Escrito por: 11:11 am Editorial

¡Vivimos el experimento de una nueva ciudad!

Por María Isabel Varela S.

Coordinadora Área Social y Territorial/Ciudad Emergente

 

Es la noche del domingo 4 de septiembre recién pasado y aquéllos que iniciamos el desmontaje del Malón Urbano de Calles Compartidas, no podíamos dejar de sentir que algo muy especial había sucedido en la calle José Miguel de La Barra, entre Monjitas y Merced, en la ciudad de Santiago. Por primera vez, la calle había sido compartida por peatones, ciclistas y automovilistas en completa armonía; el espacio público se transformó en una gran plataforma que nos permitió percibir que es posible vivir una nueva experiencia de hacer ciudad y transformar las calles, haciéndolas más amables y  equitativas.

 

La experiencia referida se relaciona con “Calles Compartidas, para un Distrito Bajo en Carbono”,  iniciativa piloto que realiza Ciudad Emergente a partir de experiencias en el Reino Unido en movilidad sustentable y participación ciudadana. Este proyecto busca generar un cambio de hábito en el uso de la calle para enfrentar el cambio climático, y para eso, propone un cambio de paradigma en el uso ésta, promoviendo espacios centrados en las personas y no tan solo en los automóviles.

 

Para lograrlo, se diseñó un tipo de calle a escala humana que invita a compartir el espacio entre peatones, bicicletas, transporte público y autos, situando a los vehículos en la misma jerarquía de otros modos de transporte; esta idea promueve el uso de sistemas de transporte sustentable y encuentros cara-a-cara, intentando sensibilizar a la ciudadanía acerca de cómo nuestras conductas pueden revertir los altos índices de contaminación ambiental existentes a partir de cambios de hábitos y disposición a compartir la calle.

 

Se apuesta por intentar cambiar actitudes de los ciudadanos en relación con el uso de la calle, promoviendo experiencias de comportamiento social que no solo potencian la democratización de los espacios e infraestructura de transporte sostenibles, sino que también dan inicio a un camino para aumentar la cohesión social y bienestar de las personas, atributos que inciden en una mejor calidad de vida.

 

Es así que, más de 1.200 personas compartieron junto al automóvil, ciclistas, emprendedores y vecinos, demostrando que nuestros espacios públicos pueden ser lugares con sentido, diseñados a escala humana y conscientes con el Medioambiente. Además, como parte del experimento, los días previos, el viernes 2 y sábado 3 de septiembre, se probó una Ciclovía Experimental por José Miguel de La Barra y Lastarria, donde circularon más de 1.500 ciclistas al día y se recibieron cerca de 2.000 comentarios en árboles de ideas acerca de la disposición de las personas para descontaminar Santiago.

 

Junto con esto se registró que, en la Calle Compartida de José Miguel de la Barra, la concentración de CO2 arrojó niveles tres veces más bajos que el promedio para un día domingo en la misma calle, sin excluir al automóvil, sino reduciendo su presencia en favor de movilidad no contaminante, demostrando que es posible compartir el espacio público poniendo en el centro al ser humano.

 

Luego de la experiencia vivida, el proyecto se encuentra actualmente en etapa de sistematización de los resultados obtenidos, los que serán presentados el día 3 de noviembre de 2016, como parte del seminario de cierre de esta iniciativa, inserto en el Festival Internacional de Innovación Social (FIIS).

 

Finalmente, es necesario recalcar un aspecto relevante de este quehacer y que se relaciona con los aspectos comunitarios a lo largo del proceso; la experiencia de vivir una calle compartida y una nueva forma de hacer ciudad solo es posible de realizar con los distintos actores involucrados. Según expertos en el tema, participar activamente en la co-construcción de un proyecto de Calles Compartidas asegura ciudadanos más satisfechos con sus espacios públicos, defensores de la democracia y de su ciudad.

 

Es así que, todos quienes se incorporaron en esta iniciativa han sido parte fundamental de su concreción. Cabe mencionar de modo muy especial a los “Ciclistas Unidos”, quienes nos demostraron que es posible compartir voluntades y aunar criterios en pos de la validación de una estrategia de diseño que intenta hacer de las ciudades espacios cada vez más humanos.

 

 

 

 

 

 

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