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Los efectos de la contaminación invisible

Según cifras en Chile, el porcentaje de población expuesta a niveles de ruido ambiental por sobre lo recomendado para el día y la noche, oscila entre el 13% y el 24% respectivamente. Emisiones que, en las ciudades, son producidas en 70% por el tránsito vehicular.

Por Daniela Suau Contreras

Debido a sus consecuencias, la contaminación acústica es considerada un problema ambiental. Si bien, en comparación con otras fuentes, no genera residuos, no tiene sabor ni olor, color o textura, pues se trata de un contaminante invisible, genera un efecto acumulativo en la salud de las personas.

Según el Sistema de Indicadores y Estándares de Desarrollo Urbano (SIEDU) del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (CNDU), una iniciativa que elabora junto al Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), actualmente se reconoce que el 13% y el 24% de la población está expuesta a niveles por sobre lo recomendado para el día y la noche, respectivamente.

Conversamos con Igor Valdebenito, jefe del Departamento de Ruido, Lumínica y Olores del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), quien nos señaló que estos datos se obtienen de mapas de ruido que se desarrollaron a partir de modelaciones de niveles de ruido generados sólo por el tránsito vehicular.

Sobre las principales fuentes que provocan la contaminación acústica, Valdebenito señala que, “en las grandes ciudades la principal fuente de ruido es el tránsito vehicular. Al respecto se reconoce que el 70% del ruido ambiental presente en una ciudad es generado por esta fuente, donde un aporte significativo lo genera la locomoción colectiva. Sin perjuicio de lo anterior, hay zonas de la ciudad donde predomina el ruido generado por otras fuentes de ruido, como aeropuertos, faenas de construcción, zonas industriales o zonas de ocio (locales nocturnos), entre otras”.  

En vías de alto tránsito vehicular en centros urbanos, como el Gran Santiago, el ruido ambiental se expresa con altos niveles. Este año, pese al aumento del valor de los combustibles, el incremento de nuevos automóviles fue del 39% respecto a 2021, según cifras entregadas por la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), con 37.867 nuevos vehículos motorizados.

Según Ignacio Jaque, activista medioambiental y de movilidad sustentable, el aporte a la contaminación acústica provocada por los autos, se encuentra en niveles nunca antes vistos. “El parque automotriz sigue aumentando y las ciudades no tienen más capacidad, lo que provoca colapsos a toda hora, tacos interminables y niveles de estrés que contribuyen a la locura colectiva. Todo esto resulta en un caos generalizado que se traduce en ruidos constantes a toda hora del día”, afirma.

Acerca de este punto, Valdebenito explica que depende del tipo de vehículos. “Actualmente los autos categorizados como livianos y medianos que se comercializan en el país deben certificar los niveles de ruido que generan. Ahora el ruido que genera una calle dependerá del tipo y la cantidad de vehículos que circulan por una determinada vía, la velocidad de circulación, entre otras. De acuerdo a estimaciones realizadas, seis vehículos livianos generan el ruido que produce un bus de locomoción colectiva liviano y 15 vehículos livianos generan el ruido que produce un bus articulado de locomoción colectiva diésel”.

En ciudades cada vez más congestionadas y ruidosas, movilizarse a pie, en bicicleta o en transporte público, hace cada vez más sentido. Más aún, si consideramos que la mitad de los viajes en automóviles en Santiago se realizan para recorrer apenas 5 o 7 kilómetros, distancias que son perfectamente reemplazables por movilidad activa, lo que favorece la calidad de vida de todos los habitantes y beneficia positivamente a nuestras urbes, descongestionándolas de tráfico y contaminación acústica.

Así lo confirma Ignacio Jaque, quien resalta que “la bicicleta es un medio de transporte silencioso que no genera mayores externalidades negativas y, además, optimiza el uso y distribución del espacio. Adoptar políticas que fomenten su uso sería una buena respuesta, pero también hay que aumentar el desincentivo del uso del auto, de lo contrario, el resultado será el mismo”.

Los efectos en la salud de las personas

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido es la segunda causa ambiental de problemas de salud, afectando indicadores sobre la calidad de vida y la salud mental de las personas. Desde dolores de cabeza, fatiga e irritabilidad, alteraciones del sueño graves y crónicas, pitidos en los oídos, problemas de concentración, hasta enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, molestia o tinitus (zumbido en los oídos), son algunas de las consecuencias que podemos sufrir a causa de la contaminación acústica.

