Escrito por: 10:46 am Actualidad

La pelea de no acabar: peatones vs ciclistas

Quedó el grito en el cielo luego de que se conociera la iniciativa de la Municipalidad de Providencia de multar a los ciclistas que transitan por las veredas. Sin embargo el tema es una reacción a la infraestructura actual, falta de respeto y una falsa sensación de seguridad dicen los expertos.

Por Michelle Raposo

Agosto terminó con otro round en la ya larga historia de discordia entre peatones y ciclistas, luego que se conociera que en la comuna de Providencia se comenzará a multar a los ciclistas de vereda con un monto de hasta 0,5 UTM a partir del último trimestre del año, previa marcha blanca.

Con el anuncio más decantado, en la opinión de los conocedores del tema es que la noticia levantó más polvo del que debía y que al final es una situación para largo y con muchos matices.

Lo cierto es que la asociación de Peatones Furiosos juntó 500 firmas de gente que ya estaba chata con que los pasaran a llevar, literalmente, en el único espacio donde se pueden mover. Así fue que llegaron a un acuerdo con el Municipio para implementar una serie de sugerencias para velar por sus derechos.

 

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Cuestión de criterio

Que se iba a crear una ordenanza, que qué pasaba con los papás que circulaban con los niños, que las calles no son seguras para pedalear fueron algunos de los factores que se discutieron en los noticieros y redes sociales.

 

Gerardo Fercovic, jefe del departamento ingeniería de la Dirección de Tránsito de Providencia aclara que nunca se trató de una ordenanza sino que ser más rigurosos con la aplicación de la Ley del Tránsito. Si bien se discute la idea de emitir una ordenanza a futuro, por ahora el foco está en la fiscalización y no solo a los ciclistas.

 

“Respecto de este punto es necesario destacar que el plan considera una intensificación de la fiscalización de motocicletas circulando en vereda y ciclovías, de automóviles estacionados en vereda (incluso algunos de ellos desplazándose longitudinalmente por las veredas), todos los cuales pueden ser fiscalizados por funcionarios municipales. La diferencia con las bicicletas es que los funcionarios municipales carecen de atribuciones para fiscalizar, por lo que respecto de estos conductores, necesariamente requerimos la presencia de Carabineros”, explica Fercovic.

 

Tomás Echiburú-webEn la opinión de Tomás Echiburú, arquitecto dedicado a la movilidad urbana, ligado al proyecto del Mapocho Pedaleable y candidato a concejal por Providencia por Revolución Democrática, “a lo mejor se podría trabajar en una ordenanza que precise algunos detalles que no hace la ley. A lo mejor el ciclismo de vereda no es igual acá que en otras comunas para lo cuál sería interesante hacer una mesa de diálogo más extendida y con más tiempo”.

 

Otro punto que causó inquietud es qué iba a pasar con los niños y los padres de los niños que andan en bicicleta y los adultos mayores. Al respecto, Fercovic, cuenta que “no habrá fiscalización en ninguno de esos casos, lo cual ya está plenamente acordado con Carabineros”.

 

Claudio Olivares-webPor otra parte todos concuerdan que el problema no se puede arreglar solo con multas. “Tiene que ser un pool de medidas que permitan abordar el tema en el mediano y largo plazo. Y ser súper insistentes e intensos respecto al buen comportamiento, reforzar la imagen que queremos ver y andar por la vereda no es socialmente aceptado, entonces creo que el primer camino que tenemos es trabajar por ese lado”, dice Claudio Olivares de Bicivilízate.

 

Una medida así implica también invertir varios recursos en un problema que si bien existe no es el único. “Si estuviera en mi la decisión, focalizaría esos esfuerzos en aquello que provoca más daño. Estaría más preocupado de la gente que se pasa la roja en bicicleta o en auto y que finalmente pueden provocar accidentes graves. Sin desmerecer el hecho de que los ciclistas por la vereda son un problema”, afirma Echiburú.

 

El aporte de la infraestructura

Cómo se diseñan las ciudades es clave, complementa  Olivares. “Si tengo infraestructura que genera informalidad, eso va a generar incertidumbre y eso generalmente genera improvisación. Si tu infraestructura es mala va a generar esos tres elementos que en conjunto hacen ver como que hay mal comportamiento”.

Si bien los partes y otras medidas son parte de una solución, “la Municipalidad tiene que hacer una autocrítica y reconocer parte de la responsabilidad porque finalmente los proyectos que se han desarrollado, de alguna manera inducen conflictos entre peatones y ciclistas”, comenta Echiburú.

Algunos de estos ejemplos tienen que ver en la forma como se resuelven los cabezales de las ciclovías que terminan o parten en las veredas. “Si ves a alguien andando en bicicleta por la vereda en Lyon es para pasarle un parte. Pero cuando tienes 200 ciclistas por hora en Pedro de Valdivia, una calle que tiene adoquines, buses y un alto tráfico y no se ha hecho nada. Si uno lo mira con más detalle, con ese número de ciclistas es que algo está pasando que la gente no se atreve a bajarse a la calle”, agrega el candidato a concejal.

Si bien por el perfil de Pedro de Valdivia no está contemplada una ciclovía en esa avenida, en el Municipio cuentan que ya está descartado dentro de sus estándares construir ciclovías en la acera. Lo que sí está en carpeta es “es el rediseño de intersecciones de ciclovías de estándar antiguo, cuyo proyecto está concluido y ahora estamos buscando el financiamiento, lo que ya está resuelto para los primeros casos”, cuenta el jefe del departamento de tránsito de Providencia.

