Santiago pedalea y seguirá pedaleando

Por Juan Carlos Muñoz

Director Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, CEDEUS Pontificia Universidad Católica de Chile

Santiago ha enfrentado un extraordinario aumento en el uso de la bicicleta en un periodo muy breve. Este proceso no fue previsto por los planificadores urbanos, que por décadas venían postergando la infraestructura para el uso de la bicicleta por la ausencia de flujo. El aumento de ciclistas ha gatillado un aumento importante en ciclovías cuyo diseño ha ido mejorando progresivamente. Santiago ha ido aprendiendo en la marcha cómo facilitar el uso de la bicicleta.

En ciudades como Ámsterdam y Copenhague la mayoría de las personas se desplaza en bicicleta. Es cierto que se trata de ciudades más pequeñas y planas que Santiago, pero en nuestras ciudades chilenas una mayoría de los viajes son en condiciones de longitud y declive no tan diferentes a las de esas ciudades. En dichas ciudades, que presentan un clima sustancialmente peor que el nuestro, las personas no optan por la bicicleta por dar sustentabilidad a la ciudad o por su gran cultura ciclista. Lo hacen porque la bicicleta les resulta el modo más conveniente. Así, resulta claro que si en nuestras ciudades pretendemos que el transporte aporte a la sustentabilidad de la ciudad, se debe proveer todas las condiciones para que la bicicleta sea un método de transporte atractivo. Esto exige por una parte proveer de rutas seguras, expeditas, prioritarias, gratas y también de espacios de estacionamiento espaciosos, seguros y protegidos de la lluvia. También se debe conseguir que cuando estas personas opten por modos alternativos, ellos internalicen los costos sociales que generan en los demás. Esto es especialmente relevante en el caso del uso del automóvil cuyas externalidades son amplias y conocidas.

La bicicleta puede ser un modo de transporte de gran importancia para los viajes cotidianos al trabajo y al estudio. Los estudios que han caracterizado a los usuarios de este modo, han detectado que su uso en nuestras ciudades cruza las distintas clases sociales y zonas geográficas, y que su uso es mayor en zonas donde hay más fácil acceso a buena infraestructura ciclista. Todo indica que hay tierra fértil y transversal para un mayor uso de la bicicleta, en la medida que se disponga de los elementos para aumentar su conveniencia. En ese sentido me entusiasma el creciente foco que autoridades locales han dado a las ciclovías. Sin embargo es importante reconocer que estos esfuerzos no pueden ser municipales pues muchos viajes cruzan comunas. Esta coordinación intercomunal es necesaria y posible; proyectos emblemáticos como el Mapocho Pedaleable, Mapocho 42K, la ruta de la infancia o las ciclorecreovías lo demuestran.

Este último proyecto ilustra en forma preclara cómo es posible repensar el transporte y los espacios en la ciudad, si nos sacamos las anteojeras del paradigma automotor. Resulta conmovedor ver el slogan “la ciudad para los niños” hecho vida cada domingo en muchas calles de Santiago destinadas a correr, patinar, circular en bicicleta. Es impresionante cómo surge el encuentro social y una ciudad diferente emerge. Al final, esa es la verdadera ciudad, aquello que fomenta el encuentro, el espacio público y no el conjunto de edificaciones que lo limita.

Es una lástima ver cómo esta fiesta de cada domingo que provee un espacio privilegiado para el uso de la bicicleta está demasiado lejos de muchas viviendas en Santiago. Es imposible para niños de Maipú, San Bernardo o Puente Alto acceder en bicicleta a estas cicloreceovías. Tampoco pueden llegar con sus bicicletas a gozar de nuestro principal pulmón verde, el Parque Metropolitano. Creo que Metro podría constituirse en un vehículo maravilloso para romper esta inequidad en el acceso si permitiera desplazarse en el tren con la bicicleta durante los fines de semana. Metro ya ha autorizado las bicicletas en sus trenes en dos ocasiones, recibiendo una importante aprobación por parte de sus usuarios. Invito a la empresa a dar continuidad a esta política para que la ciudad se haga más pequeña y accesible para quienes optan por la bicicleta y de esa manera extender aún más el inigualable rol social que cumple en Santiago.