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Pedalear para sanar y emprender: la historia de Katalina Adasme y Una Mami Vegana

Por Michelle Raposo

Fotos: Victor Rojas

Aunque nació en Santiago, Katalina Adasme creció con alma de provincia. Gran parte de su infancia y adolescencia transcurrieron en El Salvador, en el norte. Fue allí, a los 13 años, donde por convicción propia decidió dejar las carnes, enfrentándose a los cuestionamientos típicos de la época y de su entorno familiar. 

“Me hice vegetariana y mi mamá se complicó un montón. Me decía ¿qué vas a comer? La típica. Llegué más que nada por convicción, no tenía idea de nada, solo no quería seguir fomentando el tema animal”, recuerda. Al no ser parte del menú familiar de comidas, Katalina tuvo que arreglárselas sola y aprender desde cero con los videos DIY en Youtube. 

En 2012 se mudó a Valparaíso para ingresar a la universidad. Sin embargo, el contraste de pasar de un lugar apartado a una ciudad masiva, la exigencia académica y la responsabilidad de independizarse la llevaron a un agotamiento emocional. “Fue mucho bombardeo de cosas y no me dio la mente. Me dio depresión antes de terminar el primer año y dejé de estudiar”, relata.

Y al igual que hizo muchas veces después en su vida, de esa crisis nació la chispa emprendedora para solventar su vida. Con todos sus conocimientos de cocina vegana, salió a vender sándwiches de seitán en las calles porteñas.

La urgencia de rodar: 14 kilómetros en dos ruedas

Años después, ya convertida en madre y de regreso en Santiago, Katalina se subía al Metro en su casa y se bajaba en la Metro Católica, para vender sus preparaciones. Pero en octubre de 2019, con el estallido social y el cierre de las estaciones, la estructura que sostenía su economía diaria colapsó por completo. 

Sin transporte subterráneo y con la necesidad urgente de seguir trabajando, su pareja le dio el impulso definitivo. “Un amigo, que ahora es mi esposo, me dijo que me comprara una bicicleta. Yo no andaba en bici desde que vivía en Santiago antes de irme al norte”. Lograron encontrar una bicicleta a su medida a $80 mil pesos y le instalaron una parrilla para acomodar las cajas con sándwiches. 

El desafío logístico no era menor. Debía recorrer casi 14 kilómetros diarios desde la Cisterna hacia el centro con carga, y luego los 14 kilómetros de vuelta. “Llevaba menos de un año en Santiago. Le pusimos esas cajas de plumavit grandotas atrás de la parrilla con unos pulpos amarrados. Vivía en un departamento sin cicletero, así que tenía que subir la bici hasta el quinto piso. Si ahora lo miro y lo cuento, lo encuentro irrisorio, pero lo hice porque era lo que había que hacer”. 

La bici como salvavidas emocional y de movilidad

Cuando la crisis sanitaria de la pandemia confinó a la ciudad, la bicicleta se transformó en la única vía de escape y sostenimiento personal. La maternidad reciente, el postparto, el encierro y las presiones económicas representaban una carga difícil de sobrellevar. 

“La bicicleta me salvó de volverme loca. Moverme en el metro era pelea todos los días porque andaba con un carro, mis sándwiches y con mi guagua porteada. Con la bicicleta me cambió el panorama por completo. Podía salir cuando estaba la pandemia. Esa cuestión me salvó la vida”. 

Katalina comenzó a moverse por todo Santiago para abastecerse en La Vega, trabajar, y también pasear, muchas veces acompañada con su hija en una silla flotante en la parte trasera. La bicicleta dejó de ser una medida de emergencia para convertirse en su vehículo principal de vida y libertad. 

La revolución de la bicicleta cargo y Una Mami Vegan

A medida que su hija creció y superó los 20 kilos, el peso en la parrilla trasera desestabilizaba la bicicleta tradicional. Buscar una solución, la llevó a conectar con la bicicleta cargo. 

“Fue un cambio del cielo a la tierra. Ir a buscar a mi hija al colegio, ir a la feria, ir a La Vega. Si antes me traía 20 kilos de comida en la mochila, ahora me podía traer 50. En vez de ir a comprar una vez a la semana, voy cada 15 días”. 

Actualmente, desde la comuna de Independencia, Katalina lidera su proyecto Una Mami Vegan, ofreciendo desde colaciones listas hasta meal prep, siguiendo las pautas de nutrición que le indican sus clientes, en cuanto a cantidad de proteínas, verduras, legumbres, u otras indicaciones, a través de planes semanales, que pueden ir de los 20 a los 28 almuerzos. 

Cada pedido lo entrega pedaleando: “Si está en un rango de unos 15 km de mi casa puedo llegar. Cobro una tarifa reducida por el envío, pero siempre destaco que es un reparto libre de emisiones de carbono”. 

Más allá del compromiso ético, Katalina destaca el valor funcional de sus preparaciones para quienes se mueven sobre dos ruedas o llevan una vida activa. Con una base bien pensada de proteínas, cereales y verduras, sus platos están diseñados para nutrir sin restar energía en la ruta: “Esa comida no te va a caer pesado y vas a poder seguir pedaleando todo el resto del rato, sin sentir que no te puedes parar, que tienes sueño o que si no te tomas una energética no terminas el día. Mis comidas, al menos, no te dan esa sensación”, asegura.

Lo que comenzó como una solución forzada frente a la contingencia se convirtió en la filosofía de vida de toda su familia. Hoy, los tres integrantes del hogar se desplazan en bicicleta. 

Su hija, quien creció viviendo en la ciudad desde un transporte a pedal, ya cuenta con su propia bicicleta y recorre largas distancias. “Aprendió a andar el año pasado y ya no la soltó más. Nos hemos pegado unos viajes larguísimos en la CicloRecreoVía. Ella me dice que la bici es su mejor amiga porque la acompaña a lo que ella quiere. Para nosotros la bicicleta significa una libertad indescriptible, y entregarle eso a mi hija desde chiquitita ha sido lo más lindo. 

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Etiquetas: , , Last modified: agosto 29, 2026
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