El efecto acumulativo en la salud por este tipo de contaminación, se reconoce como un agente estresor, comenta Igor Valdebenito: “Genera una tensión (alerta física) permanente en las personas que están expuestas de forma continua y a altos niveles de ruido. Esto puede ir acompañado de enfermedades de base y de la exposición a otros tipos de contaminantes, como la atmosférica, lo que genera un deterioro en la calidad de vida y en la salud de las personas”.

Los efectos pueden ser variados, siendo el más común el estrés constante. Podemos recordar que durante la pandemia (2020-2021) se vivió un período de poco tráfico, lo que tuvo como consecuencia bajos niveles de ruido. Esto permitía que, al salir a pedalear en la franja deportiva, se notara considerablemente la poca contaminación acústica”, recuerda Ignacio Jaque.

En contraposición, numerosos estudios que han medido el potencial de la bicicleta como medio de transporte, han demostrado que su uso cotidiano reduce la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares, mejora las funciones cognitivas, disminuye el estrés, fortalece el sistema inmunológico y de la musculatura, confirmando sus beneficios para las personas.

Fiscalizar la contaminación acústica

Si bien Ley del Tránsito prohíbe emplear la bocina de los automóviles, salvo en casos de emergencia, en la práctica, quienes habitamos en las ciudades sabemos que las y los automovilistas no se remiten a dichas circunstancias y que, por el contrario, tienen una conducta inadecuada y abusiva respecto a este tema. “Lamentablemente hoy no se fiscaliza su uso, permitiendo que sea excesivo. Esto, claramente contribuye al aumento de la contaminación acústica”, afirma Ignacio Jaque.

Se trata de una “pandemia silenciosa», dice el activista medioambiental y de movilidad sustentable: “Lo que debería ser preocupante, porque nos estamos acostumbrando a vivir rodeados de ruido, es decir, estamos normalizando que las personas vivan en constante estado de estrés”.

Sobre las medidas que se pueden implementar para reducir la contaminación acústica en las ciudades, el jefe del Departamento de Ruido, Lumínica y Olores del MMA, afirma que depende del tipo de fuentes de ruido que se quiera controlar: “En el caso de autopistas, el ruido se puede controlar con barreras acústicas, superficie de rodado absorbente de ruido, definir zonas de transición como áreas verdes que distancien la autopista de las edificaciones residenciales, etc. Si se trata de discotecas, el recinto debe controlar sus emisiones de ruido, principalmente, con aislamiento acústico de la envolvente de fachada. Mientras que, en el caso de vehículos o motocicletas, es fundamental una buena mantención mecánica y un adecuado y eficiente silenciador”.

De acuerdo al marco jurídico de nuestro país en materia de regulación ambiental, Valdebenito explica que las competencias sectoriales para el control, fiscalización y sanción de los niveles de ruido dependerán, principalmente, del tipo de actividad o el tipo de fuente que los genere.

Si se trata de una regulación correspondiente a un instrumento de gestión ambiental, como la norma de emisión de ruido para fuentes fijas, ésta la fiscaliza la Superintendencia del Medio Ambiente. Si se trata de una Ordenanza Municipal de Ruidos Molestos que regulan temas vecinales o locales, esto es fiscalizado por inspectores municipales o carabineros. Por otra parte, es el Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones que controla y certifica el nivel de ruido con que ingresan al país los nuevos buses de locomoción colectiva y los vehículos livianos medianos y motocicletas”.

Pese al trabajo del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), que permanente realiza mediciones, para Ignacio Jaque, el problema es que no existe una fiscalización estricta. “De ser así, no transitaríamos por una ciudad con ese nivel de ruido que oímos a diario. Esto claramente habla de que no se están considerando las normativas vigentes frente a este tema”.

Según cuenta el jefe del Departamento de Ruido, Lumínica y Olores del MMA, el ministerio trabaja para reducir la contaminación acústica, en base a una estrategia para la gestión del control del ruido ambiental, que cuenta con cinco líneas de trabajo: “Fortalecer el marco regulatorio. Generar diagnósticos a través de la Red de Monitoreo Continuo y la elaboración de mapas de ruido. Desarrollar permanentemente acciones de difusión y capacitación. Realizando trabajos coordinados con otros ministerios. Impulsar el fortalecimiento de las instituciones en el marco de sus competencias respecto al control del contaminante ruido”.  

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