Escrito por: 10:58 am Vivencial

Biciexperiencia de A la Escuela en Bici

Por Andrés Santelices

Fotos Víctor Rojas

 

Cada martes suena el despertador a las 6:30 am, hora en que comienza mi jornada un poco más temprano que de costumbre pues es día de “A la Escuela en Bici”. La iniciativa de Educleta comenzó el año pasado como un proyecto piloto con un grupo de estudiantes de sexto básico de la Escuela Libertadores de Chile de la comuna de Santiago -la mayoría es hijo/a de inmigrante- que luego de recibir un taller de Formación Cívico-Vial se motivaron a pedalear a su establecimiento educacional una vez a la semana. Hoy se repiten las caras, y así como los participantes evolucionaron en conocimientos y hoy cursan séptimo básico, nosotros también evolucionamos y consolidamos la idea gracias al apoyo de la Municipalidad de Santiago y el Instituto Nacional de la Juventud.

 

Salgo de mi departamento a las 7:00 am y a medida que pedaleo por calle Huérfanos en búsqueda del primer biciparticipante recuerdo que convencer a la comunidad escolar de esta acción no fue difícil, pues hay un saber compartido entre directivos, docentes, profesionales no docentes, apoderados y estudiantes sobre la gran cantidad de beneficios que conlleva usar la bicicleta. Si un adulto goza trasladarse en bici a su trabajo, imagínense cómo se sienten niñas y niños.

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A las 7:08 am paso a buscar al primero de los niños en calle General Baquedano. En la cara de Aramis, además de sueño, veo que hay ganas de pedalear porque está consciente que ir pedaleando a la escuela es una suerte que millones de niños anhelan. Mientras se pone su casco y chaleco reflectante me cuenta que en la tarde le corresponde ir a una clase de tenis en el Club Hípico junto a sus otros compañeros y que pedalear le ha servido entre otras cosas para mejorar su condición física y estar por sobre el resto de sus pares. Salimos de su casa a eso de las 7:15 am, minutos después en silencio observa la calle, a los peatones y automovilistas. Sabe que es un niño privilegiado del Barrio Yungay.

 

El segundo es Joseph, quien además de vivir en la misma calle que Aramis, participa también desde el año pasado en A la Escuela en Bici. Niño de pocas palabras pero feliz de participar y eso lo dejó claro cuando invitó a su pequeña prima de cuarto básico a ir pedaleando a clases junto al resto del grupo. Ambos son muy unidos, y se cuidan mucho en la ruta. Les gusta saber que se tienen el uno al otro. Aramis y Joseph como buenos amigos y vecinos, se ríen en cada semáforo que da rojo. Conocen el trayecto de memoria, por eso al llegar a San Pablo cerca de las 7:30 am se concentran bastante porque saben que es una calle complicada, por eso se agrupan y están más atentos que de costumbre.

 

Ya son las 7:35 am y pedaleamos tranquilos por la ciclovía de Calle Brasil mientras el sol comienza a asomarse tímidamente. Al doblar luego por general Mackenna, vemos a lo lejos a los hermanos Eduardo y Javiera (cursa quinto básico), quienes esperan en la calle Guardia Marina Ernesto Riquelme que pasen por ellos. Eduardo, quien tuvo algunos problemas para socializar el año pasado con sus compañeros, hoy es un niño que comparte más y que hasta mejoró las notas. Su madre nos cuenta -mientras revisa nuevamente la mochila de Javiera- que para ambos le hace muy bien el hecho de “pertenecer a algo” pues refuerza la confianza y autonomía, dos habilidades blandas complicadas de desarrollar en el aula pero fáciles de adquirir gracias al pedaleo junto a sus compañeros.

 

Cerca de las 7:45 am y ya con los cinco chicos que me corresponden pasar a buscar, pedaleamos con más atención porque estamos en plena hora punta y por más que se trate de niños ciclistas, a algunos automovilistas no les importa y quieren a toda costa pasar por sobre el resto. Como los niños saben muy bien de esto, toman los resguardos necesarios y se agrupan de tal manera que parece un sólo cuerpo móvil. Ni la mejor clase teórica de Educación Vial supera a la experiencia vivida en la calle: aprendizaje significativo en su máxima expresión.

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Al llegar a la Escuela a las 7:50 am nos encontramos en la ciclovía de calle Rosas con Lisette y Carola, las otras dos monitoras de Educleta que trasladan cada martes también a su respectivo grupo de estudiantes, quienes me cuentan que cada vez los padres están más empapados de la iniciativa pues ven con alegría cómo sus hijos concretan un sueño que más de alguno tuvo en su infancia: convertir a la bicicleta en una compañera de clases. Son las 8:00 am y suena el timbre, los 15 niños/as que llegan en bici son recibidos por estudiantes, apoderados y docentes como rockstar en la escuela -con fotos incluidas- y nos preguntan cómo participar en la iniciativa.

 

Me despido de las otras monitoras de Educleta pues cada uno/a debe pedalear a su lugar de trabajo y en mi cabeza siempre se repite la misma reflexión: si viviéramos el aquí y ahora, de seguro A la Escuela en Bici sería una política pública y no sólo porque están todas las condiciones para que ello ocurra, sino también porque nuestra sociedad así lo requiere, sólo es cosa de voluntad.

 

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