Escrito por: 12:30 pm Mi primera bicicleta

Juan Cristóbal Hoppe, fotógrafo: “Que uno esté sacando fotos y te lleguen perdigones por estar ahí, tampoco se puede normalizar”

Por Catalina Le-Bert

Fotos Víctor Rojas

Hace poco más de un mes, Chile cambió. El descontento generalizado entre los ciudadanos, quienes a través de masivas manifestaciones reclaman por las desigualdades sociales y económicas, el alto costo de vida, las pensiones o la salud, entre muchas otras cosas, ha tenido una cobertura tanto a nivel nacional como en medios de comunicación extranjeros.

Chile vive la mayor crisis social y política tras el regreso de la democracia en 1990 y las imágenes que circulan día a día, en un mundo tecnologizado tras el desarrollo explosivo de la tecnología, ha hecho que podamos ver incesantemente imágenes sobre lo que sucede. El trabajo periodístico y fotográfico de Migrar Photo es justamente uno que intenta de forma colectiva hablar sobre el Chile que despertó.

Juan Cristóbal Hoppe tiene 26 años. Es parte del equipo de Migrar Photo, un colectivo compuesto por 12 integrantes entre fotógrafos, fotógrafas, gestores culturales, periodistas y una diseñadora. Desde el 18 de octubre, día en que comenzaron las evasiones masivas del metro a modo de protesta contra el alza en el pasaje y que luego derivaron en un estallido social, Juan Cristóbal, al igual que sus compañeros, ha estado en la calle, con su cámara, registrando y documentando.

¿Cómo le han dado cobertura a esta crisis social?

Ha estado interesante este período. Principalmente porque ha sido de una intensidad alta y todos los que estamos en el colectivo hemos asumido algún rol. Nosotros de alguna manera aprendimos a sacar fotos el 2011 (cuando las federaciones de estudiantes lideraban las marchas). Si bien en ese momento íbamos a sacar muchas fotos y había una intención de acercarse al lugar de los hechos, era también una visión de gente amateur, buscando la violencia, la molotov. Era una visión de lo que estaba pasando bastante acotada. Y ahora nos pilló más maduros, con años de carrete y sobre todo con años de experiencia en torno a la reflexión de lo que se construye como imagen. Y eso ha sido lo mejor de este proceso. Sacar fotos y poder hacer lo que a uno le gusta sin tener la presión de ningún medio de comunicación.

¿Cuál es la metodología del trabajo colectivo en Migrar Photo?

Si bien el colectivo tiene una mirada similar dentro de sus integrantes, a la vez hay cosas estilísticas o de intenciones de cada uno por separado. Creo que ahí hay algunas dimensiones que son interesantes en nuestro trabajo. Primero, tenemos una conversación colectiva antes de ir a sacar fotos, por ejemplo, sobre lo que hemos hecho los días anteriores o sobre lo que no queremos hacer. Trabajar desde el no quiero caer en lo que ya se está representando, ya sea en medios tradicionales o en las fotos que uno encuentra en Instagram. Claramente, nosotros tampoco escapamos de esa realidad, no es que seamos totalmente disruptivos, pero sí tratamos de tener vueltas de tuerca. Me acuerdo que llevábamos un par de días haciendo fotos en las marchas, creo que estábamos como en el quinto día, cansados física y mentalmente. Justo había salido Karla Rubilar refiriéndose a la última manifestación y diciendo que se podían identificar a 6.500 delincuentes que habían participado en la marcha. Entonces, decidimos ir con un telón negro para hacer retratos de la gente. Fuimos con ese concepto. No a los 6.500 pero sí a 20 personas con la idea de mostrar que no eran delincuentes. Poder trabajar en la previa, decidir a lo que uno va, es importante. Y lo otro interesante en nuestro trabajo, es que como somos colectivo, uno va con menos presión. Con que yo tenga 3 fotos buenas en un día, se logra armar un relato en conjunto con el resto y funciona bien, porque efectivamente se genera un dialogo entre los distintos estilos. Cuatro cabros del colectivo recibieron balines, entonces también existe una conversación en torno a la práctica, de cómo pones el cuerpo al momento de sacar una foto, por ejemplo. Creo que como colectivo tenemos y aparecen más herramientas en este tipo de cobertura.

¿Qué te parece el actuar policial con personas como ustedes, fotógrafos, o personas que han estado trabajando en medio de las manifestaciones?

Creo que ha sido bien delicado el tema. Además, ahora están apareciendo más casos de fotógrafos y fotógrafas que han sido golpeados durante las marchas. Nos han amenazado un par de veces. A mí, particularmente me han amenazado apuntándome. Una vez yo estaba grabando como los pacos estaban disparando fuera del reglamento y uno de ellos, con la luma, se puso al lado mío y me pegó en las canillas. Si bien este tipo de violencia no provocó un daño tan delicado, igual son amenazas de parte de Fuerzas Especiales que no deberían ocurrir. Uno normaliza un poco que pasen, porque pasan cosas mucho peores, pero no se pueden normalizar. Que uno este sacando fotos y te lleguen perdigones por estar ahí, tampoco se puede normalizar. O sea, como que vamos corriendo el límite de las herramientas antidisturbios cada vez más hacia la violación de derechos humanos. Entonces, es delicado eso de ir empujando el cerco represivo.

