Por Michelle Raposo
Fotos: Victor Rojas
Cuando Lucas Geis aún estaba en el colegio, solía ver a un compañero (tres generaciones más arriba) trabajar en un taller de bicicletas que quedaba cerca de donde estudiaban, y pensaba: “me encantaría hacer eso, cómo habrá llegado ahí”.
En esas vueltas curiosas de la vida, Lucas no sólo terminó haciendo lo mismo, sino que trabajando y viviendo con ese compañero, que además, también se llama Lucas.
Además de ser mecánico de bicis en la tienda y taller Copenhague, Lucas Geis es conocido por compartir sus conocimientos técnicos y de pedaleo en la cuenta @SOS_Bikes en Instagram, y aquí nos cuenta cómo su primera bici de alguna forma terminó definiendo su destino.
El rescate de un tesoro
Su debut en dos ruedas, cuenta, no fue realmente con una bicicleta propia, sino con una que le prestaba su papá cuando tenía unos 12 años. Una mountainbike Bianchi “antigüita, que no se movía mucho, pero que la usaba harto para movilizarme”. Lamentablemente, un día entraron a robar a su casa y se la llevaron.
No fue hasta los 15 años que finalmente se compró una singlespeed que le costó $100 mil pesos, y su interés por la bici no hizo más que aumentar.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó cuando rescató del olvido una bicicleta de ruta Shimano 600 con cuadro de Nano Vera que estaba guardada. “Y esa fue realmente la bici donde partió todo. Me dio la posibilidad de moverme por todo Santiago, empecé a hacer rutas a Melipilla, Farellones, y eventualmente me tocó desarmar esa bicicleta y ahí fue cuando empecé a aprender mucho y me metí en este mundo”.

La ingeniería de la bici
Con 19 años ya tuvo la oportunidad de trabajar un par de veces en San Diego, armando bicicletas o haciendo reparaciones varias hasta que llegó la pandemia.
“Evidentemente la pega de mecánico se fue un poco a la cresta, pero la pega de mensajero en bicicleta no, al contrario estuvo en auge porque nadie más podía salir. Y resulta que me volví mensajero en bici”.
Mientras todo esto pasaba, Lucas repartía su tiempo entre clases de Ingeniería Civil Industrial, que en ese momento eran online, y la mensajería en bici. “Pero cuando ya tocó volver, estaba tan acostumbrado a mi estilo de vida que dije no. Me encanta la ingeniería, es una cuestión que me encantaría poder resolver algún día en mi vida, pero no compatibilizaba con lo que yo quería estar haciendo entonces”.
Afortunadamente para Lucas, la lógica de la ingeniería y la mecánica no están muy alejadas, y con el pasar de los años, esa motivación no se ha perdido. “A mí me gusta la bici porque de alguna manera puedo ayudar a la gente a movilizarse, a crear formas de desestresarse. Me pasa eso con la bicicleta, y siento que es eso lo que yo debería estar haciendo el resto de mi vida, como generar una pequeña laguna de paz en todas las personas y en este mundo que realmente es puro caos”.
Visibilizando la bicicleta
En su nuevo modo mecánico, Lucas llegó a trabajar eventualmente a DS Bike. “Con ellos fue que realmente exploté, en el sentido que aprendí, estudié mucho, me certifiqué. De hecho hasta terminé siendo administrador de tienda con ellos”.
Pero había una inquietud que le pedía ir un paso más allá. “Como que siempre he tenido esa pequeña necesidad de poder aportar con lo que hago”. Con eso en mente renunció a DS Bike para irse al taller Copenhague, donde lo impulsaron a compartir su conocimiento en las redes sociales, a través de su cuenta SOS_Bikes.
“Yo me dedico a ojalá informar a la gente. Bueno, hago clases igual en Copenhague sobre mecánica, pero en general, intento visibilizar y mover la bicicleta lo más posible, con el fin de que la gente no solo se sume, sino que los que ya pedalean también aprendan, tengan más herramientas y pueda aportar más al resto del mundo”
Falta de cordialidad
Dentro de los videos que generan mayor interés están los relacionados con la convivencia vial, un tema que da para reflexionar, cuenta Lucas.
“Si bien es un tema que es súper conversado, no está bien planteado. ¿Y por qué? Porque al final se habla como si fuéramos simplemente vehículos, pero no lo somos. Somos personas que están en un auto o están en un ciclo, y eso conlleva un montón de cosas. Y la conversación hoy en día, lamentablemente, es una discusión polarizada súper personal. Nos estamos poniendo en una posición de: no, yo soy auto, yo soy bicicleta, yo soy transporte público, así que soy distinto a ti. Cuando en realidad somos todos iguales, somos todos personas que quieren llegar a su casa tranquilo, a su trabajo tranquilo, y ojalá de la mejor manera”.

Bajo este factor humano, no hay que olvidar que todos podemos tener un mal día o un momento distraído y la violencia en las calles no ayuda a mantener la cordialidad. “Y eso lo digo también por uno mismo, yo he llegado a gritarle a personas cosas que quizás, pucha, de frente, le pediría disculpas a primeras. Pero la calle se pone intensa, y la gente está buscando una explicación para ello, porque hay muchos quienes no lo entendemos. Igual me causa curiosidad y para mí es un poco necesario entender por qué llega esa necesidad de tener que putear al hueón que tengo enfrente. Algo se está canalizando ahí, y claro, siento que es la rabia de todos los días pasar por la calle y que nos veamos pasados a llevar, que le pasa tanto a peatones como ciclistas”.
Esta mala convivencia no es culpa solamente de las personas, agrega, sino que también una falencia de los gobiernos, que no han empujado ningún programa de educación vial constante.
A pesar de esto, para Lucas, y muchas personas más, la bici sigue siendo el cable a tierra. “Para mí, la bicicleta es una especie de psicólogo de fierro. Obviamente que uno necesita ayuda profesional, pero a veces solo necesitas poder salir un poco de tu cabeza”, reflexiona con convicción.
Su objetivo actual trasciende el taller; busca usar su voz como creador de contenido para que más personas se sumen al pedaleo con confianza y seguridad. Su meta es que la bicicleta deje de ser vista como una anomalía y sea un estándar de movimiento, ayudando a otros a entender que “la vida tiene prioridades bastante más básicas de lo que uno cree, y que la bicicleta se las entrega”.





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