Escrito por: 10:35 am Opinión

La Alameda que soñamos

Por Mathias Koch Casas-Cordero

Hablar del proyecto de Alameda-Providencia-Apoquindo (APA), es hablar de anhelos, frustraciones y un sinfín de otras emociones. Haber participado voluntariamente hace años en distintos talleres, reuniones, participación ciudadana, escuchar a las “auto-ridades” de turno y cuanto otro trámite posible, para que finalmente todo volviera a foja 0, es ciertamente un golpe al espíritu.

Lo mismo ha ocurrido con cuánta promesa de kilómetros de nuevas ciclovías y proyectos asociados a la cicloinclusividad. Poco o #Nara. Sin duda, se ha avanzado en la modificación de la Ley de Convivencia Vial, reglamentos y guías, sumado a que en el reciente tiempo de pandemia y cuarentena, se ha realizado un sinnúmero de webinar nacionales e internacionales sobre este tema, que no hacen más que reiterar lo que muchas y muchos –majaderamente-, venimos proponiendo desde hace tiempo en materia de movilidad, como es incorporar modos sustentables y redistribuir el espacio vial.

Esto no es sólo un problema técnico, es político, de convicción por una mejora en la calidad de vida de las personas. La cicloinclusividad no es absoluta, pero sí es una invitación abierta a incrementar los niveles de libertad que una sociedad puede y debe tener.

La oportunidad presentada por la crisis política, social y económica, y recientemente sanitaria, que vive el país, hace de este momento uno único e irrepetible en esta materia. Sin embargo, pareciera que estamos atrapados en un aletargamiento “encuarentenado”.

Sin mediar provocación, un momento humorístico a través de redes (anti) sociales, promovió un corto –pero eficiente- momento de lucidez, resultando en una imagen que juega y cuestiona la realidad. Las cifras de eficiencia o tablas de flujo no bastan; si no lo puedes ver, no existe.

Al igual que las palabras, una “fake news” pudo jugar con la realidad y hacer visible un anhelo de muchas y muchos, que de manera simple y directa, en uno de los lugares más emblemáticos e icónicos de la ciudad, parece haber despertado nuevas energías. Reflotar un viejo sueño, truncado en la “Nueva Alameda Providencia”, busca cuestionar, una vez más, el presente y futuro de la movilidad en las ciudades.

“Creo que cada nueva idea fue moderna una vez, hasta que no lo fue” (1) . Certera frase que resume con simpleza las extrañas tensiones y aprehensiones que aún se ejercen sobre moverse en algún ciclo, como bicicleta, skate, monopatín/scooter, patines, u otro similar.

Esta “nueva” (realmente antigua) propuesta, no pretende ahondar en aspectos técnicos, sino que vuelve a relevar un simple sentimiento de esperanza, por poder cambiar –en parte- el paradigma motorizado que tanto nos ha enceguecido.

Son 17 kilómetros de una senda cicloinclusiva por el corazón de Santiago, uniendo personas, lugares y experiencias. Es una abierta invitación a pasarlo bien, a disfrutar y a volver a sonreír mientras nos movemos por la urbe.

Los desafíos son múltiples, principalmente porque está en juego, nuevamente, el espíritu y energía de muchas personas, así como también el hacer frente a una crisis de gobernanza en las metrópolis. Poder organizar y coordinar a cuatro comunas, no es tarea fácil, pero parte de la sociedad civil está organizada y presta a empujar porque esto salga finalmente adelante.

¿Se imaginan poder moverse rápido, seguro, oxigenado y casi siempre a tiempo a su trabajo?, ¿poder acompañar a su hija o hijo al jardín/colegio en la mañana, o pasar a buscarlo en la tarde de regreso a la casa, disfrutando del viaje? Afortunadamente este espíritu ha permeado en distintos sectores públicos y privados, por lo que soñar en grande es posible.

La propuesta, aterrizada en una carta formal, por parte de la sociedad civil organizada, es sólo el inicio. El proyecto, tomando prestado el relato de mi amigo Ariel López, es la “primera toalla”. Esa que, cuando una familia va a la playa en plena temporada alta, manda temprano a unos de sus integrantes para que “reserve” un buen lugar y así después toda la familia, o los que quieran, puedan llegar. Esta “primera toalla” se instala rápido y de manera estratégica, pero puede ir acomodándose de mejor manera en el tiempo y acorde a su contexto.

El “desconfinamiento” que estaremos viviendo durante estas próximas semanas, hará evidente y necesaria, la ubicación de más nuevas “primeras toallas”, a través de las principales avenidas de nuestras ciudades, por lo que urge unir fuerzas e intereses comunes para no desaprovechar esta nueva oportunidad. En este llamado, ¡son todas y todos bienvenidos!

El futuro se presenta incierto y medio oscuro. Todo se ha estresado y uno comienza a reflexionar respecto de las cosas importantes de la vida, esas que no se pueden medir con números, pero sí con recuerdos y sensaciones. Hace poco he dejado de pertenecer al grupo “joven”, etariamente hablando, de la sociedad, pero sigo siendo un niño buscando dónde y con quién jugar. Espero hacerlo próximamente con mis hijas o hijos, a través de estos 17 kilómetros.

(1) Matthew Cuthbert, de la serie “Anne with an E”.

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