¿Cuál es la importancia de hacer fotografías en una situación como la que está viviendo el país?

Es importante, pero también hay que hacer desde ya una critica en torno a como se están construyendo las imágenes, a quienes están representando. Uno empieza a cachar que se está normalizando la violencia a través de la imagen, que Instagram también es mucho ego del like, entonces se suben fotos que no aportan tampoco a una construcción que pueda ser valiosa para el movimiento. Entonces sí, yo creo que es importante que haya fotógrafos y fotógrafas en la calle, pero primero está la ética. En el colectivo hemos hablado harto de esto, de subir fotos que puedan comprometer a gente por hechos delictuales, por ejemplo. O incluso comprometerla por estar pasando, porque hay gente que por estar ahí se la están llevando detenida. Entonces, primero es eso, tener claro que uno le puede estar haciendo el juego a las estructuras represivas del país y por lo mismo, en algunos casos, abstenerse de subir la foto. ¿Y por qué es importante que estemos? Es importante porque la fotografía efectivamente muestra representaciones de lo que está pasando. Poder mostrar a los cabros o a la señora que hoy en día no son los que siempre son representados en la tele, mostrar que es un movimiento transversal, mostrar que hay niños en las marchas, mostrar que la primera línea que está dando la cara en la resistencia, muchas veces es la primera que si te pasa algo te van a apañar, porque saben que lo que estás haciendo es importante. Creo que lo más importante es poder mostrar a la gente de clase media, de estrato social bajo que no es representada en los medios tradicionales y que están dando cara hoy en día por los abusos, por la dignidad. La fotografía tiene mucho que dignificar en ese sentido. También va a ser interesante qué procesos fotográficos están ocurriendo fuera de las marchas. Por ejemplo, ir a mostrar esa desigualdad, poder mostrar mundos mas íntimos de lo que está pasando.

Mi primera bicicleta

Cuando niño, Juan Cristóbal vivió en Santiago, en la comuna de Ñuñoa. En su círculo pocas personas tenían bicicleta. Sus papás tampoco la usaban y para él, tener una, no era una posibilidad cercana.

¿Cuándo recibiste tu primera bicicleta?

Aprendí a andar como a los 12. Aprendí grande. Y desde que aprendí hasta que llegué a tener una bici pasaron sus años. O sea, aprendí sin tener una. Fui a unas vacaciones en San Fernando con la familia de mi nana de toda la vida. Y la hija de la Andrea me enseñó a andar por San Fernando. Después, a los 2 años mi vieja me regaló una bici en Navidad. Me compraron una Bianchi grande como mountain bike.

¿Para que usas la bicicleta?

La dejé un poco botada al principio. A los 16 la agarré porque iba mucho a los parques del sector, lugares que específicamente no están bien ubicados para llegar en micro. Entonces la mejor forma era llegar en bici. Y ya a los 18, cuando tenía que ir a la universidad, la agarré definitivamente. Con esto de que aprendí más grande, siento que antes de los 18 nunca tuve un control real de la bici. Yo jugué harto tiempo bikepolo, a partir de lo 20 años más o menos. Y el polo en bici se juega 3 contra 3. Tienes el bastón y no puedes pisar el suelo con los pies. Entonces tienes que apoyarte con el bastón y avanzar y retroceder. Para mi fue bakan, porque ahora puedo andar seguro. Es importante que la gente vaya adquiriendo destrezas porque es parte de la seguridad también.

¿Trabajan usando la bicicleta como medio de transporte?

Ha sido bakan porque todos los cabros de Migrar ahora estamos yendo en bici. Yo soy el que vive más cerca del taller, entonces siempre he andado en bici por el centro. Pero el Diego, el Jorge y el Alfonso vienen en bici desde Maipú. El Paolo anda 15 kilómetros de ida y de vuelta para llegar a la casa. Pero también lo hacemos porque nos justa andar en bici y por cosas prácticas. De repente si voy a Plaza Italia, la amarro cerca, donde no sea una tentación para armar una barricada. Es un vehículo bastante práctico para cubrir una marcha. Te da acceso más rápido a lugares donde no están llegando todos. Y con el tema de la locomoción, ha sido todo un cuestionamiento en estas marchas. Los medios de comunicación tienen taxis, nosotros no. Entonces, cuando tenemos que tomar decisiones, como por ejemplo, anda a cubrir allá, agarramos la bici o nos prestamos las bicis entre nosotros. Sí o sí ha sido como una aliada.

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