Escrito por: 1:09 pm Opinión

A propósito del Día Nacional sin Auto

Por Mauricio Berríos Rodas, sociólogo y ciclista.

El viernes 25 de septiembre se celebró por tercera vez consecutiva el Día Nacional Sin Automóvil. En 2018, se estableció que su día oficial sería el último viernes de septiembre. La instancia fue promovida por organizaciones sociales vinculadas con el ciclismo urbano y el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones.

En el día del año donde se espera que la gente deje el auto en la casa, simultáneamente, se promueve la caminata, el uso del transporte público y de otros modos de transporte no motorizados donde la bicicleta es la estrella, y, probablemente, cada año será más protagonista.

Es curioso celebrar un día “sin auto”, pero no es una ocurrencia chilena, pues desde hace años que se celebra en distintas latitudes el Día Mundial Sin Automóvil. Surgió con fuerza en ciudades de Europa durante la década de los noventa y se oficializó el año 2000, por la Comisión Europea, en el marco de la “semana de la movilidad” del viejo continente, estableciéndose que cada 22 de septiembre se celebraría el Día Mundial Sin Auto.

En el mundo también se celebra, en forma oficial, el “día mundial sin tabaco” y algunos otros días rotulados “contra”, por ejemplo, la hepatitis o la trata de personas. El día sin automóvil grafica una preocupación moderna y genuina por el bienestar de las personas en la ciudad, evidencia la conciencia ecológica y medio ambiental de los ciudadanos del mundo. La bicicleta brilla este día porque es un símbolo que representa la importancia de construirnos colectivamente a escala humana y, ciertamente, reivindica una subjetividad no hegemónica.

Las políticas públicas han impulsado el transporte público y esperan mejorar la convivencia vial entre los distintos modos de transportes para desarrollar una ciudad más integrada y amable para las personas. A comienzos del 2000, en plena construcción de autopistas, la ciudad de Santiago fue más pensada -como muchas otras ciudades- para los automovilistas que para las personas, relegando la intermodalidad y la infraestructura para vehículos no motorizados.

Las organizaciones vinculadas con el ciclismo urbano han posicionado nuevos puntos de vista sobre la movilidad en las ciudades de Chile. El “cómprate un auto perico” y el automóvil como símbolo de estatus social se ven cuestionados por un interés colectivo en equiparar la movilidad y distribuir las calles con mayor justicia. El diseño de políticas públicas tan emblemáticas, como el Transantiago, poco ayudaron a fortalecer el transporte público, la intermodalidad y la infraestructura para el despliegue de medios no motorizados.

El territorio está en disputa y cada vez que se celebra el día sin auto, la bicicleta asoma como una alternativa sobre la que se reúnen autoridades políticas, tanto del gobierno central como local, organizaciones ciclísticas y medios de comunicación. Este año tan especial, se anunció que los talleres de bicicletas serán esenciales y se reinauguró la ciclovía que corre junto al río Mapocho.

El Día Nacional Sin Auto subraya el avance del uso de la bicicleta. Conmueve en contradicción con ello, el notorio aumento en las muertes de ciclistas experimentado en la pandemia, resultado de la falta de infraestructura, educación y cultura vial. Una tragedia que cada bicianimita nos recuerda en nuestro pedaleo cotidiano y que se enraíza en la cultura popular y urbana.

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