Para tener una idea, el presupuesto para arreglar 41 intersecciones con el antiguo estándar tiene un costo de 1.500 millones de pesos aproximádamente.

Avanzar en una completa malla vial es una de las claves para una ciudad ciclo inclusiva. “Si comparas todas las ciudades en el mundo que se han propuesto ser una capital donde el ciclismo es relevante y que han alcanzado un nivel de participación superior al 10%; no hay ninguno de esos lugares que no tenga una red completa de infraestructura segregada en la calle, de ciclovías propiamente tal”, comenta Echiburú.

Que esta red se ubique en la calzada es primordial concuerdan los expertos. De lo contrario, “el mensaje es que tu trayecto empieza y termina en la vereda. Lamentablemente la gente no va a caminar con la bicicleta al lado. Al final terminas incentivando, con el propio diseño urbano, un montón de nuevos veredistas, porque la señal es confusa”, agrega el arquitecto.

En todo caso, hay un punto que Fercovic enfatiza y es que no se va a fiscalizar en “áreas ambiguas o las áreas compartidas. Sería una contradicción, no queremos jugar chueco. Pero si vamos a estar atentos en las secciones que los peatones más reclaman o resultan más lesionados”. En paralelo también se trabaja con los centros integrales de los adultos mayores para conocer qué intersecciones de la comuna les son más críticas.

 

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Falsa seguridad

Es la razón principal de los ciclistas de vereda para justificar su modo de viaje ya que se tiene la percepción en general de que estas son más seguras al estar aisladas del tráfico. Pero ¿es así realmente?

 

El problema es que el ciclista de vereda sí tiene más posibilidades de tener más accidentes andando por la acera que por la calzada. “Tenemos antecedentes claros y categóricos de los riesgos de los ciclistas por los juicios que nos toca ver. Desplazarse por la calzada no es un paraíso, pero es erróneo pensar que por la vereda es cero riesgo”, comenta el jefe de la dirección de tránsito de la comuna. Otro detalle que se olvida es que legalmente un ciclista que es lesionado por andar en la vereda puede ser señalado como culpable del accidente.

Por otro lado, se puede decir que una ciudad es segura o no teniendo los datos generales de siniestros de tránsito y  para tener una idea de la seguridad vial. Otra cosa es la seguridad percibida por el usuario, que la persona se sienta bien y seguro en el entorno urbano.

“Claramente a través del diseño se abordan las dos. Entonces este tiene que ser tan bueno cosa que logres una seguridad vial en su concepción de salud pública, como también que ese entorno urbano le entregue seguridad percibida a la persona”, comenta Olivares.

La sensación de seguridad también tiene mucho que ver con la experiencia del ciclista. “Me pasa cuando veo posturas bien radicales sobre el tema de que todos los ciclistas deberían ir por la calle, en general viene de gente que pedalea hace mucho tiempo, la mayoría hombres, en un rango etáreo entre los 25 y 40 años. Y para ellos puede que sea así, pero no creo que sea tan fácilmente extrapolable a cualquier usuario de la bicicleta”, cuenta Echiburú.

 

Lo que falta: empatía

Si hay una palabra que todos nombran como la gran solución del problema es ser más respetuosos con los otros. “La empatía de los ciclistas hacia los peatones, de los peatones a los ciclistas y de los ciclistas a sus correligionarios. Siento que a veces es muy fácil disparar desde la posición donde uno está y creer que todos tienen que hacer lo mismo que uno”, dice el candidato a concejal.

Otro punto en que todos concuerdan es que el respeto tiene que ser aplicado para todos por igual. “O sea, el peatón no invadir la ciclovía, para el usuario de la bici no meterse en la vereda. Y para el automovilista, es en el fondo yo ayudo a que el ciclista no ande por la vereda teniendo un buen comportamiento”, comenta Olivares.

Hasta cierto punto se puede entender que por sentirse más seguros algunos ciclistas pedalean por la vereda, pero hay un grupo dentro de estos que se sienten los reyes de la vereda y son los que se han ganado el odio de todos. “No responden a ningún grupo de ciclistas. Es un ciclista inorgánico, que no tiene conciencia del arma que tiene en sus manos”, comenta Fercovic.

Olivares tiene la idea de hacer una campaña al respecto, pero dice “no sé cómo agarrarlos. He pensado en individualizarlos, pero eso significa estereotipar y eso no es bueno. No sé, no me siento cómodo tratando de identificar a estos personajes. Yo les he parado los carros y me han mandado a la chucha, me han amenazado a combos o me han contestado así como “y qué tanto” y tu dices pero cómo podemos estar tan cagados”.

Cuando hizo su campaña para crear conciencia de no pedalear por la vereda se llenó de comentarios diciendo que qué podían hacer sino tenían como pedalear. “Y los argumentos del punto de vista de seguridad de quien utiliza la vereda hoy en día son válidos ¿cómo les dices que no?”, agrega Olivares.

El tema recala eso sí en la falta de civilidad que se ve en la ciudad. “No tiene que ver con el medio de transporte, sino con nuestra mala cultura del espacio público y lo defino como esta falta del sentido de lo común. Hay tanta pelea en Chile por los derechos que la gente ya olvidó no solo sus responsabilidades, sino entender que el que yo respete signifique también respetar”, reflexiona el representante de Bicivilízate.

 

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