, Tongoy, Temuco, Quilicura y Providencia, entre otras.

Antes las diversas denuncias de acoso y violencia en el espacio público que ha recibido el colectivo Muévete, donde mujeres, niñas y disidencias son las más afectadas, este lunes hicieron un llamado por redes sociales a las personas que han vivido este tipo de situaciones a que se contacten con el colectivo, para llevar adelante acciones que permitan abordar esta problemática.

Pero, ¿qué pasa con las mujeres que se movilizan en bicicleta?, ¿cómo viven ellas esta realidad y qué estrategias aplican a la hora de moverse por la ciudad? Decidimos hablar con dos reconocidas activistas, Sandra Aguilera, excoordinadora general del Muévete, y Susana León, bicimensajera y profesora de ciclismo, para conocer su experiencia como mujeres que pedalean habitualmente en el espacio público.

Para Susana León, la respuesta es muy clara, en su caso, se siente mucho más segura en la calle desde que usa la bicicleta como medio de transporte. “A la velocidad que transito en la bici me resto de estar expuesta a una forma de acoso, que era el que más me incomodaba o asustaba, ese que ocurre en el encuentro en la vereda, caminando. Claro, automovilistas también acosan cuando andas en la bici y en cualquier medio, pero me siento armada con un recurso que me permite escapar, moverme, salir. No estoy sola con mi bici”.

Con ella coincide Sandra Aguilera, quien asegura que no le ha ocurrido ningún caso, pero cuenta que al Colectivo Muévete han llegado diversas denuncias, no solamente de acoso, sino que de otras circunstancias mucho más graves de delitos. “Frente a este incremento y lo que se ha visto en noticias sobre que hay determinados sectores que se han vuelto mucho más agresivos y violentos, me he visto obligada a estar más atenta a las condiciones y a realizar algunos cambios, por ejemplo, en mis rutas, en mis horarios y cómo deambulo. Aunque sea algo súper sencillo, ya no ando con la billetera completa, sino que saco el dinero justo que necesito o voy solamente con carnet de identidad y nunca uso el teléfono a la vista”.

Susana siente que ha habido un retroceso en la cultura vial y en el acoso callejero: “Antes, en los medios, habían hecho ruido normativas contra el acoso y había comunas donde además implementaban sanciones a quienes cometieran estos actos, pero con la pandemia ingresamos a un área gris y volví a sentir miradas y comentarios violentos. Por mi trabajo nunca dejé de movilizarme, por lo que viví todo este cambio en las calles”.

Sobre las estrategias que aplican para evitar situaciones de acoso y de violencia, especialmente de noche, Sandra Aguilera dice que ha cambiado horarios y rutas. “En determinados sectores que sabemos que son muy conflictivos, trato de evitarlos optando por otras rutas. En el caso de recorridos nocturnos, he reducido la cantidad de horas y cuando me tengo que venir de noche, voy por calles menos transitadas y circulo por el centro de la pista, para que ante cualquier situación pueda huir rápidamente. Otra acción que he incorporado, es ir con el ulock colgado en el manubrio para poder tomarlo rápidamente como herramienta de defensa por si algo pasa”.

Susana León dice que, en su caso, se protege más de un acto violento, del tránsito o de un robo. “No quiero negar con esto la realidad, porque es un tremendo problema, es solo que la misma bicicleta me ha dado poder. De todos modos, implemento estrategias cuando voy a lugares alejados y que no conozco, me preocupo de saberme de memoria la ruta que llevaré para no estar parada y/o perdida. Detenerme es lo que me da inseguridad”. También suele usar avenidas donde pueda circular a mayor velocidad, o calles que conoce. “Ocupo el espacio que me corresponde en la calzada y, si es seguro, sigo de largo en los rojos para evitar quedar detenida. En algunas ocasiones circulo con un gas pimienta”, afirma.

Acerca de los principales riesgos que vivimos las mujeres ciclistas en las calles, Sandra Aguilera afirma que los riesgos tienen distintos niveles y una variedad que es preocupante: “Si bien el primero tiene que ver con las malas conductas al volante, exceso de velocidad, no respetar semáforos, etc., hoy se suman cosas que tienen que ver con nuestros cuerpos que están en las calles. Los temas de acoso, tocaciones y asaltos, se han incrementado y varios de ellos tienen modus operandi de bandas, que te cortan el paso cuando vas en bicicleta, acosos físicos como toqueteos o que simplemente te griten cosas. Han aumentado en cantidad, pero también en variedad, generando circunstancias de riesgo e incomodidad para las mujeres ciclistas en las calles”.

