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El garrote y la zanahoria en la congestión vehicular

Como todos los años, llegó marzo y con ello el fantasma de los “súper lunes” pasados. Pero más que un temor asociado a la congestión vehicular durante este mes, el incremento anual del parque automotriz ha llevado a un colapso de las ciudades que se sentirá durante todos los meses. ¿Se puede revertir? Esto fue lo que nos respondieron dos expertos.

Por Daniela Suau Contreras

Los retiros de los fondos de pensiones, un temor infundado al contagio en el transporte público y una negligencia tácita de las autoridades a regular el uso del automóvil particular, son algunas de las problemáticas que nos comentan Carolina Calderón, ingeniera civil en transportes y académica de la Universidad San Sebastián; y Hernán Silva, ingeniero civil, experto en movilidad cero emisión y cambio climático, mentor de Climate Reality Leadership Corps y gerente de la Consultora UYT.

Según una reciente entrevista que dio el ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, a la Radio Infinita, hoy nos enfrentamos a ciudades que están más colapsadas respecto al uso del automóvil de lo que estaban antes de la pandemia. En Santiago, señaló que los flujos que mide la Unidad Operativa de Control de Tránsito (UOCT), son 24% más alto que hace dos años atrás, lo que habla de un problema súper severo, más aún si consideramos que hace dos años atrás no estábamos bien.

Están aumentando los costos del combustible, de los vehículos y sus mantenciones, de estacionamientos y los tiempos de desplazamiento que son los que se traducen en congestión, sin embargo, afirma Hernán Silva: “Lo increíble es que se mantiene la preferencia a usar el automóvil a pesar de esta tendencia al alza. Esto ocurre a nivel global y se debe a características como son la autonomía, seguridad ciudadana y a los tiempos. Si lo vemos desde el punto de vista de género, la mujer tiene un tipo de vida que conlleva a que tenga que hacer muchas cosas a la vez, hacer compras, ir a buscar y a dejar a los niños al colegio, ir a trabajar y hacer diligencias”.

Con él coincide Carolina Calderón, quien agrega que además de la seguridad y la flexibilidad, está el tema de la comodidad, como si el auto fuera la prolongación de tu casa: “También hay una idiosincrasia, hábitos y costumbres, de no tener siquiera la intención de compartir, porque tu puedes ir en auto y compartirlo con tu vecino, pero no se hace. Sólo nos surge la solidaridad en las catástrofes”.

En agosto del año pasado, un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo cuantificó el valor del tiempo que se pierde en los atascos vehiculares. En la ciudad de Santiago, que ocupa el segundo lugar entre 10 urbes de América Latina y el Caribe, los conductores pierden poco más de $320 mil al año debido a la congestión. Un monto que no está asociado al consumo de bencina, sino a los denominados costos indirectos, como es el tiempo que pierden las personas estando estancadas en el tráfico.

Ante esta realidad, los dos especialistas afirman que ha habido una falta de control del uso del automóvil particular en Chile. Una “negligencia tácita”, apunta Carolina, “porque no se ha hecho nada por regularlo. Una vez escuché a cierta ministra, decir abiertamente que ella iba a procurar los derechos de los automovilistas. Es como hablar de los derechos de los autos, lo que es bien aberrante. Creo que no ha habido ningún interés en hacerlo y ha habido mucha dejación”.

En un año de cambios, Hernán Silva señala que tenemos una gran oportunidad como país de contar con autoridades que no es necesario convencer de que la movilidad cero emisiones o a energía humana, son más eficientes y necesarias, así como que hay que promoverlas e implementar proyectos en todo el país. “En mi caso, por ejemplo, que desarrollo proyectos de ciclovías, yo diría que a veces son de los proyectos más difíciles, porque la mayor cantidad de horas de trabajadoras y trabajadores que nosotros ocupamos, es para evangelizar, para convencer a técnicos, a autoridades políticas y tomadores de decisión que las ciclovías son buenas, y eso es muy desgastador. En este caso tenemos autoridades que ya no hay que convencer y que van a facilitar todos estos procesos”.

Al igual que el ministro Juan Carlos Muñoz, ambos profesionales coinciden en que hay que desincentivar el uso del automóvil particular con medidas concretas. “Cuando la gente reclama sobre el tráfico, la congestión y dicen ‘hasta cuándo’, deben saber que ellos mismos son parte de ese tráfico y el hecho de que estén ahí y además estén solos, está generando una externalidad social. En la medida que no les cobren esa externalidad, no la van a internalizar de ninguna manera. Estamos en un escenario crítico y cada vez va a ser peor, si hay uno, dos o tres eventos concomitantes en la hora punta de la mañana en Santiago, puede quedar la tendalada y si no hacemos algo para revertirlo, va a ser cada vez peor. Yo no sé si reír o llorar cuando hablan del ‘súper marzo’, porque obvio que va a haber un súper marzo si no hemos hecho nada en todos estos años para revertirlo y va a ser un súper mega marzo y un súper mega año”, señala Carolina Calderón.

Una de las medidas para desincentivar, explica Hernán Silva, es eliminar estacionamientos en la vía pública, ya que el uso del espacio que hacen los vehículos es una de las actividades más ineficientes desde el punto de vista urbano. “El espacio público tiene un fin de uso público, de vida en común y nunca debe ser visto como un bien individual. La tendencia mundial y en Chile, es que los espacios ocupados por autos estacionados en la vía pública tienen que eliminarse y entregarse a usos más eficientes, ya sea, el uso peatonal o el de ciclovías o transporte público”.

