Escrito por: 9:16 am Opinión

Somos la resistencia

Por Jimena Pérez Marchetta, Alcaldesa de la Bicicleta de Salta, Argentina.

La industria automotriz ha sabido camuflarse muy bien a lo largo de la historia entre juguetes, armas y respiradores. Hoy, parte de la humanidad se replantea como seguir luego de esta pandemia. La industria automotriz fabrica un insumo médico preciado mientras espera la oportunidad para poner en la calle millones de unidades nuevas. Los movimientos sociales ciclistas se reagrupan para reflexionar sobre nuevas oportunidades. La carrera ha comenzado.

Automovilidad

Cuando mi hijo tenía 4 años, caminábamos por el frente de una góndola de supermercado cuando de repente, señala un enorme auto color rojo brillante. En su cara ví la expresión del deseo. En ese momento mi corazón se hizo mil pedazos como el de Ralph en una escena de los Simpsons cuando Lisa lo rechaza.

Es que siendo mamá biciactivista ¿como iba lidiar con la idea de tener la casa llena de autitos? Más tarde entendí, que por más esfuerzo que hiciera en comprar juguetes diversos con un enfoque de sustentabilidad y género, tarde o temprano los autos iban a llegar a mi casa, gracias al gran trabajo de la publicidad automotriz. Es un bombardeo de estímulos en función a que sean futuros consumidores y así llegan a los canales infantiles, cortes publicitarios, parques de juegos, alimentos como yogures y galletas, estampas en la ropa, libros de cuentos, etc.

“Durante los últimos ciento treinta años se han producido globalmente más de un billón de automóviles y pavimentado alrededor de treinta millones de kilómetros de caminos para facilitar sus movimientos. Originalmente considerado como un artículo de lujo para los más ricos, el automóvil ha evolucionado hasta convertirse en un objeto omnipresente y cuasi obligatorio de nuestra existencia moderna”. Así describe la automovilidad Karen Robert en el libro “Términos clave para los estudios de movilidad de América Latina.”

Claramente, la industria automotriz ha evolucionado a lo largo de los años para adaptarse a cada época y a cada crisis. Hoy, la pandemia del covid-19 no es la excepción. En un mundo donde el “movimiento Greta” es cada vez más fuerte y con un virus que nos obliga a quedarnos en casa, evidenciando así con cielos más azules y aguas más claras, el daño que el humano ha causado al planeta; en ese contexto, varios millones de personas en el mundo no han utilizado sus automóviles por varias semanas, haciéndonos reflexionar sobre el costo de nuestro estilo insostenible de vida. Sin dudas el business del automóvil ya se prepara para ese nuevo escenario. 

Ni lerdos ni perezosos

“Como en tiempos de guerra: tres gigantes automotrices se ofrecen para fabricar respiradores” era el titular de Infobae y que alguién compartía en twitter; no dude en hacer clic para saber que se traían entre manos. 

Desde la participación de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, la manufactura automotriz ha intentado mostrarse como un soporte clave en los principales conflictos de la historia. Luego de Pearl Harbor se lanzaron a construir equipamiento, armas, municiones y vehículos militares de todo tipo. No solo vieron un nuevo negocio, sino una forma de impactar su imagen positivamente en el mercado al invertir millones en publicidades patrióticas ilustrando lo que Ford, Chrysler, Fisher, Pontiac y General Motors hacían para que Estados Unidos permanezca “Libre” y mantener a sus soldados disparando bajo el slogan “Let´s keep’em firing”.

Ya en 2020, las grandes marcas de automóviles pasaron por alto las 1.300.000 muertes por año causadas por siniestros viales y se apresuraron en mostrar toda su “solidaridad” hacia las potenciales víctimas del covid-19 fabricando ahora, respiradores. En los portales donde se anuncian estas noticias, podemos leer un discurso que las describe como una salvación que nos acerca a un insumo médico indispensable en estos tiempos. Casi sin poder imaginarlo, autos y barbijos ilustran la web. Una vez más, encontraron un nuevo nicho.

¿La tortuga vs la liebre?

Desde el activismo de la bicicleta, muchas veces sentimos que somos esa tortuga del cuento que al escuchar a la liebre burlona le parece casi una utopía llegar a lo alto de la colina. La realidad es que la pandemia vino a trastocar los centros de poder. El poder lo sabe y no creo que se tire a dormir una siesta como la liebre; pero sí,  es una oportunidad para llegar al corazón de miles de personas, apelar a esa sensibilidad que todes tenemos, plantar una semilla con la esperanza de que algún día germine. 

Vecinos y Vecinas de todas las ciudades nos saludamos de balcón a balcón, festejamos cumpleaños, nos ofrecemos a hacer las compras a una señora mayor, somos amables. Cuando esto termine ojalá el espacio público también nos encuentre con esa amorosidad para con le otre. Es una expresión de deseo ya que no tengo demasiadas certezas, solo de algo estoy segura, las tortugas vamos a esperar en la calle con lo que nos ha caracterizado siempre: la resistencia.