Desde la óptica de Susana León, el principal riesgo es la violencia vial, “la constante pugna en el espacio entre quienes queremos compartirlo y quienes creen que solo les corresponde a quienes gritan más fuerte. A este conflicto se agregan tópicos transversales, como el patriarcado y el clasismo”.

Para Sandra, los riesgos para las mujeres ciclistas, “se diferencian con los de las mujeres peatonas o las que utilizan el transporte público, porque la bicicleta nos da la posibilidad de huir rápido o de hacer maniobras que pueden ayudar a cuidarnos”. Sin embargo, la peligrosidad a la que nos afrontamos hoy, la atribuye a los dos últimos años, por la crisis de confianza en las instituciones policiales, pero también la ausencia de ojos en el espacio público, a raíz de la pandemia.

Les preguntamos a ambas, qué les dirían a otras mujeres pensando en invitarlas a sumarse y qué les recomendarían pensando en ciclistas novatas.

Susana León, quien es profesora de ciclismo, dice que lo primero es conocer cuáles son las razones por las que no se animan. “Para que tenga sentido, debemos saber qué las aleja. Conociendo esas razones, podemos encontrar justamente las motivaciones para hacerlo”.

Sandra Aguilera opina que solamente invitar a mujeres a sumarse a la bicicleta no basta, porque les tiene que hacer sentido. “Más que un mensaje para invitarlas, creo que la invitación debería ser en términos de acompañamiento. Cada vez que a mí me preguntan, les recomiendo que los fines de semana hagan su ruta habitual de su casa a su trabajo o lugar de estudios, para que vayan probando el camino, para que lo vayan conociendo y si en esas rutas requieren que yo las acompañe, lo hago y voy comentándoles distintas cosas en terreno”.

Si pudiera decirles algo, Susana agrega que les sugeriría hacer redes, buscar a quienes ya usen la bici y apoyarse de otras personas, que aprendan lo necesario que las haga autónomas y que se lancen. “La única manera de hacerlo es haciéndolo”.

Sobre si creen que el acoso es una barrera para que más mujeres se suban al modo bicicleta, ambas coinciden en un no rotundo. Según la experiencia de ambas, el factor más determinante es la violencia vial. A su juicio, el mayor riesgo en situaciones de acoso ocurre en el transporte y en el espacio público, escenario en el que la bicicleta se transforma en una aliada.

Acerca de la campaña contra el acoso sexual en el transporte público, que está trabajando el Gobierno Regional, les preguntamos si también debería lanzarse una pensando en la movilidad de mujeres en bicicleta. Susana León considera que cualquier campaña que visibilice y confronte el problema estructural que subyace al acoso callejero será positiva, pero más aún si se contemplan distintos modos de transporte. “Esto es transversal y lo mejor es empezar a atacar desde todos los frentes y entender que esto no se limita sólo al transporte público”.

Quien ha participado en varias de las reuniones de esta campaña, es Sandra Aguilera, quien más que desde su rol como activista, aclara que habla desde su experiencia como profesional de comunicación audiovisual y cree que no sólo debe estar dirigida a generar un cambio conductual, sino que debe ir acompañada de acciones coordinadas junto a las policías del país. “Sabemos que lo conductual, lo cultural, requiere más tiempo. Esta campaña estará más enfocada en la víctima, a cómo y dónde hacer la denuncia, qué evidencia hay que tener, etc. Pero, paralelamente, se debe trabajar con Carabineros y PDI sobre cómo poder abordarlo y prevenirlo, porque en los momentos de gravedad que se están viviendo en la calle, una campaña que sólo apunte a un ámbito es insuficiente”.

Sobre los ejes que debería tener una campaña en transporte público y eventualmente en una orientada a mujeres que se mueven en bicicleta

, Susana León, plantea que se deberían poner los derechos en el centro. “Una campaña desde la óptica de los derechos fundamentales y humanos, enfatiza en el hecho de que no se trata de que nos incomode, o no sea bueno, sino en que debemos avanzar a asegurarle a todas las personas que pueden transitar y habitar en el espacio en iguales condiciones sin sufrir violencias. Decir las cosas como son. El acoso es una forma de abuso que restringe las libertades de las personas y que cambia la vida de quienes lo sufren. Eso no puede seguir”.

Sandra Aguilera, finaliza agregando otra perspectiva: “Los problemas de violencia son siempre comunitarios, por lo tanto, debe abordarse desde el enfoque colectivo. Por ejemplo, si ya hay sectores que están identificados como zonas riesgosas, es importante involucrar al comercio local, a las y los vecinos, a las universidades, en el caso del Barrio República. Ese es un eje muy importante al decir que este es un problema de todas y todos. No solamente porque somos las mujeres quienes lo sufrimos el problema es nuestro. Esto permitiría ayudar en distintos ámbitos, a corregir y reducir la situación”.

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