Carolina es de la línea de regular los estacionamientos, ya sea cobrar más por ellos o prohibirlos: “En la medida que uno sabe que en ciertos sectores no vas a poder estacionar, como en Providencia o en el centro, no vas a ir en auto. A mí me parece que en el centro debería estar absolutamente regulado. En la medida que haya calles que las municipalidades no regulen, el auto llega y se estaciona”.

También, agrega la ingeniera civil en transportes, se puede apuntar hacia la tarificación vial, que no es un tema nuevo y que ha tenido bastante resistencia: “Nadie ha tenido las agallas para llevarla a cabo y yo tengo fe de que en este gobierno sí se va a hacer, o se va a intentar”. Otra medida que menciona, dice relación con tener más fiscalizaciones en los corredores de buses, ser más estrictos, “porque hay autos que se meten y no sólo para doblar a la derecha, entonces hay que poner más cámaras, cursar más infracciones y con multas que realmente desincentiven”.

Sin embargo, todas estas medidas hay que prepararlas, a su juicio, no se puede llegar e implementar tarificación vial dictatorialmente, porque la gente se va a ir en contra. Se debe preparar a las personas y se debe hacer con la participación de las comunidades. “Necesitamos campañas innovadoras, ojalá que vengan desde las bases, porque así tendrían más adherencia. Si me hablan de algo de lo que yo estoy convencida, viene de mi comunidad o de mi agrupación, lo voy a hacer con más ganas y voy invitar a otros. También la educación es clave, con Karina Muñoz desde Conaset, se pudiera hacer algo en los colegios y en las universidades para fomentar conductas saludables”, señala Carolina Calderón.

Subir a las personas al modo bicicleta

Recientemente, Naciones Unidas (ONU), adoptó una resolución que promueve la bicicleta para combatir el cambio climático, la que si bien no es vinculante, hace un llamado a integrar a la bicicleta en el transporte público, ya que aumentar la promoción del uso de la bicicleta y mejorar la seguridad vial, ayudará a alcanzar desarrollo sostenible, incluyendo la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Para Hernán Silva esto es tremendamente importante, “porque pone en un escalafón muy importante el uso de la bicicleta como una herramienta para combatir el cambio climático, que es algo que yo personalmente vengo divulgando desde hace años. Efectivamente, el llamado no es a hacerlo de manera pequeña, sino que de manera masiva para lograr el cambio estructural. Justamente, lo que se requiere es que muchas personas se bajen del auto y usen la bicicleta y con eso ahorrarnos una gran cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y todos los efectos que eso significa. Es tremendamente relevante sobre todo para un país como Chile, donde más del 85% de los habitantes vive en ciudades y, por lo tanto, el efecto país sería muy importante”.

Para incentivar el uso de modos sustentables, Silva apunta a tener una política pública específica de fomento de los viajes en ciclos y la caminata: “La política pública raya la cancha, da las directrices y nos dice de qué manera, con qué prioridades y con qué lineamientos y objetivos tenemos que avanzar”.

Carolina Calderón señala que laclave es la seguridad vial: “Hay personas que siendo muy probicicleta, como yo, nos da miedo, porque no nos sentimos muy hábiles, entonces creo que se deben aumentar las infracciones para conductas agresivas hacia los ciclistas, no necesariamente porque terminen en accidentes, sino partiendo porque les tiren el auto encima. Hay que hacer más campañas y trabajo con los taxistas y choferes de transporte público como, por ejemplo, el programa Compartir para Convivir, que tiene la Universidad San Sebastián con la organización Bicicultura y que está orientado a la convivencia con los buses y las bicicletas”. A su juicio, debemos transitar a que estos temas “sean más sancionados socialmente, que haya una conciencia de que los conductores no deben tirarle el auto encima a los ciclistas”.

Sobre el fomento, destaca lo que se ha hecho en otros países, como pagar un bono por movilizarse en bicicleta, brindar estacionamientos y un espacio para cambiarse de ropa. “En la política del garrote y la zanahoria, la zanahoria es que la empresa te premie por ir en modos activos, a pie o en bicicleta. Las personas que viven en ciudades son cómodas, entonces se requiere de un cambio de hábito y eso no va a ocurrir de un día para otro y debemos tenerlo en perspectiva”.

Sobre más fiscalización, Carolina Calderón dice que hay que situarse en el país que estamos, “aumentar el contingente fiscalizador sólo en Santiago ya es un problema, si te vas a regiones los Seremi tienen muchos menos fiscalizadores y deben fiscalizar muchas más cosas. Si queremos irnos por el lado del garrote, se deben aumentar las multas, cosa de que si te llegan a pillar sea alta. En el camino más de largo plazo, está la educación, la concientización y eso es igual que un ‘puerta a puerta’, se requiere de un trabajo arduo y lento que sólo se puede lograr con una gran campaña”.

Finalmente, para Hernán Silva, a raíz del anuncio de la ONU, deberíamos también actualizar y perfeccionar los instrumentos medioambientales con los que contamos, “como la estrategia climática a largo plazo, que puso sus fichas exclusivamente en la electromovilidad y le dio muy poca importancia al uso masivo de la bicicleta en el país. Con este anuncio, la estrategia climática a largo plazo queda desactualizada y yo creo que hay que hacer el esfuerzo por mejorarla, para darle más fuerza, porque la estrategia también va a conversar con la Ley de Cambio Climático y recordemos que ésta va a ser vinculante para todos los ministerios, o sea, va a ser obligatoria. Y ahí tenemos una gran oportunidad justamente para que se puedan articular el MTT, Minvu y MOP con Desarrollo Social y con Medio Ambiente”.

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