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Somos a resistência

Por Jimena Pérez Marchetta, prefeita da bicicleta de Salta, Argentina.

A indústria automotiva soube se camuflar muito bem ao longo da história entre brinquedos, armas e respiradores. Hoje, parte da humanidade está repensando como continuar após esta pandemia. A indústria automobilística fabrica um suprimento médico precioso enquanto aguarda a oportunidade de colocar milhões de novas unidades na rua. Os movimentos sociais ciclistas se reagrupam para refletir sobre novas oportunidades. A corrida começou.

Motorização

Quando meu filho tinha 4 anos, passamos por uma gôndola de supermercado quando, de repente, ele apontou para um enorme carro vermelho brilhante. No rosto dele, vi a expressão do desejo. Naquele momento, meu coração quebrou em pedacinhos como o do Ralph na cena dos Simpsons, quando Lisa o recusa.

É que sendo uma mãe biciativista, como lidaria com a idéia de ter uma casa cheia de carros? Mais tarde entendi que, por mais que me esforçasse em comprar brinquedos diversos com foco em sustentabilidade e gênero,cedo ou tarde os carros chegariam à minha casa, graças ao excelente trabalho da publicidade automotiva. Trata-se de um bombardeio de estímulos com o fim de transformalos em futuros consumidores e, assim, chegam a canais infantis, espaços publicitários, playgrounds, alimentos como iogurtes e biscoitos, estampas em roupas, livros de histórias, etc.

“Nos últimos cento e trinta anos, mais de um bilhão de automóveis foram produzidos globalmente e pavimentaram cerca de trinta milhões de quilômetros de estradas para facilitar seus movimentos. Originalmente considerado um item de luxo para os mais ricos, o carro evoluiu até ser um objeto onipresente e quase obrigatório de nossa existência moderna “. É assim que Karen Robert descreve o automobilismo no livro “Términos clave para los estudios de movilidad de América Latina”.

A indústria automobilística evoluiu ao longo dos anos para se adaptar a todas as idades e crises. Hoje, a pandemia de covid-19 não é exceção. Em um mundo em que o “movimento Greta” se fortalece e com um vírus que nos obriga a ficar em casa, evidenciando, com céus mais azuis e águas mais claras, os danos que os humanos causaram ao planeta; nesse contexto, milhões de pessoas no mundo não estão usando seus carros há várias semanas, fazendo-nos refletir sobre o custo de nosso estilo de vida insustentável. Sem dúvida, o business do automóvel já se prepara para esse novo cenário. 

Nem lerdos nem preguiçosos

“Como em tempos de guerra: três gigantes automotivos se oferecem para fazer respiradores” era a manchete do Infobae que alguém compartilhou no twitter; não duvidei em clicar para descobrir o que tramavam. 

Desde a participação dos EUA na Segunda Guerra Mundial, a manufatura automobilística tenta se mostrar como um apoio fundamental nos grandes conflitos da história. Depois de Pearl Harbor, se lançaram a construir equipamentos, armas, munições e veículos militares de todos os tipos. Eles viram não apenas um novo negócio, mas uma maneira de impactar positivamente sua imagem no mercado, investindo milhões em propagandas patrióticas ilustrando o que Ford, Chrysler, Fisher, Pontiac e General Motors estavam fazendo para manter os Estados Unidos “livres” e manter seus soldados atirando sob o slogan “Let’s keep’em firing”.

Em 2020, as grandes marcas de automóveis ignoravam as 1.300.000 mortes por ano causadas por acidentes de viação e rapidamente mostraram toda a sua “solidariedade” para com as possíveis vítimas do covid-19 fabricando, esta vez, respiradores. Nos portais em que essas notícias são anunciadas, encontramos um discurso que as descreve como uma salvação que nos aproxima de um suprimento médico indispensável nesses tempos. Quase sem imaginá-lo, carros e máscaras cirurgicas ilustram a web. Mais uma vez, encontraram um novo nicho.

A tartaruga vs a lebre?

Desde o ativismo da bicicleta, muitas vezes sentimos que somos a tartaruga da história que, ao ouvir a lebre caçoando, parece quase uma utopia chegar ao topo da colina. A realidade é que a pandemia chegou para perturbar os centros de poder. O poder sabe disso e duvido que ele tire uma soneca como a lebre; ainda assim, é uma oportunidade de alcançar o coração de milhares de pessoas, apelar para a sensibilidade que todes temos, plantar uma semente com a esperança de que um dia ela germine. 

Vizinhos e vizinhas de todas as cidades se cumprimentam de sacada a sacada, celebramos aniversários, oferecemos fazer compras para uma senhora idosa, somos gentis. Quando isso acabar, tomara que o espaço público também nos encontre com essa amabilidade pelo outre. É uma expressão de desejo, já que não tenho muitas certezas, exceto esta: as tartarugas vamos esperar na rua com o que sempre nos caracterizou: a resistência.

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