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El involuntario impulso que el covid-19 le está dando a la bicicleta

Por Daniela Suau Contreras

Periodista, activista movilidad sustentable y feminista.

Un nuevo Día Mundial de la Bicicleta y ni en la proyección más positiva de cualquier activista de movilidad o en la ficción más futurista, alguien pudo imaginar que lo celebraríamos de esta manera. Al menos en Chile, no hay semana que algún medio de comunicación no destaque los beneficios de este medio de transporte en los tiempos de pandemia.

Año tras año, de manera individual y colectiva, activistas, organizaciones y medios como Pedalea, nos preocupamos de visibilizar el aporte de la bicicleta, no sólo como un medio que es parte de la solución a los problemas de nuestras ciudades en materia de congestión, contaminación y salud, sino también en aspectos económicos y de eficiencia en movilidad.

La necesidad de un cambio de paradigma sobre cómo concebimos nuestras urbes y nos movemos en ellas, los proyectos de infraestructura que se priorizan, la cantidad de personas que se ven beneficiadas cuando hablamos de ciudades a escala humana y un largo sinfín de argumentos que por años se vienen planteando en mesas de trabajo con autoridades, independiente de la tendencia política de turno, forman parte de las herramientas usadas por las organizaciones de la sociedad civil.

Ciertamente el virus no ha mutado y está lejos de convertirse en buena persona, menos con las enormes pérdidas de vidas humanas que estamos teniendo, pero si algún aprendizaje podemos sacar y esperamos que así sea –como en todo proceso de cambio-, es que seguir sustentando toda la movilidad en los mismos medios de transporte no es sostenible ahora, ante un escenario de crisis sanitaria, ni en el futuro, cuando comience el desconfinamiento.

Entendiendo la movilidad humana como una necesidad que se puede planificar, hoy más que nunca es necesario pensar en diversificar la oferta, a fin de contar con una matriz diversa y multimodal, donde la bicicleta puede ser un gran aporte. En ciudades como Santiago, al menos la mitad de los viajes diarios se realiza en distancias menores a 7 kilómetros, los que perfectamente se pueden recorrer en modos activos y es por esto que son necesarias veredas anchas que les permitan a las personas caminar manteniendo la distancia física, además de ciclovías independientes del tránsito vehicular; no para quienes ya andamos en bicicleta, sino para incentivar a quienes no se mueven en ciclos pero que podrían o desean hacerlo. A menor aglomeración en el transporte público, menores posibilidades de contagio para sus usuarios.

El futuro de nuestras ciudades dependerá de cómo incorporemos las experiencias y aprendizajes vividos en estos tiempos de distanciamiento físico. ¿La movilidad va a cambiar? Sí, en forma y ritmo, pero dada la distribución actual de nuestras ciudades, con ausencia de microcentros que satisfagan las  necesidades de las personas y que no las obliguen a desplazarse, seguiremos moviéndonos y es por eso que el “cómo” cobrará más relevancia.

A diferencia de quienes consideran que este año debe eliminarse la restricción vehicular para asegurarle a las personas que tienen automóvil que puedan usarlo, en Pedalea consideramos que los esfuerzos deben ir en la línea de mejorar las condiciones para los modos sustentables.

El calentamiento global no ha desparecido, algunos pueden creer que está dormido, gracias a que las restricciones a la movilidad, asociada a una menor circulación de vehículos motorizados y el consecuente menor consumo de combustibles fósiles, han provocado una caída en la emisión de contaminantes a nivel mundial, pero sigue ahí y esta crisis no lo ha detenido ni lo hará.

Se han detectado caídas de entre el 20% y el 30% de las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) y se espera que al término de 2020 el principal responsable del calentamiento global, el dióxido de carbono (CO2), disminuya entre 4% y 8%, lo que se traduciría entre 2.000 y 3.000 millones de toneladas menos de este gas en la atmósfera. Sin embargo, no se trata más que de resultados temporales, porque para obtener un impacto medible en el clima, la disminución en las emisiones de gases de efecto invernadero debería ocurrir durante un largo y sostenido periodo de tiempo.

Y volvemos a la bicicleta, un medio cero emisión, cuya promoción siempre ha ido en la línea de afrontar la crisis del cambio climático y que hoy, ante la crisis sanitaria, está siendo aliada para el transporte de cargas, para satisfacer demandas de abastecimiento a domicilio y garantizando viajes seguros a las personas, resguardando el distanciamiento físico, además de ser una alternativa al transporte público en momentos que éste se ha constituido en un vector de contagio de covid-19.

Hoy más que nunca, el uso de la bicicleta crece en todo el mundo como estrategia de transporte frente a la pandemia y si nos quedamos con el fondo más que con la forma, podría ser la gran oportunidad de que por fin las autoridades la integrasen como un medio más dentro de la matriz de movilidad y ya no sólo como la alternativa invitada a la fiesta de la ciudad. Hoy es momento de celebrar la bici y nos sobran los motivos. Esperemos que este día, nuestro día, marque también una nueva era para nuestro medio ¡Feliz Día Mundial de la Bicicleta!

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