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Historia de la bicicleta de un hombre lagarto de Fina Casalderrey

Por Nicolás Celis Valderrama, ciclista e historiador

Fina Casalderrey Fraga nació en Xeve (provincia de Pontevedra, España) en 1951 y es una de las más importantes autoras gallegas de poesía, literatura y teatro infantil y juvenil; casi toda su obra ha sido traducida a diversas lenguas. También es profesora de educación secundaria, etnógrafa por vocación, gastrónoma y periodista. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a enseñar en escuelas secundarias en Galicia. Algunas de sus piezas teatrales fueron recogidas como recursos didácticos para enseñar la expresión dramática en las escuelas. Pero fue en 1991 cuando se dio a conocer al recibir el Premio Merlín de Literatura Infantil por Dos lágrimas por Máquina. En 1994 recibió el Premio Barco de Vapor por El misterio de los hijos de Lúa, título que fue galardonado en 1996 con el Premio de Literatura Infantil y Juvenil de España. En el año 2014 escribió Historia de la bicicleta de un hombre lagarto, publicado en la Editorial ANAYA en la colección Sopa de libros, texto que reseñaremos en esta tribuna. 

El personaje principal de este cuento infantil es un niño llamado Mundo, que desborda astucia y vitalidad. Él vive junto a su padre, Antonio, y su madre, Azucena, en una localidad rural cercana a la ciudad de Teruel, que pertenece a la comunidad autónoma de Aragón, en el este de España. Situada en una zona montañosa de gran altitud, es famosa por su clásica arquitectura mudéjar, un estilo que combina elementos góticos e islámicos. La tranquila vida de Mundo basada en la economía pastoril se vio interrumpida al conocer a Camilo, un celador de la telefonía local. Al niño le impresionaron dos cosas: la agilidad con la que el celador se encaramaba en los postes con sus zapatos con clavos y correas en la cintura, y su inmensa bicicleta con alforjas de cuero. Ese día, Mundo cambió abruptamente sus sueños de adulto de ser pastor y “rey de Almería” por ser un “hombre lagarto”, tal como nombró al celador de telefonía. Todo lo anterior cobró más significado en el momento en que Camilo le ofreció prestarle su bicicleta. El asiento le llegaba exactamente a la cabeza al pequeño Mundo, por lo que tuvo que meter una pierna por debajo de la barra del marco hasta el pedal del otro lado, dar un impulso con el pie que le quedaba libre, que apoyó enseguida en el otro pedal, y pedaleó toda una calle con el cuerpo contorsionado. A los pocos metros logró mantener el equilibrio. Estaba feliz, muy feliz, pero no dejaba de reconocer que la postura no era demasiado cómoda.

Camilo y Antonio eran amigos desde pequeños; al despedirse, el celador le comenta: “Cuidado, que el río está revuelto”. Mundo nunca había visto a ese hombre con un trabajo tan apasionante. A los pocos días de ese vital encuentro, Antonio no volvió a su casa. Era muy extraño: si bien su padre se ausentaba por temporadas para que sus ovejas pastaran, este siempre volvía. A partir de ese día comenzaron a suceder cosas extrañas en la vida de Mundo: su madre, triste y de luto; falta de recursos en su casa y en toda la comunidad; las vecinas rumoreaban entre ellas; no solo había desaparecido Antonio, sino que también el profesor de la escuela, al igual que todos los hombres de la comunidad. Lo único normal era que Camilo llegaba cada cierto tiempo en su bicicleta a visitarlo a él y a su madre.

Fina Casalderrey, a través de Mundo, relata y describe de manera velada y sin mayor romanticismo la Guerra Civil Española (1936-1939). La vida familiar y comunitaria se trastoca; lleva a sus límites los fundamentos sociales y subjetivos; la fractura que genera la desconfianza y la delación; la pedagogía moral que imprimen quienes resultan victoriosos o tienen el poder. Para Mundo, la bicicleta de Camilo no solo representaba la máquina que permitía a quien admiraba profundamente que llegara a su casa a dejar víveres en tiempos de escasez, sino que también era el vector que permitía comunicar a su padre con su madre. Antonio, quien pertenecía al Ejército Popular de la República, le escribía breves mensajes en los libros del poeta revolucionario Miguel Hernández Gilabert, uno de los íconos de la resistencia popular española contra el ejército del dictador Francisco Franco. Eran Camilo y su bicicleta quienes cautelaban y velaban por que aquellos mensajes de amor y esperanza llegaran a su destinataria. La bicicleta del hombre lagarto fue para Mundo la representación de la felicidad y de la libertad.

Este cuento busca expresar que la mejor opción antes de una guerra es evitarla. Pone su atención en los horrores a los que conduce cualquier conflicto. Si tuviésemos que describir lo que sintió y vivió Mundo a lo largo del cuento, se podría decir que la guerra es triste porque hace desaparecer a los hombres de sus casas de manera enigmática. La guerra te hace correr a la cama a taparte la cabeza con las mantas para no escuchar el ruido de las explosiones de las bombas que son como truenos gigantes. Con la guerra se cierran las escuelas, se llevan a los maestros de paseo a la fuerza, y las personas ya no pueden hablar de lo que quieren porque llevan el miedo dibujado en sus rostros. La guerra es tan ruin que consigue que las vecinas se miren mal, después de haber sido amigas desde niñas, y que las mujeres se vistan de negro sin que la campana toque por un muerto. La guerra es miseria porque hace que en las casas escaseen el pan, la leche y el aceite. Y los hermanos dejan de hablarse porque llegan los secretos de familia. La gente disimula sus recuerdos y esconde las lágrimas para que parezcan catarros de nariz. Este cuento nos recuerda aquellas recopilaciones que hicieron los hermanos Grimm en el siglo XIX alemán o las que realizó Charles Perrault para la Francia del siglo XVIII. Cuentos carentes de adornos, de fantasías sonsas o amores románticos con finales principescos felices y color rosa. Es un cuento que chorrea humanidad, donde se transita entre pequeñas felicidades representadas por el montar en bicicleta y la brutalidad que genera la guerra y la desaparición de personas cercanas. Historia de la bicicleta de un hombre lagarto es un bello libro, acompañado por ilustraciones de Laura Súa Campo que enriquecen e ilustran sus páginas y son el comentario icónico más adecuado para advertir con exactitud el carácter sensible y vital de las experiencias de Mundo. La última ilustración del libro muestra a Mundo con lágrimas −ya siendo un adolecente− leyendo una carta de Camilo −encarcelado por revolucionario−, donde le cuenta que le heredaba su bicicleta de celador; la felicidad y la libertad ahora le pertenecen a Mundo. A partir de ese gesto, Mundo es el nuevo celador de telefonía. La bicicleta es el símbolo del sueño cumplido de un niño en tiempos de guerra.  

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